#SendBarron y la Furia Épica:
La
guerra: Beneficios para los capitalistas a cambio del sacrificio de la juventud
trabajadora.
“…conocemos a nuestros enemigos: no son los
jóvenes alemanes, sino quienes nos explotan en casa. La tarea de la juventud
alemana es ajustar cuentas con la clase dominante. Nuestra labor en casa es
derrocar el sistema capitalista y establecer el poder obrero en Gran Bretaña”.
(Ted Grant, 1940: “Nuestra
guerra es la guerra de clases”)
Decadente y en el
marco de un capitalismo mundial declinante, el imperialismo yanqui se lanza a una
nueva aventura bélica pretendiendo la recuperar el control absoluto sobre Oriente
Medio, parcialmente perdido ante una mayor influencia en la región tanto de
Rusia como de China, nación esta última que incluso amenaza con desplazarle como
principal potencia económica.
La lucha por el mercado mundial.
Para el capitalismo
yanqui, en momentos en el que ya da serias muestras de agotamiento (entre 1950
y 2025 su industria pasó de representar el 60% del PIB mundial a ocupar apenas
el 15%) y ante lo que se prevé como una futura crisis energética, (con 20
millones de barriles diarios EEUU es el principal productor mundial de
petróleo, sin embargo, sus reservas probadas representan un abasto seguro de
ente apenas 6 y 10 años), resulta clave apuntalar su posición de dominio sobre
Oriente Medio, a la vez de fortalecer a su principal punto de apoyo en la región,
Israel, dada la enrome impopularidad de la corruptas monarquías árabes,
frágiles ante el descontento popular.
Es la lucha por el
mercado mundial y por las materias primas lo que mueve la sangrienta agenda del
imperialismo y del sionismo contra Oriente Medio y ninguna otra razón
humanitaria o mesiánica espuriamente argumentada por Trump y Netanyahu tratando
de justificar su sangrienta ofensiva en curso contra los pueblos de Irán y
Líbano.
El sangriento saldo
de la operación “Furia épica” iniciada por los EEUU, e Irán el pasado 28 de
febrero ya supera los 3 mil muertos en Irán (entre ellas las de aproximadamente
200 niñas tras el bombardeo de su escuela) y los 2 mil en Líbano. Y si bien el
pueblo palestino no es un objetivo formal de “Furia épica”, ello no impide que
todos los días se registren masacres a cargo del ejército sionista de Israel en
la Franja de Gaza y en Cisjordania,
Resistencia iraní.
A pesar del revés de
la “Guerra de 12 días” (en los hechos una derrota parcial y temporal para el
imperialismo yanqui e Israel), Trump pensó que un salvaje bombardeo de apenas
unos días rápidamente pondría de rodillas al Estado Islámico. Sin embargo, los
cálculos fallaron y ahora, mes y medio de “Furia épica”, el imperialismo yanqui
no sólo atestigua en tiempo real la forma en que Israel es sometido al peor castigo
de toda su historia, sino que además ha tenido que ver la manera en que buena
parte de sus bases y logística militar en la región es destruida, todo ello
significando el enrome riesgo de que el conflicto militar termine por
extenderse a todo Oriente Medio, poniendo en peligro la estabilidad de las
monarquías árabes. Todo ello al mismo tiempo que, tras el bloqueo del Estrecho
de Ormuz por Irán, la economía mundial está experimentado peligrosas sacudidas
a consecuencia de la escalada de los precios del petróleo, el cual ya ha tocado
picos superiores a los 120 dólares por barril.
Así, tras seis
semanas de combates y ante el estrepitoso fracaso de las negociaciones de paz
en Pakistán (derivando ello el bloqueo naval del Golfo Pérsico por los EEUU) el
conflicto amenaza con forzar el empleo de tropas terrestres sobre Irán, lo cual
derivaría en un baño de sangre significativamente superior al visto hasta el
momento.
Ya antes de las
frustradas negociaciones en Pakistán, Trump ya había reforzado con entre 3 mil
y 4 mil miembros de la 82ª División Aerotransportada a los ya casi 50 mil
soldados desplegados en sus diferentes bases militares en Medio oriente.
#SendBarron.
Hasta el momento,
oficialmente los EEUU admite sólo 13 soldados muertos de entre sus fuerzas,
aunque Irán habla de entre 300 y 500 bajas mortales del ejercito yanqui. Sin
embargo, no es de nada descartable que Trump esté maquillando el número de
bajas dado el enorme costo político que ello pudiera tener para su ya de por sí
desacreditada administración.
Si bien no es posible
definir de antemano cuántas bajas, entre muertos y heridos, podría significar
para los EEUU una incursión terrestre sobre Irán, lo cierto es que no resulta
difícil señalar que el saldo será tan sangriento que no podrá ser ocultado por
el Pentágono. Un parámetro para hacernos de una idea de lo que podría pasar es
el caso de Irak, país significativamente más débil que Irán, mismo que le
exigió a los EEUU casi una década de guerra (2003-2011) junto con la vida de 4
mil 500 de sus soldados, además de30 mil heridos.
Ante una eventual
sangría, renacen en la memoria histórica de la clase trabajadora de todo el
mundo, en especial en un EEUU, fundando temores sobre el más que amargo costo de
las guerras sobre la juventud trabajadora, pues la historia le ha dado duras
lecciones a este respecto: En la I Guerra Mundial (1914-1918) aproximadamente 116
mil soldados de los EEUU, perderían la vida (prácticamente todas ellas en un
año dado que EEUU entró al conflicto en 1917), y en la segunda guerra
(1939-1945) esa cantidad superó las 416 mil vidas perdidas en combate.
Sin embargo, de
acuerdo con datos provenientes de los archivos del Servicio de Investigación
del Congreso de los Estados Unidos (Congressional Research Service - CRS), el
belicismo yanqui se intensificó desde 1945 a la fecha, lapso en el que dicha
nación ha iniciado o intervenido en más de 200 guerras o acciones militares de
diferente escala. Y, en lo que a soldados muertos corresponde durante todos
esos años, considerando sólo los conflictos más trascendentes (Corea, de 1950
al 53; Vietnam, de 1961 al 75; la Guerra del Golfo, de 1990 al 91; Irak, de
2003 al 11; y Afganistán, de 2000 al 21), la cifra escala hasta las entre 100
mil y 110 mil vidas perdidas de soldados yanquis.
En todos esos casos,
al igual que lo fue en la primera y la segunda guerra mundial, casi la
totalidad de las tropas yanquis en guerra ha sido integrada por jóvenes en edades
que entre 18 y 26 años de edad, de familias pobres o con ingresos que las
sitúan en el rango más bajos de la llamada clase media.
Así, y ante la
posibilidad de que la criminal guerra contra Irán exija el sacrificio masivo de
soldados de EEUU, la preocupación de la clase trabajadora y de la juventud de
dicho país ya se hizo patente por medio de la más que nutrida movilización
contra Trump del pasado 28 de marzo, considerada la más masiva en la historia
del capitalismo yanqui. Además, el repudio contra la guerra se ha hecho patente
por medio de una campaña que se transformó en tendencia en redes social, #SendBarron,
en la que se demanda, ante las ambiciones imperialistas sobre Oriente Medio, que
en todo caso se mande al frente de combate a los hijos de la clase dominante,
empezando por Barron Trump.
En lo que corresponde
a la juventud de las familias ricas, los datos demuestran una participación
marginal en las diferentes guerras de EEUU (entre 2 y 5%) además, de que, en
todo caso, esta ha sido en cargos que no ponen en peligro sus vidas y que los
mantienen al margen del campo de batalla.
Ello, gracias a los
privilegios de clase con lo que cuentan: influencias en las altas esferas del
Estado, estudios universitarios que justifica su ubicación en responsabilidades
de poco o escaso riesgo o de plano evadir el reclutamiento obligado (cuando lo
existía) pagando caros sobornos y costosas triquiñuelas, tal como fue el caso
de propio Donald Trump quien evadió el reclutamiento para ir a la guerra de
Vietnam, primero logrando cuatro “aplazamientos estudiantiles” mientras cursaba
estudios universitarios y, después, ya graduado, logrando la exención
definitiva al obtener un certificado médico que lo declaraba no apto
físicamente para el servicio militar.
El negocio de la guerra.
Para el imperialismo la
guerra significa una poderosa palanca para obtener materias primas baratas y un
mayor dominio en el mercado mundial, pero además representa una oportunidad
para hacer negocios.
La guerra con España
de 1898 le permitiría a los EEUU pasar de ser una nación continental a una con
posesiones coloniales en ultramar (Filipinas, Cuba, Puerto Rico, etcétera),
para después, tras la primera y la segunda guerra mundial, trasformase y
consolidarse en la principal potencia imperialista de la historia del
capitalismo.
Sin embargo, los
réditos del belicismo yanqui no se quedaron ahí ya que se extendieron a su
rentable industria militar, misma que vio crecer sus utilidades entre el 100 y
120% en los años que fueron de 1915 a 1918, para después logrando un porcentaje
similar entre 1940 y 1944. Y en los casos de Corea y Vietnam las ganancias se
aproximaron al 80 y 50%.
Y en el caso de los
años recientes, el crecimiento total del complejo militar-industrial de EE. UU.
de 2022 y 2025 se estima entre los 35 mil a los 45 mil millones de dólares.
Además, la actual administración de Trump se ha fijado como meta para 2027 aumentar
el gasto público en defensa en un 50%, lo cual, de lograrse, sumaría 1.5
billones de dólares, representando ello una cifra récord en la historia del militarismo
yanqui.
“Horror
sin fin…”
Lenin, el gran
revolucionario ruso, caracterizó al capitalismo como “horror sin fin”, es
decir, una sociedad que sólo le puede ofrecer hambre, miseria, explotación y
guerras al ser humano.
La historia del capitalismo
es, además, la historia del casi permanente estado de guerra. Si bien a lo
largo de este texto hemos ilustrado el caso de los EEUU en el siglo XX, otro
ejemplo que apoya la anterior aseveración es el del Imperialismo Británico un
siglo antes, periodo en el que se estima que este último participó en
aproximadamente 120 guerras coloniales.
Siguiendo con el
recuento de sangre, de acuerdo con el portal del Imperial War Museums , “se estima que 187 millones de personas
murieron a causa de la guerra desde 1900 hasta la actualidad”.
Y en lo que
corresponde al periodo actual, de acuerdo con el Institute for Economics and
Peace en su Índice de Paz Global, en
2023 se mantenían 56 guerras activas en todo el mundo, generando ello “162.000
decesos, la segunda cifra más alta de los últimos 30 años”.
Decadencia capitalista y guerra.
La decadencia del
imperialismo yanqui no es más que la expresión de la propia decadencia del
capitalismo mundial: mientras que entre 1948 y 1971 la producción mundial creció
un promedio anual del 5.6%. Y ahora, tras cerrarse ese periodo en el marco del
boicot petrolero de la OPEP, ese mismo índice de crecimiento se ha mantenido
largamente por debajo de la mitad respecto al pasado, ubicándose en un promedio
anual de entre el 1.6% y el 2.4% en lo que va de 1973 a 2024.
Y a mediano plazo, no
existen visos de que las cosas mejoren. Incluso el propio FMI, evaluando las
perspectivas economías para los próximos años, ya hablan de la “nueva
mediocridad”, término acuñado por dicho organismo para describir un periodo
prolongado de bajo crecimiento económico mundial, alta deuda y productividad
estancada.
Todo ese panorama es
el que estimula las tensiones entre las grandes potencias económicas en la
disputa del mercado mundial, mismas que, al llegar a un punto crítico, hacen
necesario para los bandos en disputa el uso de las armas para luchar por sus objetivos
ya sea de manera directa o a través de otras naciones, e incluso por medio de
bandas armadas de criminales para despojar de sus tierras y recursos naturales a
los pueblos originarios, tal como sucede en África, por ejemplo.
De acuerdo con el
informe de la ONU, “Las mujeres y la paz y la seguridad” actualmente existen
170 conflictos armados en todo el mundo, siendo este el registro más alto desde
la segunda guerra mundial. Llama la atención que dicha conflictividad alcanzó
esa cifra tras el incremento que experimento del 54% de 2010 a la fecha, es
decir, después del colapso financiero mundial del 2008.
El panorama es
francamente desolador para la humanidad bajo el capitalismo, el cual, dadas
esas condiciones, objetivamente está imposibilitado para ofrecer paz y
estabilidad duradera, junto con desarrollo y bienestar, al conjunto de la
humanidad, sino todo lo contrario.
“Nuestra
guerra es la guerra de clases”
La guerra en Irán no
es un hecho aislado y está lejos de ser un fenómeno que se explique por la simple
soberbia extrema de Trump. Más bien, se trata de la expresión de un ambiente
general largamente incubado por las contradicciones del capitalismo a escala
mundial y del cual brotan conflictos como el de Nagorno Karabaj (2020-2023),
que enfrentaría a Azerbaiyán y Armenia; el del Dómbas entre Rusia y Ucrania, en
curso desde 2022; la criminal ofensiva de Israel contra Gaza iniciada en
octubre de 202, o la guerra entre Pakistán y Afganistán, en curso también, por
citar algunos ejemplos.
Lamentablemente para
la humanidad, las contradicciones que generaron dicho contexto, lejos de solucionarse,
encierra condiciones para recrudecerse y prolongarse en el tiempo.
De ahí que, en el
caso concreto de Irán, cualquier acuerdo de cese de las hostigados por el medio
que sea, tendrá un efecto temporal, tal como se demostró tras la finalización de
la “Guerra de los 12 días” de junio del 2025. En los hechos, el imperialismo ha
trasformado a Medio Oriente en un barril de pólvora que provocará, más temprano
que tarde, nuevas tensiones y estallidos militares en la región.
La guerra es un
negocio que sólo beneficia al gran capital, en la cual la clase trabajadora sólo
pone los muertos y los más ricos reciben las ganancias. Bajo el capitalismo es
imposible que la historia sea diferente.
Por tanto, el camino
de la clase trabajadora de todo el mundo no es el de atarnos a los intereses
mezquinos de las respectivas burguesías nacionales, ni a su hipócrita
patrioterismo. Los trabajadores de otras naciones no son nuestros enemigos y
sí, por el contrario, son nuestros hermanos de clase. Somos los que generamos
la riqueza social en todo el mundo, y por igual, somos a quienes los
capitalistas en cada país nos arrebatan el producto de nutro trabajo para
enriquecerse.
Por consecuencia, el
enemigo en común son la burguesía y el capitalismo. Nuestra guerra no es la
guerra entre naciones, es la guerra entre clase sociales. Y la huelga, la
movilización masiva en las calles y la organización en partidos y sindicato de
clase, así como un programa internacionalista contra el capitalismo, son
nuestras armas más poderosas.
Por ejemplo, por eso
luchamos por una federación socialista para Oriente Medio como única salida a
la violenta crisis que por décadas se vive en la región. Es tarea de la clase
obrera de la región, incluida la de Israel, derrocar a las corruptas monarquías
árabes, derrotar al reaccionario régimen de los ayatolas y acabar con el cáncer
del sionismo. Todo ello con el apoyo solidario y objetivo de los trabajadores
de todo el mundo.
Pero también, por
hablar de otro ejemplo, es tarea de la poderosa clase trabajadora de los EEUU
poner un freno definitivo a la voracidad del imperialismo yanqui, tomando las
riendas de la aún economía más importante del planeta bajo la dirección de una
democracia obrera.
Como lo demuestra la
historia de los dos últimos siglos y medio, bajo el capitalismo no puede
existir una paz verdadera, entendida esta como la inexistencia de conflictos
armados y el desarrollo pleno de la humanidad en su más amplio sentido.











