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miércoles, 25 de agosto de 2021

A cuatro meses del trágico accidente de la Línea 12 del Metro ¿En dónde están los culpables?

 

A cuatro meses del trágico accidente de la Línea 12 del Metro

¿En dónde están los culpables?

 

Luis Enrique Barrios Cortés

22 de agosto de 2021

El trágico accidente del lunes 3 de mayo pasado en la línea 12 del Metro de la Ciudad de México, mismo que dejó un saldo de 26 víctimas mortales y 70 heridos, exige una especial concentración por parte de los gobiernos de Claudia Sheinbaum y del mismo López Obrador para dar con los responsables, estén donde estén y sin importar poder económico ni filiación política, e impedir a toda costa su impunidad. Pero al mismo tiempo se trata de hechos de sangre que demandan de nosotros los trabajadores, mismos que en este tipo de tragedias somos los que ponemos los muertos, un análisis de fondo que nos permita ofrecer una alternativa política ligada a nuestros intereses de clase que además de demandar justicia plena para las víctimas, aseguren que nunca más se repitan escenas como las vividas hace unos meses en el Metro de la CDMX, pero que además nos garantice una red de transporte público en condiciones óptimas y dignas.

¡Primero la clase trabajadora!

La clase trabajadora es la única fuerza social capaz de generar riqueza económica. Somos los trabajadores lo que fabricamos todos y cada uno de los productos que se encuentran en el mercado. Sin nuestra contribución simplemente se paraliza la sociedad y no hay país alguno que escape a esa lógica. Sin embargo, a pesar de ser nuestra clase social la fuente de toda riqueza, se nos trata como animales y se nos obliga a vivir hacinados en colonias carentes de servicios, con salarios de hambre, además de someternos  a extensas y extenuantes jornadas de trabajo.

Y por si faltara, también se nos impone una movilidad de casa-trabajo-casa en sistemas de trasporte público que en la mayoría de las veces son insuficientes, incomodos, insalubres, lentos, además de peligrosos e inseguros.

Una agravante más a propósito del transporte público en México es el de que a pesar de ser especialmente precario, el gasto para su uso significa un elevado costo económico para las familias trabajadoras, representado en cifras de 2018 el 19% de sus ingresos, lo que equivale a un promedio de mil 815 pesos mensuales de acuerdo con el Índice de Movilidad Urbana 2018, elaborado por el Instinto Mexicano para la Competitividad (IMCO). De acuerdo a dicho informe nuestro país es en el que las familias trabajadoras gastan más dinero en trasporte público que en cualquier otro del G20.

Y el alto costo de emplear nuestro trasporte público no se limita a lo caro que es y por el contrario supera por mucho las simples incomodidades que tenemos que padecer todos los días en el Metro, en los microbuses, las combis, los chimecos, etcétera: el costo de ello también se paga con la pérdida de la salud e incluso de la vida misma, de ello hablan las propias cifras oficiales del IMSS en 2019, según las cuales en ese año los trabajadores de todo México sufrimos 399 mil 809 accidentes en nuestro diferentes centro de trabajo, mismos a los que se les sumaron otros 141 mil 730 accidentes en el trayecto diario de casa-trabajo-casa. Ese mismo año, 906 obreros mexicanos murieron en su puesto de trabajo o en el trayecto de su casa a la fábrica y viceversa.

Partiendo de los datos que ofrece el IMSS, ello quiere decir que todos los días un promedio de 388 trabajadores sufren un accidente en su traslado casa-trabajo-casa. Naturalmente la inmensa mayoría de ellos en el transporte público.

Por consecuencia el triste accidente en la línea 12 del Metro no es un hecho aislado sino resultado de un contexto en el que el transporte público, mismo que moviliza diariamente a 72 de cada cien personas en todo México, se ha trasformado en una monumental trampa de enfermedad y muerte para la clase trabajadora, ejemplo de ello son el Estado de México y la Ciudad de México, entidades en las que se cometieron  4 mil 769 y 4 mil 395 robos a trasporte público respectivamente tan solo en el primer semestre de 2019. Dos años antes, en 2017, en el EDOMEX perecieron 247 personas por atropellamiento, choques de transito y asalto con violencia, todos ellos asociados al transporte público.

Y en lo que respecta al Metro de la CDMX, entre 2012 y 2018, es decir durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, se denunciaron 5 mil 916 robos al interior de sus instalaciones.

Siendo así, y ante la necesidad urgente de eliminar de una vez por todas el escenario de terror y muerte que vivimos los trabajadores en el trasporte público de todo México, no podemos tener una actitud rutinaria ante los hechos del lunes sangriento del 3 de mayo en la línea 12 del metro y sí, por el contrario, presentar una plataforma reivindicativa que atienda el fondo del problema de cara a los intereses de nuestra clase social. Por ello debemos exigir:

Justicia plena para las víctimas del accidente en la línea 12 del Metro

- Indemnizaciones necesarias y suficientes, gastos funerarios y médicos al 100% dependiendo el caso, subsidios para las familias que hayan perdido al responsable del sustento material de esta o para aquellas familias que lo requieran de forma temporal mientras el responsable del sustento familiar se recupera totalmente de las secuelas del accidente. Todo ello con cargo al erario público. En caso de incapacidad laboral de por vida producto del accidente, el Estado tendrá que asumir las responsabilidades familiares de por vida: salud, alimentación, vivienda, educación, etcétera.

- Becas desde enseñanza básica hasta la universidad para los huérfanos del accidente del metro.

- Destitución y responsabilidades legales para los altos mandos del sistema Metro que demostraron incapacidad e indolencia para obligar a realizar bien sus funciones a las empresas privadas contratadas para el mantenimiento y monitoreo de las instalaciones de la línea 12.

- Cárcel para los responsables del accidente por indolencia o por complicidad en actos de corrupción, ya sean entre autoridades del Metro de la CDMX, del propio GOBCDMX y entre los altos mandos y propietarios de las empresas privadas contratadas para la construcción de la línea 12 del Metro y para su mantenimiento periódico.

- Responsabilidades legales contra el Grupo Carso del magnate Carlos Slim, contra Ingenieros Civiles Asociados (ICA), y Alstom, de capital francés, todas ellas empresas que participaron en la construcción de la línea 12 entre 2008 y 2012, así como su expropiación bajo control obrero.

- Nacionalización de dichas empresas, así como la confiscación de los bienes patrimoniales de los propietarios y altos funcionarios de las mismas, además de sanciones económicas equivalente a la reparación de daños sufridos por la línea 12 y las necesidades que derivan de la atención a las familias de los fallecidos y de los heridos.

- Aplicación de todas las medidas anteriores para las empresas encargadas de las obras de rehabilitación de la línea 12 dadas los severos defectos en su construcción, mismas que se realizaron en 2012, 2013, 2014, 2015, 2016-2017  y finalmente en 2017 tras el cismo de septiembre de ese mismo año.

- Investigación a fondo: Es evidente que la construcción y rehabilitación de la línea 12 del Metro ha estado plagada de irregularidades y corruptelas que involucran a las empresas constructoras y de servicios arquitectónicos e ingenieriles para su mantenimiento y rehabilitación mismas que se remontan a las administraciones de Marcelo Ebrar (2006-2012) y a la de Miguel Ángel Mancera (2012-2018), por ello ambas administraciones deben ser investigados en detalle para identificar qué tan profundas son y a quiénes involucran las raíces de todas las corruptelas que derivaron en el trágico accidente del pasado 3 de mayo, para ser castigados con cárcel.

Impuestos para los más ricos.  

Es cierto que el triunfo electoral de Morena y AMLO en 2018 representó un importante paso al fermente en la lucha de las masas oprimidas contra la derecha representada por el PRIAN y sus partidos esbirros, mismos a los cuales se unió de forma entusiasta desde hace unos años el PRD. Además las políticas sociales de los gobiernos de AMLO y Claudia Sheinbaum ponen muy por encima a dichas administraciones en relación a cualquier experiencia de gobierno del PRI o del PAN de las últimas décadas.

La 4T representa una fisura en la política antiobrera de la derecha y la patronal, siendo un ejemplo de ello los incrementos al salario mínimo impulsada por AMLO, mismos que han significado un freno, parcial y aún limitado, a la política de choque salarial aplicada desde el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) hasta al de Peña Nieto (2012-2018). Si bien es innegable esa realidad, por otro lado es necesario admitir que en otros rubros la 4T no ha roto con el pasado siendo ejemplo de ello, entre otros casos, su política presupuestaria para el Metro de la CDMX, pues a pesar de que tanto AMLO como Claudia Sheinbaum lo niegan, dicho sistema de transporte recibió menos recursos presupuestarios en los últimos años. Se trata de una tendencia que se agudizó en el gobierno de Mancera (2012-2018), pero con la cual no se ha roto bajo la actual administración. Por ejemplo, en 2019 y 2020 el presupuesto del GOBCDMX  para el Metro fue en cada uno de esos años menor en unos 2 mil millones de pesos al presupuesto de 2018.

Además la participación del Gobierno de AMLO durante esos mismos años en los ingresos del Metro mantuvo el mismo comportamiento que el de sus antecesores del PRI y del PAN al frente del Gobierno Federal: El Metro tiene tres fuentes de ingresos, el que deriva de la venta del boletaje, el proveniente de la partida presupuestal del GOBCDMX y el asignado directamente por el gobierno federal. Los dos primeros rubros a partes relativamente similares cubren en promedio el 98.5% de los gastos anuales de operación del Metro, mientras que las participaciones del gobierno federal se limitan a menos de un pírrico 1.5%. En este punto AMLO ha aplicado la misma política presupuestaria de sus antecesores del PRI y del PAN.

Es del todo incuestionable el hecho de que tanto AMLO como Claudia Sheinbaum heredaron finanzas públicas altamente endeudadas, además de arruinadas por la vorágine de corrupción y malos manejos de sus respectivos antecesores, Peña Nieto y Miguel ángel Mancera; tampoco es un hecho insoslayable el que la atención a la crisis de la pandemia provocada por el Coronavirus haya absorbido gigantescos recursos del gobierno federal y del de la CDMX. Sin embargo, si es eso así y por consecuencia se presenta como muy difícil cumplir con las obligaciones de los gobiernos de la 4T relacionadas con la dignificación del Metro, el camino no es el de los recortes presupuestales, ni el de la elevación de las tarifas por viaje, sino el de obtener los recursos necesarios de ahí donde se tienen y de donde resulta del todo legitimo obtenerlo.

Es de reconocerse el hecho de que AMLO ha eliminado toda una serie de privilegios fiscales para los grandes empresarios y lo mismo que puede decir de la cancelación de toda una larga lista de excesos de los altos funcionarios con cargo al erario del Estado, ello entre otras acciones para sanear las finanzas públicas, permitiendo así recanalizar importantes cantidades de recursos a su política social. Sin embargo los recortes presupuestales al Metro, entre otros rubros a lo que se les ha aplicado medidas similares, por ejemplo en el caso de la cultura, demuestran que las medidas de la 4T para fortalecer los ingresos del Estado no han sido suficientes y que por consecuencia se deben tomar medidas para robustecer las finanzas públicas sin atentar contra los intereses de las familias trabajadoras.

Durante décadas los grupos empresariales más connotados en México lograron evadir el pago de miles de millones de pesos en impuestos, situación que les permitió acumular fortunas multimillonarias. Así, en ese contexto, por ejemplo, en 2018 mientras que los trabajadores pagaron en ISR 667 mil 934 millones de pesos, por otro lado, gracias a las torcidas leyes hacendarias de nuestro país, los nueve principales consorcios empresariales mexicanos, entre los que se incluye Telmex, Cemex, el Grupo México, lograron diferir, es decir evadir, el pago de 81 mil 800 millones de pesos en impuestos. Gracias a los privilegios fiscales a dichas empresas se les condonó el pago en impuestos de 413 mil 258 millones de pesos entre 2007 y 2018, durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto.

Para hacernos una idea de qué tan rentable ha sido esa política de privilegios fiscales largamente aplicada por los gobiernos del PRI y del PAN, basta señalar que tan sólo 13 multimillonarios de una lista que encabezan Carlos Slim, poseen a datos de 2021 una fortuna que en su conjunto suma los 136 mil millones de dólares, es decir una cantidad que equivale al 10.96% del Producto Interno Bruto (PIB) y que a la vez es similar a los ingreso de aproximadamente 60 millones de mexicanos.

Los empresarios de la mano del PRI y del PAN, además de beneficiarse con las privatizaciones, las políticas de contención salarial y eliminación de derechos laborales, estrujaron a las finanzas públicas para acumular sus obscenas fortunas, razón por la cual no sólo resulta del todo necesario, sino además legítimo, el impulsar una profunda reformar hacendaria por parte de AMLO y la 4T para eliminar toda clase de privilegios fiscales restantes y que aña vez también eleve significativamente el monto de impuestos que tendría que estar pagando el gran capital y así obtener los recursos necesarios para no sólo dignificar al Metro de la CDMX sino también para extender y fortalecer con creces el sistema público de salud, el de la educación en todos sus niveles, para generar más empleos, para la basificación con todos los derechos de ley de los empleados eventuales de la administración pública, etcétera.

El camino a la solución del problema del Metro no es el incremento de su tarifa, tal como en su momento lo hizo Mancera, ni la eliminación de los viajes gratuitos para adultos mayores, personas con capacidades diferentes y niños menores de 5 años de edad, de hecho ese mismo privilegio tendría que ser extendido para todos los estudiantes de todos los niveles educativos. La solución es obligar a los más ricos del país a pagar más impuesto de ma|nera significativamente superior a los que reportan en la actualidad.

Contra la corrupción

La historia de la línea 12 del metro está plagada de toda una serie de contradicciones sobre la cuales resulta difícil no pensar que en su construcción (2008 –2012) y operación hasta el día del accidente del pasado 3 de mayo, la corrupción ha sido el común denominador.

La obra que sería inaugurada por el entonces jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, en octubre de 2012, finalmente tendría un costo de 26 mil millones de pesos, cantidad muy por encima de los 17 mil 500 originalmente pactados con ICA, Carso y Alstom, empresas contratadas para la construcción de la línea 12 del Metro. Además, la entrega de la obra para su puesta en marcha sería con un retraso de 10 meses en función a los plazos definidos inicialmente.

Siendo sinceros, los casos de las grandes obras de infraestructura contratadas por el Estado y que terminan siendo entregadas con un significativo retraso a un costo final sustancialmente mayor al originalmente definido, han sido uno de los sellos que han caracterizado a los gobiernos del PRI y del PAN en sus diferentes niveles.

Incluso el nepotismo y los conflictos de interés también marcaron la construcción de la línea 12, siendo éste el caso de Enrique Horcasitas Manjarrez, quien fuera el funcionario del Gobierno del DF a cargo del Proyecto Metro, organismo desconcentrado de la Secretaría de Obras y Servicio Públicos del gobierno de Marcelo Ebrard (2006 – 2012). Casualmente dicho funcionario tendría un hermano, Luis Horcasitas Manjarrez, al interior del Comité Ejecutivo de ICA, una de las empresas contratadas para la construcción de la obra.

También es de destacarse el caso de Carlos Adolfo Altamirano y Piolle quien se desempeñó como gerente de Instalaciones Fijas del Sistema de Transporte Colectivo Metro y el de su hijo, Carlos Altamirano Elkisch quien laborara en la Secretaría de Obras y Servicios y también del Proyecto Metro, en ambos casos durante la admiración de Marcelo Ebrard. El padre, Carlos Adolfo Altamirano y Piolle establecería una relación de servicios profesionales entre 2010 y 2014 con la empresa alemana ILF Ingenieros Consultores, por los cuales recibiría una cantidad aproximada a los 4.5 millones de pesos. Cabe destacar que ILF Ingenieros Consultores fue una de las compañías que certificó la Línea 12.

En todo ese marco de irregularidades sería puesta en marcha la Línea 12, misma que formalmente se encontraba en condiciones adecuadas para dar servicio, sin embargo dos años después, en marzo 2014 tendría que ser suspendida su operación, está vez bajo la administración de Miguel Ángel Mancera (2012 -2020), por presentar graves fallas en su funcionamiento. Un año antes, en 2013 ya siendo Joel Ortega el titular del Metro, las obras de la línea 12 serían entregadas al gobierno de la Ciudad de México ya no de manera preliminar como se hizo al ser esta inaugurada por Marcelo Ebrard, sino de forma definitiva. Los criterios del gobierno de Macera para hacer dicha recepción fueron los de considerar regular el funcionamiento de la línea 12 a pesar de admitir que la construcción presentaba fallas mismas que, de acuerdo a esa administración perredista, no afectaban la calidad del servicio ni ponían en riesgo la seguridad de los pasajero.

Sin embargo al paso de unos meses se tendrían que suspender las operaciones entre la terminal Tláhuac y la estación Culhuacán, pues dicho tramo presentaba serías fallas estructurales que no sólo impedían su operación con calidad sino que además ponían en riesgo la seguridad de los usuarios, contradiciendo con ello los argumentos que motivaron a Mancera a aceptar la entrega definitiva de la línea 12.

El hecho es que la suspensión del tramo Tláhuac – Culhuacán para su reparación se extendió desde marzo de 2014 hasta finales de 2015, significando ello para las autoridades capitalinas un multimillonario gasto extra en reparaciones y otros servicios asociados con la suspensión de las operaciones que sumados a la renta de trenes, ascendió a los 41 mil 300 millones de pesos.

El tramo Tláhuac – Culhuacán otra vez sería cerrado al público para su reparación de nueva cuenta dadas las importantes fallas registradas tras el sismo de septiembre de 2017. La suspensión se extendería hasta octubre de ese mismo año. 

Pero el problema de la línea 12 no sólo fue su deficiente construcción, sino también los diferentes procesos de certificación por las que pasó esta y las posteriores obras de reparación de las fallas que motivaros sus cierres, así como aquellas que se hacían de forma permanente independientemente de dichos incidentes, para supuestamente asegurar la buena operación del viaducto elevado que va de la estación Atlalilco a la terminal Tláhuac.

Sin excepción las diferentes empresas certificadoras cerraron los ojos ante toda una serie de fallas estructurales de la línea 12, así como frente a preocupantes deficiencias en la construcción de esta. Un breve balance al respecto permite pensar sin temor alguno que en todo ello, la corrupción plagó también el proceso de certificación de dicha línea del metro capitalino. Por ejemplo, una de las empresas encargadas certificar las obras de construcción fue la alemana DB International GmbH la cual, al mismo tiempo que hacia su trabajo en la Ciudad de México, en su país de origen, Alemania, era investigada por la fiscalía por sobornos cometidos por sus directivos en Europa, Asía y África, es decir por cometer toda una serie de faltas judiciales muy similares a las Odebrecht.

No obstante la trayectoria de DB International GmbH, el gobierno de Marcelo Ebrard contrató a dicha empresa, a la cual le pagó 119 millones 312 mil pesos.

Por otra parte, ya durante la administración de Mancera, Systra, filial de Metro París, y empresa especializada en supervisión y detección de fallas, fue la encargada desde el cierre de la línea en 2014, de la elaboración de  Protocolo para la Continua Supervisión de las Instalaciones Fijas para la Operación de la Línea 12.

De acuerdo a la evaluación de Systra, el tramo elevado de dicha línea presentaba fallas en su construcción de la obra y en el funcionamiento de las vías pero las no representaban mayor problema, razón por la cual recomendó no tomar medidas a corto plazo pues ya que, de acuerdo a dicha consultora, la línea cumplía con los requerimientos  internacionales, sin dejar de advertir que necesitaba mantenimiento por las deficiencias observadas a lo largo de todo el viaducto elevado.

Siguiendo con el recuento, la alemana TÜV Rheinland sería contratada por Mancera para  inspeccionar entre 2014 y 2016 la rehabilitación hecha al tramo elevado con el objetivo de mitigar el riesgo de descarrilamiento.

Otro caso es el de la empresa francesa TCO, misma que desde 2016 se encargó de conservar las condiciones de operación de las instalaciones fijas de la línea, trabajo que realiza todas las noches, los 365 días del año.

Y más recientemente, a finales de 2019 ya durante la admiración de Claudia Sheinbaum, la empresa Ingeniería, Servicios y Sistemas Aplicados realizó un estudio del comportamiento estructural y geotécnico del Viaducto Elevado de la Línea 12. La conclusión de dicha empresa fue la de que la obra no presentaba comportamientos que representaron algún riesgo en la operación.

El hecho es que desde que se inició con su construcción en 2008 hasta 2019, bajo tres administraciones distintas, la línea 12 del metro ha estado sujeta a sistemáticas supervisiones de seguridad y certificaciones sobre las obras, así como de las reiteradas obras de manteniendo, y en todos los casos el veredicto final fue el de que a pesar de las diversas fallas de las instalaciones, en ningún caso estas ponían en riesgo la seguridad y la vida de quienes trabajan y se transportan en ella. Sin embargo el 3 de mayo pasado y las 26 víctimas mortales y 70 heridos tras el accidente de la línea 12 echaron por tierra todos esos dictámenes; pero no sólo eso, pues dicha la tragedia se trasformó en una dolorosa ratificación sobre el hecho de que la historia de la línea 12 del metro está plagada de irregularidad y corruptelas que ya costaron vidas humanas.

¿Qué pasó entonces? ¿Quiénes son los responsables? Esas y otras preguntas, además de llevar ante la justicia a los verdaderos culpables de todo ello y no a chivos expiatorios, para hacerlos pagar sus culpas, tienen que ser respondidas abiertamente y sin lugar a duda por las tres administraciones del Gobierno de la Ciudad de México involucradas en la historia de la Linea 12, en especial por sus respectivo titulares: Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Macera y Claudia Sheinbaum, respectivamente. De no hacerlo, de entregar respuestas a medias y sin medidas de fondo sobre el entramado de corrupción, inevitablemente parte de la responsabilidad política y culpabilidad sobre aquel trágico accidente, también recaerá sobre ellos tres.

Hoy, a casi 4 meses del fatal accidente de la línea 12 siguen impunes los responsables. De entonces a la fecha el único resultados ha sido la renuncia de  Florencia Serranía a la Dirección General del Sistema de Transporte Colectivo Metro, pero sigue sin siquiera mencionarse los nombres de los altos cargo y dueños de las empresas que construyeron la línea 12 ni de los de aquellas que supuestamente le dieron mantenimiento a sus instalaciones, pero tampoco el de las firmas que certificaron todas esas obras y que al unísono concedieron cada una por su parte en la tesis de que las fallas que tenía el tramo aéreo de dicha línea del metro no significan peligro alguno para los usuarios.

Pero sí, por el contrario, las indagatorias de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ya tienen como línea de investigación a un grupo de obreros de la construcción abocados a la tarea de soldar los pernos que se emplearon en el tramo que colapso, a su supervisor y al almacenista que los surtió de los pernos.

Como siempre, de seguir esos mismos derroteros las indagatorias de la justicia capitalina, muy probablemente veamos de nuevo, tal como ha sucedido en cientos de casos más en el pasado, el que se repita aquella historia en la que la burguesía hace pagar por sus crímenes a los trabajadores.  La 4T y el gobierno de Claudia Sheinbaum no sólo se deben oponer a que lo anterior suceda, sino que además están obligados a llevar ante la justicia a las cúpulas de todas las empresas involucradas, así como a todos aquellos funcionarios y exfuncionarios de gobierno de la CDMX involucrados en las corruptelas que derivaron en el trágico accidente del pasado 3 de mayo.

Democracia sindical

El charrismo sindical es otra loza que ha pesado sobre el Metro, misma sobre la cual resulta imposible hacer un alto al momento de valorar una salida a los serios problemas que padece dicha red de transporte. El Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo-Metro (SNTSTC) es una agrupación que aglomera a 14 mil de los poco más de 15 mil empleados del Metro de la CDMX.

Un hecho incuestionable es el de que los trabajadores sin organización sólo somos carne de explotación, de ahí la necesaria organización de sindicatos y toda clase de agrupaciones que nos permitan luchar por nuestros intereses en contraposición a los de los patrones, mismos que sólo persiguen maximizar sus ganancia a costa de la explotación y opresión de la clase trabajadora. Sin embargo la ausencia de una genuina democracia al interior de los sindicatos deriva en una dirección altamente burocratizada, lejana a los trabajadores de base e incluso corrupta y plagada de privilegios. Y cuando eso sucede es entonces cuando una dirigencia sindical usa su posición sólo para acumular poder y privilegios económicos usando al sindicato e incluso poniéndose al servicio de los patrones.

Ese ha sido el caso de la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo-Metro (SNTSTC) encabezada desde hace 43 años por Fernando Espino Arévalo.

Cinco veces diputado por el PRI entre 1991 y 2012, Espino Arévalo, para mantenerse en el poder, modificó burocráticamente los estatutos del sindicato, estableciendo con ello un rígido control sobre sus agremiados, pero además un desmedido poder que le ha permitido obstaculizar e incluso dinamitar cualquier iniciativa de mejora al Metro que no le beneficie o que atente contra sus privilegios. Este último fue el caso de Javier González Garza en 2001, quien siendo director del Metro pretendió impulsar medidas de fondo para reformar y trasparentar a dicho transporte público en su funcionamiento y en su administración, intento que sería frustrado por la presión política de los charros sindicales quienes amagaron con paralizar el servicio para obligar a desistir en dicho intento al gobierno capitalino en ese entonces encabezado por AMLO (2000-2006).

Acto seguido, en 2002, acusado de  despojo, daño patrimonial y ataque a las vías generales de comunicación,  el gobierno de la Ciudad de México promovería el desafuero del entonces diputado local por el PRI, Fernando Espino Arévalo, mismo que lograría el apoyo de su partido y el resto de fracciones parlamentarias de derecha para impedir que prosperara la iniciativa de la administración capitalina.

Del mismo modo, al amparo de sus conexiones políticas con el poder, Espino Arévalo saldría impune en 2015 de las acusaciones de malversación de fondos públicos, es decir de recursos del Metro, por una suma de 20 millones de pesos.

En el Metro no pasa nada sin el permiso de Fernando Espino Arévalo pues en él encarna un poderoso poder fáctico que ha arrodillado a directores del Sistema de Transporte Colectivo (STC) o que los descarrila y sabotea en caso de no lograr su subordinación, tal como sucedió con González Garza.

Es así que, sobre la base de la presión política, Espino Arévalo ha trasformado a la dirección del sindicato no sólo en una jugosa fuente de privilegios personales y de camarilla, sino además en una estupenda plataforma para hacer negocios al amparo del STC a través de varias empresas creadas por el líder sindical y que por años han sido y siguen siendo contratistas del Metro.

Y más recientemente, como parte de su estrategia para fortalecer su control político sobre el Metro y para tener una palanca más de presión política sobre el gobierno capitalino de Claudia Sheinbaum dada el descalabro electoral de 2018 sufrido por sus aliados del mancerismo en la CDMX, Espino Arévalo intentó en 2019 crear su propio partido político, “Un Árbol por México”, con recursos del sindicato y obligando a sus agremiados a acudir a sus asambleas distritales para lograr su registro. Para mala fortuna de Espino Arévalo, ese mismo año el Instituto Electoral de la Ciudad de México rechazaría el registro de su partido.

Además de antidemocrática y de ser fuente de riquezas personales a través de los recursos del sindicato, la dirección de Espino Arévalo al frente del SNTSTC también ha sido utilizada con fines nepotistas, tal como lo demuestra el hecho de que en la nómica del Metro se localizan a 15 de sus parientes entre ex esposas, hijos, hermanos, etcétera, muchos de ellos comisionados a funciones que sólo tienen que ver con las actividades del sindicato, que gozan de sueldos mensuales según datos de 2019, que van de los $42 mil 990 a los 16 mil 922 pesos.

Todo el recuento anterior demuestra que el corrupto poder de Espino Arévalo al frente del sindicato no puede ser un factor que deba ser ignorado al momento de valorar los diferentes factores que podrían explicar las contradicciones acumuladas en el Metro a lo largo de varios años, mismas que derivaron en el trágico accidente de la línea 12 del pasado 3 de mayo.

En la problemática del Metro se conjugan toda una serie de factores nocivos que se expresan a través de tres grandes rubros: Presupuesto insuficiente, corrupción en la administración del Metro y una dirección sindical charra que frena toda reforma de fondo al STC que afecte sus intereses y que ha trasformado a dicha forma de transporte masivo de la CDMX en un estupendo negocio.

Inevitablemente, no sólo para eliminar el freno para la dignificación del Metro que representan la dirección sindical de Espino Arévalo, sino también para recuperar al SNTSTC como una genuina herramienta de lucha por los derechos laborales, los trabajadores del STC requieren organizarse y dar una lucha a fondo para democratizar a su sindicato. Sin una dirección sindical verdaderamente democrática al frente del SNTSTC se ve muy lejana la posibilidad de reformas de fondo que dignifiquen el servicio que ofrece el Metro.

Control obrero

De acuerdo a la Estadística Mensual sobre el Transporte Urbano de Pasajeros (ETUP) del INEGI, tan sólo en junio de 2021 el Sistema de Transporte Colectivo Metro prestó servicio a 63.4 millones de usuarios. Es evidente que se trata de una inmensa masa de trabajadores los que usamos todos los días el Metro capitalino y que por su cantidad rebasamos en número a la población de la mayor parte de ciudades importantes del país. Dimensionando así las cosas es evidente que el Metro de la Ciudad de México significa toda una responsabilidad en la que para su administración y supervisión sobre su operatividad y la seguridad de los pasajeros no puede quedar simplemente en manos de la alta burocracia del gobierno de la CDMX. Los trabajadores, tanto los que en él laboran como los que lo usamos a diario como sistema de transporte debemos jugar un papel preponderante supervisando todos los aspectos que implican el servicio del Metro para un mejor funcionamiento de esté en el que la seguridad para el resguardo de la salud y de la vida sea una norma inviolable.

El trágico saldo del pasado 3 de mayo antecedido de una larga secuela de accidentes y fallas en el funcionamiento del Metro demuestran que las formas usadas por décadas para su administración no pueden asegurar un servicio de calidad, digno y seguro para sus millones de usuarios.

Es por ello que se tiene que formar comités en los que además de las autoridades del Metro, participen los trabajadores, mismos que a la vez tendrán que purgar a su sindicato expulsando a los líderes charros, y los propios usuarios de dicho sistema de transporte, todos ellos electos democráticamente. Dichos comités se deberán formar en cada línea y en cada estación, actuando de manera coordinada a través de asambleas de comités en las que se definan políticas y planes para el correcto funcionamiento del metro, se supervise el correcto empleo del presupuesto, mismo que tiene que ser incrementado significativamente tanto por el gobierno de la CDMX y el Federal, asegurando que las empresas contratadas para diferentes obras cumplan al 100% en estándares de calidad en los plazos acordados y sin sobrecostos, etcétera.

Sólo con la participación directa en la dirección de Metro por parte de la clase trabajadora se podrá poner fin a décadas de corrupción, ineficiencia e inseguridad que plagan la vida diaria de dicho sistema de transporte de la Ciudad de México.

¡Justicia ya!

Solón de Atenas (638 ane-558 dne) decía que “Las leyes son semejantes a las telas de araña; detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso”.

A cuatro meses del trágico 3 de mayo en el Metro capitalino los responsables siguen impunes y la experiencia del decadente sistema de justicia de nuestro país, demuestra que son muchos los casos en los que no se aplica verdadera justicia cada que se trata de los crímenes de los empresarios; pero también, por el contrario, esa misma experiencia enseña que cada que es necesario culpar a alguien para ocultar las culpas de los poderosos, la justicia se lanza con todo contra los más débiles para transformarlos en chivos expiatorios, tal como se pretende hacer en este caso con los obreros y empleados de la construcción que ya están en la mira de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México como eventuales responsables de la tragedia.

Esa ha sido la lógica sistemática y crónica del sistema judicial nacional cada que se trata de los crimines de la burguesía. AMLO y Claudia Sheinbaum no se pueden prestar para ese pernicioso juego, tal como fue por décadas durante los gobiernos del PRI y del PAN.

Los culpables por la tragedia de la línea 12 del metro deben ser llevados ante la justicia estén donde estén y sin importar que sea entre las cúpulas industriales o entre altos funcionarios y ex funcionarios de las últimas tres administraciones del gobierno de la CDMX.

#SendBarron y la Furia Épica

  #SendBarron y la Furia Épica : La guerra: Beneficios para los capitalistas a cambio del sacrificio de la juventud trabajadora.     “…...