Articulo originalmente publicado en agosto de 2019, pocos días después de la masacre en el Walmart del Paso, Texas, misma que arrebataría la vida a 22 personas de origen mexicano. El hecho ocurriría en el contexto de la primera administración de Donald Trump (2017 – 2021) y en él se explica el transfundo económico de la política racista y antinmigrante de la política del hoy nuevamente mandatario de los EEUU (2025 – 2029), además de señalar a dicho atentado como una secuela del gobierno republicano. Consideramos que, en lo fundamental, este artículo siegue siendo vigente en su análisis, por tanto, también útil para entender la actual salvaje persecución lanzada por Trump contra la mano de obra inmigrante.
CDMX 16 de junio de
2025
Es necesaria
la acción organizada de los trabajadores inmigrantes para frenar a Trump y al
racismo
Luis Enrique Barrios.
Agosto 15, 2019
Bajo el lema de «Hagamos Estados Unidos grande de nuevo»,
Trump impulsaría su carrera en 2015 y 2016 hacia la presidencia de los EEUU,
poniendo especial énfasis en acalorados y calumniosos discursos en contra de
los inmigrantes, en especial los de origen mexicano y centroamericano,
culpándolos de ser el origen de todos los males habidos y por haber en
territorio yanqui: de acuerdo a Trump, los inmigrantes mexicanos y
centroamericanos, en su enorme mayoría ilegales, son criminales,
narcotraficantes, violadores, etcétera. Dado ello, por consecuencia, para Trump
se presentaría como alternativa el construir un gigantesco muro que sellara la
frontera sur de su país, además de endurecer aún más las políticas migratorias.
Y ya como presidente (enero 2017) esa misma política ha marcado su
administración.
Otro factor que no puede ser frivolizado es la
extraordinaria facilidad con que cualquier persona puede adquirir armas de
fuego, incluidas las de alto calibre, en los EEUU. De acuerdo la suiza Small
Arms Survey, los estadounidenses tienen el 48% de los 650 millones de armas en
poder de los civiles en el mundo. Por otro lado la Agencia de Tabaco, Alcohol y
Armas de Fuego de EEUU (ATF), en datos de 2017, señala que aproximadamente 90
millones de civiles estadounidenses acumulan cerca de 270 millones de pistolas,
escopetas y rifles de asalto.
El mercado doméstico norteamericano de armas de fuego tan
sólo en 2017 arrojó ganancias por 41 mil millones de dólares; se trata de un
rentable negocio con el cual en realidad tanto demócratas como republicanos se
sienten cómodos, porque más allá de discursos y palabrerías, es necesario
recordar que en 2008, año en el que Barak Obama llegó a la presidencia, la
venta de armas cortas experimentó un significativo repunte, y tres años después
serían abiertos 1176 nuevos establecimientos para la venta de pistolas, rifles
y ametralladoras en todo EE.UU. Después, a lo largo del segundo periodo de la
administración Obama, las ventas de Ruger, el principal fabricante de armas de
fuego orientadas hacia el mercado de civiles norteamericanos, crecerían en un
86%.
Es del todo cierto que Trump ha empleado el odio racial
como una eficiente herramienta para amalgamar en su favor el apoyo de los
sectores más atrasados y conservadores de la sociedad norteamericana, mismo
entre los cuales su habitual rechazo hacia los inmigrantes se incrementa cada
que los niveles de vida y oportunidades se deterioran, tal como ha sido en el
caso de los EE.UU. en la última década. Esa estrategia le fue útil en su
campaña hacia la presidencia, y ahora pretende repetir la misma fórmula de cara
a la reelección en las presidenciales del 2020.
En términos prácticos eso querría decir que sin el
llamado “PIB Latino”, los EE.UU. estarían muy por debajo de potencias
económicas como Rusia, China, Alemania, Japón, Reino Unido, etcétera.
Ni republicanos,
ni demócratas…
Frente al encarnizado racismo demostrado por Trump, se podría pensar que por consecuencia la alternativa para los trabajadores inmigrantes sería los demócratas, mismo que han cuestionado la política de Trump contra los indocumentados, además de acusar a la actual administración de no tomar medidas de peso para controlar el mercado de armas para civiles.
Sin embargo, a la luz de los resultados y tras contrastar
los dichos con los hechos, podemos concluir que los demócratas representan una
alternativa falsa para los trabajadores inmigrantes; ya más arriba explicamos
el extraordinario repunte que experimentó el mercado de armas para civiles
durante los ocho años de gobierno de Obama, pero más aún, en el caso de los
indocumentados las cifras de dicho ex presidente son negras: a pocos meses de
terminar su mandato, es decir al 30 de julio de 2016, las administración del
demócrata Obama ya había deportados a 2,768,357 inmigrantes. Esos números
ubican al carismático Barak Obama como el presidente yanqui que más
deportaciones realizó en los últimos 30 años.
Demócratas y republicanos, difieren en los medios, aunque comparten objetivos; y si ello es así, es debido a que ambos partidos defienden al capitalismo yanqui y su posición como primer potencia imperialista, cuestión para la que se requiere entre, otras cosas, a una gigantesca mano de obra inmigrante tan barata como pueda ser posible.
Por una
alterativa obrera
El gigantesco aporte de la mano de obra inmigrante a la economía yanqui por sí mismo expresa el enorme poderío político de éste sector de la clase obrera; y una forma de demostrarlo sería por medio de un paro laboral de 24 horas, mismo que cimbraría como pocas veces se ha visto al capitalismo de la máxima potencia económica del planeta, echando por la borda toda medida de persecución, ilegalización y criminalización promovida por Trump contra los trabajadores inmigrantes.
Por ejemplo, la huelga general debería ser el camino empleado por la Unión de Trabajadores Campesinos (UFW), el sindicato fundado por el fallecido líder César Chávez, para obligar a Trump a dar marcha atrás en sus recientes intentos para reformar el programa H-2A, el cual permite más de 240 mil visas temporales para trabajadores agrícolas. De acuerdo a la UFE, la reforma propuesta por Trump “priva a los trabajadores el derecho de cambiar de trabajo, pone barreras contra reclamos a un trabajo digno y mantiene bajos salarios, empeorando las condiciones para todos los trabajadores”.
El hecho es que la explotación en estados unidos, si bien
tiene las dramáticas características que ya hemos mencionado para el caso de
los inmigrantes, no es un fenómeno que se limite a ellos y por el contrario
éste se extiendo al conjunto de la clase obrera de los EE.UU. indistintamente de
su origen racial.
Es por ello que los trabajadores inmigrantes se deben unificar en un solo frente por encima de su origen nacional, para caminar hombro a hombro con el resto de la clase trabajadora de los EE.UU. y luchar juntos por sus intereses, además de impulsar su propia alternativa política al margen de los partidos tradicionales de la burguesía yanqui, es decir al margen de demócratas y republicanos; alternativa en la que se enarbole un programa que cuestione la propiedad privada sobre la industria, la banca, la tierra, el trasporte, etcétera, y que llame a poner bajo el control democrático de los trabajadores a las principales palancas de la economía.
Solamente mediante la organización independiente de los
trabajadores inmigrantes apoyados por el conjunto de la clase obrera
norteamericana, se podrá frenar a los grupos supremacistas blancos junto con
los ataques de Trump y la reaccionaria política que persigue, criminaliza y
deporta a la los indocumentados con tal de exacerbar la explotación sobre este
tipo de mano de obra.







0 comentarios:
Publicar un comentario