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miércoles, 25 de agosto de 2021

A cuatro meses del trágico accidente de la Línea 12 del Metro ¿En dónde están los culpables?

 

A cuatro meses del trágico accidente de la Línea 12 del Metro

¿En dónde están los culpables?

 

Luis Enrique Barrios Cortés

22 de agosto de 2021

El trágico accidente del lunes 3 de mayo pasado en la línea 12 del Metro de la Ciudad de México, mismo que dejó un saldo de 26 víctimas mortales y 70 heridos, exige una especial concentración por parte de los gobiernos de Claudia Sheinbaum y del mismo López Obrador para dar con los responsables, estén donde estén y sin importar poder económico ni filiación política, e impedir a toda costa su impunidad. Pero al mismo tiempo se trata de hechos de sangre que demandan de nosotros los trabajadores, mismos que en este tipo de tragedias somos los que ponemos los muertos, un análisis de fondo que nos permita ofrecer una alternativa política ligada a nuestros intereses de clase que además de demandar justicia plena para las víctimas, aseguren que nunca más se repitan escenas como las vividas hace unos meses en el Metro de la CDMX, pero que además nos garantice una red de transporte público en condiciones óptimas y dignas.

¡Primero la clase trabajadora!

La clase trabajadora es la única fuerza social capaz de generar riqueza económica. Somos los trabajadores lo que fabricamos todos y cada uno de los productos que se encuentran en el mercado. Sin nuestra contribución simplemente se paraliza la sociedad y no hay país alguno que escape a esa lógica. Sin embargo, a pesar de ser nuestra clase social la fuente de toda riqueza, se nos trata como animales y se nos obliga a vivir hacinados en colonias carentes de servicios, con salarios de hambre, además de someternos  a extensas y extenuantes jornadas de trabajo.

Y por si faltara, también se nos impone una movilidad de casa-trabajo-casa en sistemas de trasporte público que en la mayoría de las veces son insuficientes, incomodos, insalubres, lentos, además de peligrosos e inseguros.

Una agravante más a propósito del transporte público en México es el de que a pesar de ser especialmente precario, el gasto para su uso significa un elevado costo económico para las familias trabajadoras, representado en cifras de 2018 el 19% de sus ingresos, lo que equivale a un promedio de mil 815 pesos mensuales de acuerdo con el Índice de Movilidad Urbana 2018, elaborado por el Instinto Mexicano para la Competitividad (IMCO). De acuerdo a dicho informe nuestro país es en el que las familias trabajadoras gastan más dinero en trasporte público que en cualquier otro del G20.

Y el alto costo de emplear nuestro trasporte público no se limita a lo caro que es y por el contrario supera por mucho las simples incomodidades que tenemos que padecer todos los días en el Metro, en los microbuses, las combis, los chimecos, etcétera: el costo de ello también se paga con la pérdida de la salud e incluso de la vida misma, de ello hablan las propias cifras oficiales del IMSS en 2019, según las cuales en ese año los trabajadores de todo México sufrimos 399 mil 809 accidentes en nuestro diferentes centro de trabajo, mismos a los que se les sumaron otros 141 mil 730 accidentes en el trayecto diario de casa-trabajo-casa. Ese mismo año, 906 obreros mexicanos murieron en su puesto de trabajo o en el trayecto de su casa a la fábrica y viceversa.

Partiendo de los datos que ofrece el IMSS, ello quiere decir que todos los días un promedio de 388 trabajadores sufren un accidente en su traslado casa-trabajo-casa. Naturalmente la inmensa mayoría de ellos en el transporte público.

Por consecuencia el triste accidente en la línea 12 del Metro no es un hecho aislado sino resultado de un contexto en el que el transporte público, mismo que moviliza diariamente a 72 de cada cien personas en todo México, se ha trasformado en una monumental trampa de enfermedad y muerte para la clase trabajadora, ejemplo de ello son el Estado de México y la Ciudad de México, entidades en las que se cometieron  4 mil 769 y 4 mil 395 robos a trasporte público respectivamente tan solo en el primer semestre de 2019. Dos años antes, en 2017, en el EDOMEX perecieron 247 personas por atropellamiento, choques de transito y asalto con violencia, todos ellos asociados al transporte público.

Y en lo que respecta al Metro de la CDMX, entre 2012 y 2018, es decir durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, se denunciaron 5 mil 916 robos al interior de sus instalaciones.

Siendo así, y ante la necesidad urgente de eliminar de una vez por todas el escenario de terror y muerte que vivimos los trabajadores en el trasporte público de todo México, no podemos tener una actitud rutinaria ante los hechos del lunes sangriento del 3 de mayo en la línea 12 del metro y sí, por el contrario, presentar una plataforma reivindicativa que atienda el fondo del problema de cara a los intereses de nuestra clase social. Por ello debemos exigir:

Justicia plena para las víctimas del accidente en la línea 12 del Metro

- Indemnizaciones necesarias y suficientes, gastos funerarios y médicos al 100% dependiendo el caso, subsidios para las familias que hayan perdido al responsable del sustento material de esta o para aquellas familias que lo requieran de forma temporal mientras el responsable del sustento familiar se recupera totalmente de las secuelas del accidente. Todo ello con cargo al erario público. En caso de incapacidad laboral de por vida producto del accidente, el Estado tendrá que asumir las responsabilidades familiares de por vida: salud, alimentación, vivienda, educación, etcétera.

- Becas desde enseñanza básica hasta la universidad para los huérfanos del accidente del metro.

- Destitución y responsabilidades legales para los altos mandos del sistema Metro que demostraron incapacidad e indolencia para obligar a realizar bien sus funciones a las empresas privadas contratadas para el mantenimiento y monitoreo de las instalaciones de la línea 12.

- Cárcel para los responsables del accidente por indolencia o por complicidad en actos de corrupción, ya sean entre autoridades del Metro de la CDMX, del propio GOBCDMX y entre los altos mandos y propietarios de las empresas privadas contratadas para la construcción de la línea 12 del Metro y para su mantenimiento periódico.

- Responsabilidades legales contra el Grupo Carso del magnate Carlos Slim, contra Ingenieros Civiles Asociados (ICA), y Alstom, de capital francés, todas ellas empresas que participaron en la construcción de la línea 12 entre 2008 y 2012, así como su expropiación bajo control obrero.

- Nacionalización de dichas empresas, así como la confiscación de los bienes patrimoniales de los propietarios y altos funcionarios de las mismas, además de sanciones económicas equivalente a la reparación de daños sufridos por la línea 12 y las necesidades que derivan de la atención a las familias de los fallecidos y de los heridos.

- Aplicación de todas las medidas anteriores para las empresas encargadas de las obras de rehabilitación de la línea 12 dadas los severos defectos en su construcción, mismas que se realizaron en 2012, 2013, 2014, 2015, 2016-2017  y finalmente en 2017 tras el cismo de septiembre de ese mismo año.

- Investigación a fondo: Es evidente que la construcción y rehabilitación de la línea 12 del Metro ha estado plagada de irregularidades y corruptelas que involucran a las empresas constructoras y de servicios arquitectónicos e ingenieriles para su mantenimiento y rehabilitación mismas que se remontan a las administraciones de Marcelo Ebrar (2006-2012) y a la de Miguel Ángel Mancera (2012-2018), por ello ambas administraciones deben ser investigados en detalle para identificar qué tan profundas son y a quiénes involucran las raíces de todas las corruptelas que derivaron en el trágico accidente del pasado 3 de mayo, para ser castigados con cárcel.

Impuestos para los más ricos.  

Es cierto que el triunfo electoral de Morena y AMLO en 2018 representó un importante paso al fermente en la lucha de las masas oprimidas contra la derecha representada por el PRIAN y sus partidos esbirros, mismos a los cuales se unió de forma entusiasta desde hace unos años el PRD. Además las políticas sociales de los gobiernos de AMLO y Claudia Sheinbaum ponen muy por encima a dichas administraciones en relación a cualquier experiencia de gobierno del PRI o del PAN de las últimas décadas.

La 4T representa una fisura en la política antiobrera de la derecha y la patronal, siendo un ejemplo de ello los incrementos al salario mínimo impulsada por AMLO, mismos que han significado un freno, parcial y aún limitado, a la política de choque salarial aplicada desde el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) hasta al de Peña Nieto (2012-2018). Si bien es innegable esa realidad, por otro lado es necesario admitir que en otros rubros la 4T no ha roto con el pasado siendo ejemplo de ello, entre otros casos, su política presupuestaria para el Metro de la CDMX, pues a pesar de que tanto AMLO como Claudia Sheinbaum lo niegan, dicho sistema de transporte recibió menos recursos presupuestarios en los últimos años. Se trata de una tendencia que se agudizó en el gobierno de Mancera (2012-2018), pero con la cual no se ha roto bajo la actual administración. Por ejemplo, en 2019 y 2020 el presupuesto del GOBCDMX  para el Metro fue en cada uno de esos años menor en unos 2 mil millones de pesos al presupuesto de 2018.

Además la participación del Gobierno de AMLO durante esos mismos años en los ingresos del Metro mantuvo el mismo comportamiento que el de sus antecesores del PRI y del PAN al frente del Gobierno Federal: El Metro tiene tres fuentes de ingresos, el que deriva de la venta del boletaje, el proveniente de la partida presupuestal del GOBCDMX y el asignado directamente por el gobierno federal. Los dos primeros rubros a partes relativamente similares cubren en promedio el 98.5% de los gastos anuales de operación del Metro, mientras que las participaciones del gobierno federal se limitan a menos de un pírrico 1.5%. En este punto AMLO ha aplicado la misma política presupuestaria de sus antecesores del PRI y del PAN.

Es del todo incuestionable el hecho de que tanto AMLO como Claudia Sheinbaum heredaron finanzas públicas altamente endeudadas, además de arruinadas por la vorágine de corrupción y malos manejos de sus respectivos antecesores, Peña Nieto y Miguel ángel Mancera; tampoco es un hecho insoslayable el que la atención a la crisis de la pandemia provocada por el Coronavirus haya absorbido gigantescos recursos del gobierno federal y del de la CDMX. Sin embargo, si es eso así y por consecuencia se presenta como muy difícil cumplir con las obligaciones de los gobiernos de la 4T relacionadas con la dignificación del Metro, el camino no es el de los recortes presupuestales, ni el de la elevación de las tarifas por viaje, sino el de obtener los recursos necesarios de ahí donde se tienen y de donde resulta del todo legitimo obtenerlo.

Es de reconocerse el hecho de que AMLO ha eliminado toda una serie de privilegios fiscales para los grandes empresarios y lo mismo que puede decir de la cancelación de toda una larga lista de excesos de los altos funcionarios con cargo al erario del Estado, ello entre otras acciones para sanear las finanzas públicas, permitiendo así recanalizar importantes cantidades de recursos a su política social. Sin embargo los recortes presupuestales al Metro, entre otros rubros a lo que se les ha aplicado medidas similares, por ejemplo en el caso de la cultura, demuestran que las medidas de la 4T para fortalecer los ingresos del Estado no han sido suficientes y que por consecuencia se deben tomar medidas para robustecer las finanzas públicas sin atentar contra los intereses de las familias trabajadoras.

Durante décadas los grupos empresariales más connotados en México lograron evadir el pago de miles de millones de pesos en impuestos, situación que les permitió acumular fortunas multimillonarias. Así, en ese contexto, por ejemplo, en 2018 mientras que los trabajadores pagaron en ISR 667 mil 934 millones de pesos, por otro lado, gracias a las torcidas leyes hacendarias de nuestro país, los nueve principales consorcios empresariales mexicanos, entre los que se incluye Telmex, Cemex, el Grupo México, lograron diferir, es decir evadir, el pago de 81 mil 800 millones de pesos en impuestos. Gracias a los privilegios fiscales a dichas empresas se les condonó el pago en impuestos de 413 mil 258 millones de pesos entre 2007 y 2018, durante los gobiernos de Calderón y Peña Nieto.

Para hacernos una idea de qué tan rentable ha sido esa política de privilegios fiscales largamente aplicada por los gobiernos del PRI y del PAN, basta señalar que tan sólo 13 multimillonarios de una lista que encabezan Carlos Slim, poseen a datos de 2021 una fortuna que en su conjunto suma los 136 mil millones de dólares, es decir una cantidad que equivale al 10.96% del Producto Interno Bruto (PIB) y que a la vez es similar a los ingreso de aproximadamente 60 millones de mexicanos.

Los empresarios de la mano del PRI y del PAN, además de beneficiarse con las privatizaciones, las políticas de contención salarial y eliminación de derechos laborales, estrujaron a las finanzas públicas para acumular sus obscenas fortunas, razón por la cual no sólo resulta del todo necesario, sino además legítimo, el impulsar una profunda reformar hacendaria por parte de AMLO y la 4T para eliminar toda clase de privilegios fiscales restantes y que aña vez también eleve significativamente el monto de impuestos que tendría que estar pagando el gran capital y así obtener los recursos necesarios para no sólo dignificar al Metro de la CDMX sino también para extender y fortalecer con creces el sistema público de salud, el de la educación en todos sus niveles, para generar más empleos, para la basificación con todos los derechos de ley de los empleados eventuales de la administración pública, etcétera.

El camino a la solución del problema del Metro no es el incremento de su tarifa, tal como en su momento lo hizo Mancera, ni la eliminación de los viajes gratuitos para adultos mayores, personas con capacidades diferentes y niños menores de 5 años de edad, de hecho ese mismo privilegio tendría que ser extendido para todos los estudiantes de todos los niveles educativos. La solución es obligar a los más ricos del país a pagar más impuesto de ma|nera significativamente superior a los que reportan en la actualidad.

Contra la corrupción

La historia de la línea 12 del metro está plagada de toda una serie de contradicciones sobre la cuales resulta difícil no pensar que en su construcción (2008 –2012) y operación hasta el día del accidente del pasado 3 de mayo, la corrupción ha sido el común denominador.

La obra que sería inaugurada por el entonces jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, en octubre de 2012, finalmente tendría un costo de 26 mil millones de pesos, cantidad muy por encima de los 17 mil 500 originalmente pactados con ICA, Carso y Alstom, empresas contratadas para la construcción de la línea 12 del Metro. Además, la entrega de la obra para su puesta en marcha sería con un retraso de 10 meses en función a los plazos definidos inicialmente.

Siendo sinceros, los casos de las grandes obras de infraestructura contratadas por el Estado y que terminan siendo entregadas con un significativo retraso a un costo final sustancialmente mayor al originalmente definido, han sido uno de los sellos que han caracterizado a los gobiernos del PRI y del PAN en sus diferentes niveles.

Incluso el nepotismo y los conflictos de interés también marcaron la construcción de la línea 12, siendo éste el caso de Enrique Horcasitas Manjarrez, quien fuera el funcionario del Gobierno del DF a cargo del Proyecto Metro, organismo desconcentrado de la Secretaría de Obras y Servicio Públicos del gobierno de Marcelo Ebrard (2006 – 2012). Casualmente dicho funcionario tendría un hermano, Luis Horcasitas Manjarrez, al interior del Comité Ejecutivo de ICA, una de las empresas contratadas para la construcción de la obra.

También es de destacarse el caso de Carlos Adolfo Altamirano y Piolle quien se desempeñó como gerente de Instalaciones Fijas del Sistema de Transporte Colectivo Metro y el de su hijo, Carlos Altamirano Elkisch quien laborara en la Secretaría de Obras y Servicios y también del Proyecto Metro, en ambos casos durante la admiración de Marcelo Ebrard. El padre, Carlos Adolfo Altamirano y Piolle establecería una relación de servicios profesionales entre 2010 y 2014 con la empresa alemana ILF Ingenieros Consultores, por los cuales recibiría una cantidad aproximada a los 4.5 millones de pesos. Cabe destacar que ILF Ingenieros Consultores fue una de las compañías que certificó la Línea 12.

En todo ese marco de irregularidades sería puesta en marcha la Línea 12, misma que formalmente se encontraba en condiciones adecuadas para dar servicio, sin embargo dos años después, en marzo 2014 tendría que ser suspendida su operación, está vez bajo la administración de Miguel Ángel Mancera (2012 -2020), por presentar graves fallas en su funcionamiento. Un año antes, en 2013 ya siendo Joel Ortega el titular del Metro, las obras de la línea 12 serían entregadas al gobierno de la Ciudad de México ya no de manera preliminar como se hizo al ser esta inaugurada por Marcelo Ebrard, sino de forma definitiva. Los criterios del gobierno de Macera para hacer dicha recepción fueron los de considerar regular el funcionamiento de la línea 12 a pesar de admitir que la construcción presentaba fallas mismas que, de acuerdo a esa administración perredista, no afectaban la calidad del servicio ni ponían en riesgo la seguridad de los pasajero.

Sin embargo al paso de unos meses se tendrían que suspender las operaciones entre la terminal Tláhuac y la estación Culhuacán, pues dicho tramo presentaba serías fallas estructurales que no sólo impedían su operación con calidad sino que además ponían en riesgo la seguridad de los usuarios, contradiciendo con ello los argumentos que motivaron a Mancera a aceptar la entrega definitiva de la línea 12.

El hecho es que la suspensión del tramo Tláhuac – Culhuacán para su reparación se extendió desde marzo de 2014 hasta finales de 2015, significando ello para las autoridades capitalinas un multimillonario gasto extra en reparaciones y otros servicios asociados con la suspensión de las operaciones que sumados a la renta de trenes, ascendió a los 41 mil 300 millones de pesos.

El tramo Tláhuac – Culhuacán otra vez sería cerrado al público para su reparación de nueva cuenta dadas las importantes fallas registradas tras el sismo de septiembre de 2017. La suspensión se extendería hasta octubre de ese mismo año. 

Pero el problema de la línea 12 no sólo fue su deficiente construcción, sino también los diferentes procesos de certificación por las que pasó esta y las posteriores obras de reparación de las fallas que motivaros sus cierres, así como aquellas que se hacían de forma permanente independientemente de dichos incidentes, para supuestamente asegurar la buena operación del viaducto elevado que va de la estación Atlalilco a la terminal Tláhuac.

Sin excepción las diferentes empresas certificadoras cerraron los ojos ante toda una serie de fallas estructurales de la línea 12, así como frente a preocupantes deficiencias en la construcción de esta. Un breve balance al respecto permite pensar sin temor alguno que en todo ello, la corrupción plagó también el proceso de certificación de dicha línea del metro capitalino. Por ejemplo, una de las empresas encargadas certificar las obras de construcción fue la alemana DB International GmbH la cual, al mismo tiempo que hacia su trabajo en la Ciudad de México, en su país de origen, Alemania, era investigada por la fiscalía por sobornos cometidos por sus directivos en Europa, Asía y África, es decir por cometer toda una serie de faltas judiciales muy similares a las Odebrecht.

No obstante la trayectoria de DB International GmbH, el gobierno de Marcelo Ebrard contrató a dicha empresa, a la cual le pagó 119 millones 312 mil pesos.

Por otra parte, ya durante la administración de Mancera, Systra, filial de Metro París, y empresa especializada en supervisión y detección de fallas, fue la encargada desde el cierre de la línea en 2014, de la elaboración de  Protocolo para la Continua Supervisión de las Instalaciones Fijas para la Operación de la Línea 12.

De acuerdo a la evaluación de Systra, el tramo elevado de dicha línea presentaba fallas en su construcción de la obra y en el funcionamiento de las vías pero las no representaban mayor problema, razón por la cual recomendó no tomar medidas a corto plazo pues ya que, de acuerdo a dicha consultora, la línea cumplía con los requerimientos  internacionales, sin dejar de advertir que necesitaba mantenimiento por las deficiencias observadas a lo largo de todo el viaducto elevado.

Siguiendo con el recuento, la alemana TÜV Rheinland sería contratada por Mancera para  inspeccionar entre 2014 y 2016 la rehabilitación hecha al tramo elevado con el objetivo de mitigar el riesgo de descarrilamiento.

Otro caso es el de la empresa francesa TCO, misma que desde 2016 se encargó de conservar las condiciones de operación de las instalaciones fijas de la línea, trabajo que realiza todas las noches, los 365 días del año.

Y más recientemente, a finales de 2019 ya durante la admiración de Claudia Sheinbaum, la empresa Ingeniería, Servicios y Sistemas Aplicados realizó un estudio del comportamiento estructural y geotécnico del Viaducto Elevado de la Línea 12. La conclusión de dicha empresa fue la de que la obra no presentaba comportamientos que representaron algún riesgo en la operación.

El hecho es que desde que se inició con su construcción en 2008 hasta 2019, bajo tres administraciones distintas, la línea 12 del metro ha estado sujeta a sistemáticas supervisiones de seguridad y certificaciones sobre las obras, así como de las reiteradas obras de manteniendo, y en todos los casos el veredicto final fue el de que a pesar de las diversas fallas de las instalaciones, en ningún caso estas ponían en riesgo la seguridad y la vida de quienes trabajan y se transportan en ella. Sin embargo el 3 de mayo pasado y las 26 víctimas mortales y 70 heridos tras el accidente de la línea 12 echaron por tierra todos esos dictámenes; pero no sólo eso, pues dicha la tragedia se trasformó en una dolorosa ratificación sobre el hecho de que la historia de la línea 12 del metro está plagada de irregularidad y corruptelas que ya costaron vidas humanas.

¿Qué pasó entonces? ¿Quiénes son los responsables? Esas y otras preguntas, además de llevar ante la justicia a los verdaderos culpables de todo ello y no a chivos expiatorios, para hacerlos pagar sus culpas, tienen que ser respondidas abiertamente y sin lugar a duda por las tres administraciones del Gobierno de la Ciudad de México involucradas en la historia de la Linea 12, en especial por sus respectivo titulares: Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Macera y Claudia Sheinbaum, respectivamente. De no hacerlo, de entregar respuestas a medias y sin medidas de fondo sobre el entramado de corrupción, inevitablemente parte de la responsabilidad política y culpabilidad sobre aquel trágico accidente, también recaerá sobre ellos tres.

Hoy, a casi 4 meses del fatal accidente de la línea 12 siguen impunes los responsables. De entonces a la fecha el único resultados ha sido la renuncia de  Florencia Serranía a la Dirección General del Sistema de Transporte Colectivo Metro, pero sigue sin siquiera mencionarse los nombres de los altos cargo y dueños de las empresas que construyeron la línea 12 ni de los de aquellas que supuestamente le dieron mantenimiento a sus instalaciones, pero tampoco el de las firmas que certificaron todas esas obras y que al unísono concedieron cada una por su parte en la tesis de que las fallas que tenía el tramo aéreo de dicha línea del metro no significan peligro alguno para los usuarios.

Pero sí, por el contrario, las indagatorias de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México ya tienen como línea de investigación a un grupo de obreros de la construcción abocados a la tarea de soldar los pernos que se emplearon en el tramo que colapso, a su supervisor y al almacenista que los surtió de los pernos.

Como siempre, de seguir esos mismos derroteros las indagatorias de la justicia capitalina, muy probablemente veamos de nuevo, tal como ha sucedido en cientos de casos más en el pasado, el que se repita aquella historia en la que la burguesía hace pagar por sus crímenes a los trabajadores.  La 4T y el gobierno de Claudia Sheinbaum no sólo se deben oponer a que lo anterior suceda, sino que además están obligados a llevar ante la justicia a las cúpulas de todas las empresas involucradas, así como a todos aquellos funcionarios y exfuncionarios de gobierno de la CDMX involucrados en las corruptelas que derivaron en el trágico accidente del pasado 3 de mayo.

Democracia sindical

El charrismo sindical es otra loza que ha pesado sobre el Metro, misma sobre la cual resulta imposible hacer un alto al momento de valorar una salida a los serios problemas que padece dicha red de transporte. El Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo-Metro (SNTSTC) es una agrupación que aglomera a 14 mil de los poco más de 15 mil empleados del Metro de la CDMX.

Un hecho incuestionable es el de que los trabajadores sin organización sólo somos carne de explotación, de ahí la necesaria organización de sindicatos y toda clase de agrupaciones que nos permitan luchar por nuestros intereses en contraposición a los de los patrones, mismos que sólo persiguen maximizar sus ganancia a costa de la explotación y opresión de la clase trabajadora. Sin embargo la ausencia de una genuina democracia al interior de los sindicatos deriva en una dirección altamente burocratizada, lejana a los trabajadores de base e incluso corrupta y plagada de privilegios. Y cuando eso sucede es entonces cuando una dirigencia sindical usa su posición sólo para acumular poder y privilegios económicos usando al sindicato e incluso poniéndose al servicio de los patrones.

Ese ha sido el caso de la dirección del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo-Metro (SNTSTC) encabezada desde hace 43 años por Fernando Espino Arévalo.

Cinco veces diputado por el PRI entre 1991 y 2012, Espino Arévalo, para mantenerse en el poder, modificó burocráticamente los estatutos del sindicato, estableciendo con ello un rígido control sobre sus agremiados, pero además un desmedido poder que le ha permitido obstaculizar e incluso dinamitar cualquier iniciativa de mejora al Metro que no le beneficie o que atente contra sus privilegios. Este último fue el caso de Javier González Garza en 2001, quien siendo director del Metro pretendió impulsar medidas de fondo para reformar y trasparentar a dicho transporte público en su funcionamiento y en su administración, intento que sería frustrado por la presión política de los charros sindicales quienes amagaron con paralizar el servicio para obligar a desistir en dicho intento al gobierno capitalino en ese entonces encabezado por AMLO (2000-2006).

Acto seguido, en 2002, acusado de  despojo, daño patrimonial y ataque a las vías generales de comunicación,  el gobierno de la Ciudad de México promovería el desafuero del entonces diputado local por el PRI, Fernando Espino Arévalo, mismo que lograría el apoyo de su partido y el resto de fracciones parlamentarias de derecha para impedir que prosperara la iniciativa de la administración capitalina.

Del mismo modo, al amparo de sus conexiones políticas con el poder, Espino Arévalo saldría impune en 2015 de las acusaciones de malversación de fondos públicos, es decir de recursos del Metro, por una suma de 20 millones de pesos.

En el Metro no pasa nada sin el permiso de Fernando Espino Arévalo pues en él encarna un poderoso poder fáctico que ha arrodillado a directores del Sistema de Transporte Colectivo (STC) o que los descarrila y sabotea en caso de no lograr su subordinación, tal como sucedió con González Garza.

Es así que, sobre la base de la presión política, Espino Arévalo ha trasformado a la dirección del sindicato no sólo en una jugosa fuente de privilegios personales y de camarilla, sino además en una estupenda plataforma para hacer negocios al amparo del STC a través de varias empresas creadas por el líder sindical y que por años han sido y siguen siendo contratistas del Metro.

Y más recientemente, como parte de su estrategia para fortalecer su control político sobre el Metro y para tener una palanca más de presión política sobre el gobierno capitalino de Claudia Sheinbaum dada el descalabro electoral de 2018 sufrido por sus aliados del mancerismo en la CDMX, Espino Arévalo intentó en 2019 crear su propio partido político, “Un Árbol por México”, con recursos del sindicato y obligando a sus agremiados a acudir a sus asambleas distritales para lograr su registro. Para mala fortuna de Espino Arévalo, ese mismo año el Instituto Electoral de la Ciudad de México rechazaría el registro de su partido.

Además de antidemocrática y de ser fuente de riquezas personales a través de los recursos del sindicato, la dirección de Espino Arévalo al frente del SNTSTC también ha sido utilizada con fines nepotistas, tal como lo demuestra el hecho de que en la nómica del Metro se localizan a 15 de sus parientes entre ex esposas, hijos, hermanos, etcétera, muchos de ellos comisionados a funciones que sólo tienen que ver con las actividades del sindicato, que gozan de sueldos mensuales según datos de 2019, que van de los $42 mil 990 a los 16 mil 922 pesos.

Todo el recuento anterior demuestra que el corrupto poder de Espino Arévalo al frente del sindicato no puede ser un factor que deba ser ignorado al momento de valorar los diferentes factores que podrían explicar las contradicciones acumuladas en el Metro a lo largo de varios años, mismas que derivaron en el trágico accidente de la línea 12 del pasado 3 de mayo.

En la problemática del Metro se conjugan toda una serie de factores nocivos que se expresan a través de tres grandes rubros: Presupuesto insuficiente, corrupción en la administración del Metro y una dirección sindical charra que frena toda reforma de fondo al STC que afecte sus intereses y que ha trasformado a dicha forma de transporte masivo de la CDMX en un estupendo negocio.

Inevitablemente, no sólo para eliminar el freno para la dignificación del Metro que representan la dirección sindical de Espino Arévalo, sino también para recuperar al SNTSTC como una genuina herramienta de lucha por los derechos laborales, los trabajadores del STC requieren organizarse y dar una lucha a fondo para democratizar a su sindicato. Sin una dirección sindical verdaderamente democrática al frente del SNTSTC se ve muy lejana la posibilidad de reformas de fondo que dignifiquen el servicio que ofrece el Metro.

Control obrero

De acuerdo a la Estadística Mensual sobre el Transporte Urbano de Pasajeros (ETUP) del INEGI, tan sólo en junio de 2021 el Sistema de Transporte Colectivo Metro prestó servicio a 63.4 millones de usuarios. Es evidente que se trata de una inmensa masa de trabajadores los que usamos todos los días el Metro capitalino y que por su cantidad rebasamos en número a la población de la mayor parte de ciudades importantes del país. Dimensionando así las cosas es evidente que el Metro de la Ciudad de México significa toda una responsabilidad en la que para su administración y supervisión sobre su operatividad y la seguridad de los pasajeros no puede quedar simplemente en manos de la alta burocracia del gobierno de la CDMX. Los trabajadores, tanto los que en él laboran como los que lo usamos a diario como sistema de transporte debemos jugar un papel preponderante supervisando todos los aspectos que implican el servicio del Metro para un mejor funcionamiento de esté en el que la seguridad para el resguardo de la salud y de la vida sea una norma inviolable.

El trágico saldo del pasado 3 de mayo antecedido de una larga secuela de accidentes y fallas en el funcionamiento del Metro demuestran que las formas usadas por décadas para su administración no pueden asegurar un servicio de calidad, digno y seguro para sus millones de usuarios.

Es por ello que se tiene que formar comités en los que además de las autoridades del Metro, participen los trabajadores, mismos que a la vez tendrán que purgar a su sindicato expulsando a los líderes charros, y los propios usuarios de dicho sistema de transporte, todos ellos electos democráticamente. Dichos comités se deberán formar en cada línea y en cada estación, actuando de manera coordinada a través de asambleas de comités en las que se definan políticas y planes para el correcto funcionamiento del metro, se supervise el correcto empleo del presupuesto, mismo que tiene que ser incrementado significativamente tanto por el gobierno de la CDMX y el Federal, asegurando que las empresas contratadas para diferentes obras cumplan al 100% en estándares de calidad en los plazos acordados y sin sobrecostos, etcétera.

Sólo con la participación directa en la dirección de Metro por parte de la clase trabajadora se podrá poner fin a décadas de corrupción, ineficiencia e inseguridad que plagan la vida diaria de dicho sistema de transporte de la Ciudad de México.

¡Justicia ya!

Solón de Atenas (638 ane-558 dne) decía que “Las leyes son semejantes a las telas de araña; detienen a lo débil y ligero y son deshechas por lo fuerte y poderoso”.

A cuatro meses del trágico 3 de mayo en el Metro capitalino los responsables siguen impunes y la experiencia del decadente sistema de justicia de nuestro país, demuestra que son muchos los casos en los que no se aplica verdadera justicia cada que se trata de los crímenes de los empresarios; pero también, por el contrario, esa misma experiencia enseña que cada que es necesario culpar a alguien para ocultar las culpas de los poderosos, la justicia se lanza con todo contra los más débiles para transformarlos en chivos expiatorios, tal como se pretende hacer en este caso con los obreros y empleados de la construcción que ya están en la mira de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México como eventuales responsables de la tragedia.

Esa ha sido la lógica sistemática y crónica del sistema judicial nacional cada que se trata de los crimines de la burguesía. AMLO y Claudia Sheinbaum no se pueden prestar para ese pernicioso juego, tal como fue por décadas durante los gobiernos del PRI y del PAN.

Los culpables por la tragedia de la línea 12 del metro deben ser llevados ante la justicia estén donde estén y sin importar que sea entre las cúpulas industriales o entre altos funcionarios y ex funcionarios de las últimas tres administraciones del gobierno de la CDMX.

sábado, 19 de junio de 2021

Avanzando en la lucha popular. Historieta del Movimiento Urbano Popular

 Avanzando en la lucha popular

3 ejemplares
Historieta del Movimiento Urbano Popular


Son 3 ejemplares en formato de cómic o historietas cuya temática se basa en las luchas inquilinarias del Movimiento Urbano Popular en el contexto de la Ciudad de México. Se trata de material político muy original dado que en nuestro país el cartonaje o la caricatura política de denuncia social empleó sobre todo formatos periodísticos y de libros, pero muy poco o casi nada en el formato de historieta, siendo pocos los ejemplos, destaconando los casos de Rius con Los Supermachos y Los Agachados y el de Gabriel Vargas con La familia Burros. También este fue el caso de algunos capítulos de El Fantomas. Sin embargo en todos esos ejemplos se trató de publicaciones impulsadas por empresas editoriales en el sentido estricto de la palabra, además de consolidadas.
A diferencia de los ejemplos citados, "Avanzando en la lucha popular" fue una historieta independiente la cual, al igual que el caso de las decenas de publicaciones populares y obreros que se han lanzado sin el apoyo de la industria editorial, su único soporte material para su existencia serían las aportaciones de los sectores sociales a los cuales iba dirigida. Y como ya explicamos más arriba, se trata de material impreso muy original dado que resulta difícil identificar otras iniciativas impresas orientadas hacia las luchas sociales bajo el formato de historietas, pues lo habitual y más empelado hasta la fecha por parte de los grupos políticos vinculados con el movimiento social ha sido el empleo de la prensa, los afiches y volantes como medios para difundir sus ideas políticas.

Los ejemplares que se presentan carecen de créditos, siendo la única referencia la firma del caricaturista de la contraportada, “Raúl”, pero no se incluye otro dato, incluso carecen de fecha de publicación. Por ello resulta imposible saber el nombre de los artistas creadores ni el de la organización social a la que representaban. Un detalle al respecto, cuestión que es mera suposición del que redacta la presenta descripción, es la de que algunos detalles que se pueden ver al momento de darle una lectura a los ejemplares de "Avanzando en la lucha popular", todo parece indicar que se trata de una publicación impulsada al calor del último gran repunte del movimiento urbano popular en la Ciudad de México derivado y estimulado por la tragedia de los sismos de septiembre de 1985, época en la que aún era muy fresco el recuerdo de la “guerra sucia”, es decir de uno de los episodios más negros de la historia del país, marcado por la política represiva de Luis Echeverría y López Portillo, de ahí quizá la determinación de los editores de "Avanzando en la lucha popular" para omitir los créditos sobre la realización de dicha historieta.

Se trata de material altamente coleccionable.
- "Avanzando en la lucha popular" No. 1.
28 páginas.
- "Avanzando en la lucha popular" No. 2.
28 páginas.
"Avanzando en la lucha popular" No. 5.
24 páginas.
Los tres ejemplares están completos, no presentan rayones ni mutilaciones o roturas. Tampoco están deshojados.


jueves, 10 de junio de 2021

Elecciones 2 de junio: Desde luego que hay un profundo cambio en la relación de fuerzas

 

Elecciones 2 de junio:
Desde luego que hay un profundo cambio en la relación de fuerzas
¡Morena tiene que cumplir! 

Tras las elecciones del pasado 6 de junio Morena no sólo logró retener la mayoría en la Cámara Federal de Diputados, sino que además escaló de 6 a las 18 gubernaturas bajo su administración a la vez de transformarse en mayoría en 19 congresos locales. En ambos casos Morena se ha logrado posicionar como la principal fuerza política local en más de la mitad de México.

 Se trata de un nuevo escenario político que además de darle a Morena posiciones políticas significativamente mayor a las que tenía tras las elecciones de 2018, se traduce en un serio revés para los partidos de derecha, el PRI, el PAN y el PRD, los cuales fracasaron  en su intento por arrebatar la mayoría a Morena en el congreso federal a un costo extraordinariamente alto al salir muy debilitados del reciente proceso electoral.



Pese al tanque de oxígeno que le obsequió la torpeza de la dirección de Morena en la CDMX al facilitarle el triunfo al PRIAN-PRD en 9 alcaldías, el terreno perdido por los partidos de derecha y ganado para la 4T, pone a esta en una relación de fuerzas significativamente superior a la que tenía hasta antes del pasado 2 de junio. En otras palabras, AMLO y la 4T ahora tienen menos obstáculos de frente para profundizar su política, en especial aquella que tiene que ver con atacar la pobreza para elevar los niveles de vida de la clase trabajadora y demás sectores oprimidos de la sociedad.

A través de las pasadas elecciones del 2 de junio, los trabajadores y el campesinado pobre de buena parte del país decidieron eliminar muchas de las trabas que tenía frente a sí AMLO y la 4T para impulsar su política, mandando al mismo tiempo de esa manera un claro mensaje a la derecha, e incluso al imperialismo, en el sentido de que los pobres de México no claudicaran en sus aspiraciones de cambio.


Al igual que en 2018, el pasado 2 de junio nuevamente las masa oprimidas de México cumplieron con creces la tarea asignada, ahora es el turno de AMLO, la 4T y Morena para cumplir.


miércoles, 9 de junio de 2021

Charros sindicales y Antorcha campesina, los otros grandes perdedores de las elecciones del 6 de junio


 

Charros sindicales y Antorcha campesina

Los otros grandes perdedores de las elecciones del 6 de junio

El gran pagador del fracaso de la alianza Va por México ha sido el PRI, no sólo porque perdió 8 de las 12 gubernaturas que aún le quedaban, sino además porque además su añejo aparato de control político también resulto muy golpeado y abollado tras las elecciones del pasado 6 de julio.

En el caso del movimiento obrero una vez más pasó lo que ya venía sucediendo desde 1988: a las centrales obreras organizadas en torno al PRI, siendo el máximo exponente de todo ello la CTM, cada vez les cuesta más trabajo imponer su voluntad para obligar a los trabajadores a votar por dicho partido. El fraude electoral de 1988 demostró categóricamente dicha realidad, transformándose ello en una norma la cual, elección tras elección, arrojaba frutos cada vez más amargos para el PRI.

Y las elecciones del pasado 6 de junio no han sido la excepción, siendo ello extraordinariamente notorio en muchas de las ciudades fronterizas del norte del país: En 2019 se experimentó en Tamaulipas la oleada huelguística más importante en México en varios años, manifestándose ese ambiente entre la clase obrera de dicha entidad también en las urnas, dando un duro revés a los partidos de derecha agrupados en la Alianza Va por México, el PAN, PRI y el PRD, a quienes despojó aplastantemente de la mayoría en el Congreso loca, para cedérselo a Morena.

El ambiente entre los obreros tamaulipecos se contagió en varias ciudades maquiladoras de la frontera norte, añejamente dominadas por el PRI y el PAN, donde también el voto favoreció a Morena. El comportamiento electoral en buen parte de las ciudades maquiladoras del norte del país demuestra una vez más que la maquinaria de control del PRI, en este caso los charros sindicales, cada vez es menos eficiente e incapaz de imponer su voluntad a las masas oprimidas.  

Otro ejemplo de lo anterior es el de Antorcha Campesina, la cual durante décadas funcionó como un sólido pilar de estabilidad y continuidad al PRI y a su política. Por medio de Antorcha la burguesía controló históricamente vastas regiones del campo, pero incluso también otras de tipo suburbana o urbana, como lo ha sido por años en el oriente del Edomex. El pasado 6 de julio Antorcha fue derrotada en estos en Iztapaluca y Chimalhuacán, reductos determinantes para que esa organización gansteril pudiera seguir conservando importante poder político y económico a pesar de la decadencia priista a todo lo largo del siglo XXI, misma que se agudiza tras cada elección; pero a la vez se trata de ayuntamientos definitivos para el impacto electoral del PRI en la región, siendo ello muy malas noticias para dicho partido y su virtual candidato presidencial Alfredo del Mazo, de cara a las elecciones de 2024.

Pero Antorcha también fue derrotada en regiones tales como la huasteca potósina, donde también conservaba un poder muy similar al que tenía en el oriente del Edomex. El descalabro de Antocha Campesina a cargo de las masas oprimidas usando para ello la oportunidad que le dieron las urnas el pasado 6 de junio, es ante todo la derrota de una de los brazos de operación política más eficientes del PRI y del sistema que durante décadas rindió jugosos resultados a la burguesía no sólo por medio de la presión y manipulación política, sino incluso a través del terror y la sangre.

Da mucha alegría ver esa clase de resultados y sobre todo ser testigo de la tenacidad de los desposeídos para continuar adelante en la lucha por su dignificación y liberación, arremetiendo sin amilanarse incluso contra enemigos tan sanguinarios como Antorcha Campesina. Ya andan diciendo por ahí que "la Antorcha se apaga" y que bueno que sea así.

Definitivamente la derrota de la Alianza Va por México en muchas ciudades fronterizas del norte y en localidades ferreamente controladas por Antorcha Campesina, marca un importante cambio de relaciones de fuerzas en todas esas regiones, no sólo de cara a futuras elecciones sino en todo el amplio espectro que significa la lucha de clases, pues tras esa clase de resultados es del todo pronosticable un repunte a mediano plazo en la lucha de de la clase trabajadora, del campesinado pobre y otros sectores oprimidos de tipo urbano o suburbano en aquellas ciudades y comunidades en las que los charros sindicales y el movimiento antorchista ya dieron muestras el paso 6 de julio de sus cada vez más marcadas dificultades para jugar papel en tanto pilares de primer orden de la añeja maquinaria de control social de la burguesía llamada PRI. 

Las repercusiones políticas de ese fenómeno tendrá una trascendencia muy importante en futuros acontecimientos de la lucha de clases. 

Junto con la forma en que actuaron y se expresaron los obreros industriales en varias ciudades maquiladoras del norte del país el pasado 6 de junio, la derrota de Antorcha en el oriente del Edomex a cargo de las masas más desposeídas y oprimidas del oriente del Valle de México, son lecciones de las que la izquierda, en especial los que defendemos el programa de Marx, debemos aprender mucho, pero mucho!

lunes, 24 de mayo de 2021

Mujeres en el Ejército Rojo

 

Mujeres en el Ejército Rojo
Título original: Women in the Red Army
 
Escrito en: febrero de 1928
 
Fuente: Rose Smith, Lily Webb, Fanny Deakin, Florence Maxwell, Women in Russia , Communist Party of Great Britain, February 1928, pp. 27-28.

Publicación retomada de Izquierda Socialista 
 


Ninguna mujer había sido entrenada en esta academia militar, pero nosotros teníamos una muy buena amiga que estaba a cargo del entrenamiento militar de las mujeres a lo largo y a lo ancho de la Unión Soviética. Ella había viajado con nosotras desde Bakú, y ninguna de nosotras olvidará jamás a Boggatt. Ella nos contó su historia durante el viaje en el tren.
 
Una estudiante de medicina antes de la revolución, se unió al ejército y fue herida varias veces. Luego de tomar parte en la guerra ella se inscribió en la escuela de caballería para formarse como oficial.
 
Llegó acompañada simplemente de una nota que decía: «La camarada Boggatt viene a recibir formación como comandante». El oficial estaba estupefacto al ver que la aspirante era una mujer. Él se negó a tomarla, y ella en su ira fue directo a Trotsky: «¿Debo ser insultada de esta forma?», preguntó. «¡Yo, que dejé mi sangre en el frente!».
 
Trotsky la apoyó, y fue admitida a la academia. Ella fue la primera mujer en ser entrenada de esta forma, y le advirtieron que no podría soportarlo. Todos los hombres estaban presentes para ver cómo ella tomaría su primera lección de equitación, cuando hubo muchas risas y especulación sobre si podría mantenerse en el lomo del caballo o no.
 
Habiendo tenido experiencia en el frente, y consciente de las profecías de que ella se daría por vencida a la primera caída, Boggatt se aferró a su caballo como la parca.
 
«No me caí ni más ni menos veces que los otros principiantes», dijo, sonriendo.
 
Al principio ella estaba temerosa de dormir en las barracas con todos los hombres, pero luego de las primeras tres semanas durmió en un cuarto con treinta de ellos. Ellos la trataron como una buena camarada, y ni siquiera una vez fue insultada o se le hizo sentir diferente por ser mujer.
 
Pasó el examen final con notas más altas que muchos de los hombres, y algunos de ellos le pidieron que los ayudara. A veces la gente se burlaba de los hombres por tener a una mujer en su regimiento. «No tenemos mujeres», ellos respondían. Entonces agregaban, «¡Oh! ¿Quiere decir Boggatt? Ella es sólo uno de nosotros».
 
Llevaba el uniforme ordinario y vivía en las mismas condiciones que el resto. Cuando se fue, le entregaron un reloj de oro de hombre inscrito con muchos nombres.

sábado, 22 de mayo de 2021

¿Qué es el socialismo?

¿Qué es el socialismo?

 

Escrito por Samuel Santibañez

Publicado originalmente por Militante



 Este documento realiza una breve explicación de nuestra concepción del socialismo, como producto de lucha de clases dentro del capitalismo y como expresión de la acción consiente y colectiva de los trabajadores. Una sociedad basada en la lucha individual por la supervivencia jamás puede ser una sociedad socialista. El socialismo implica alcanzar un nivel crítico de producción por el que esta disputa individual desaparece y con ella la verdadera prehistoria de la humanidad. Será el momento en que la sociedad humana se desprenderá definitivamente y sin vuelta atrás del reino animal, iniciando la verdadera historia de la humanidad, no regida por las fuerzas ciegas de la naturaleza y del capitalismo sino por la cultura, la conciencia y la voluntad de los hombres. Alcanzar ese nivel de progreso sólo puede venir de la mano de la planificación democrática de la economía a escala internacional liberando la producción de los límites de la propiedad privada y del Estado nacional; y este primer paso que es la planificación de la economía primero en un país y luego a una escala más amplia, sólo puede venir del triunfo de la revolución socialista en varios países. Existen las condiciones objetivas para el desarrollo de la humanidad a niveles sin precedentes y también existen las condiciones sociales y políticas para la revolución. Pero, de igual manera que en el pasado, el triunfo de los procesos revolucionarios no está garantizado de antemano, es un proceso vivo que depende de muchos factores pero especialmente de la existencia de partidos revolucionarios con un programa claro. La teoría marxista del Estado no sólo no ha fracasado sino que ha sido la única en dar explicación a los procesos de la ex URSS y los demás países del Este. Pero la teoría, por más correcta que sea, para convertirse en una fuerza material, tiene que apoderarse de la conciencia de las masas y esa tarea depende de la voluntad, de la capacidad de difundir y consolidar las fuerzas del marxismo. El marxismo defiende la propiedad colectiva de los medios de producción no por cuestiones sentimentales o consideraciones de justicia universal, sino porque es una forma de propiedad que permitiría avanzar a la humanidad a un estadio social superior. Durante un periodo determinado la propiedad individual de los medios de producción impulsados por la búsqueda del beneficio individual, supuso un progreso importantísimo para la humanidad. Este sistema impulsaba la reinversión de buena parte de los beneficios en nueva maquinaria, tecnología, nuevos campos de investigación, que tenían como objetivo el aumentar más aún los beneficios, pero que en último término redundaba en el incremento de la productividad del trabajo humano, que es la base más importante sobre la que se puede construir una sociedad más próspera.

La economía planificada

La sociedad capitalista ha llevado la producción y la productividad a tal nivel que resulta fácil entrever lo que sería posible hacer si todo ese potencial se pudiese utilizar para las mejoras de las condiciones de vida, la cultura y la salud de la mayoría de la sociedad. Un potencial que bajo el capitalismo, en su etapa de decadencia, es imposible realizar precisamente por la existencia de la propiedad privada. Para la humanidad la sed de beneficios capitalista implica ahora muchísimas más lacras que ventajas: hambre, guerras, prostitución, mafia, desempleo masivo... La especialización internacional del trabajo y la concentración de la producción a escala mundial permitiría, con una economía planificada globalmente, satisfacer inmediatamente las necesidades de la población de todo el planeta. Seguramente la producción de carne de Brasil y Argentina, en pocos años, podría satisfacer las necesidades de todo el planeta, por poner sólo un ejemplo. La enorme capacidad productiva existente ahora se convierte bajo el capitalismo en una situación absurda: por un lado millones de personas desempleadas y por otro, las que tienen la suerte de trabajar, sobreexplotación salvaje. Todo eso para que una ínfima minoría siga manteniendo su lujosa vida multimillonaria. Esta es la lógica del máximo beneficio. En una economía mundial planificada, en la que se sacara partido de la especialización alcanzada en los diferentes países y la capacidad productiva global, lo que bajo el capitalismo se considera como un "exceso" de producción, se convertiría en una satisfacción inmediata de las necesidades básicas, la reducción inmediata de las horas de trabajo y el trabajo en condiciones dignas para todo el mundo. La planificación de la economía sólo se puede hacer efectiva con la expropiación de los grandes medios de producción y de la banca, ahora en manos de los capitalistas. Según la teoría marxista, todos los medios de producción serían propiedad de todos los trabajadores, con independencia del puesto que cada trabajador, individualmente, ocupara en la producción. La planificación tendría un criterio, un objetivo: incrementar globalmente la calidad de vida de toda la humanidad, empezando por las necesidades más inmediatas y continuando por las nuevas necesidades que indudablemente surgirán en una sociedad de este tipo donde, por fin, el acceso a la cultura y a la ciencia será masivo. La eficacia de la economía planificada dependerá de dos factores: el control y la participación democrática de todos en la gestión y toma de decisiones y también en el grado de centralización del plan, es decir, de su capacidad de aprovechar los recursos existentes considerando todas las ramas de producción de todos los países (o el máximo posible de ellos). En lo económico, la concepción anarquista de la sociedad futura es sustancialmente diferente. Proudhon proclamaba una sociedad en la que los productores se asociaran libremente, mediante uniones voluntarias. A diferencia de la sociedad socialista, la propiedad de los medios de producción no pertenecería al conjunto de la clase obrera sino a los trabajadores que directamente trabajan en dicha empresa, que pasaría a ser una comuna independiente. A diferencia del capitalismo, una empresa dejaría de tener un sólo propietario, el patrón, y tendría muchos propietarios individuales, los trabajadores que en ella trabajan. De entrada, el problema de esta concepción, que en esencia es una versión idealizada de la sociedad de pequeños productores que precedió al capitalismo moderno, es que choca con el propio desarrollo que ya han alcanzado las fuerzas productivas en la actualidad. Evidentemente sería ridículo que funciones desarrolladas por corporaciones de dimensión internacional, como las telecomunicaciones, el transporte aéreo, el ferrocarril, la electricidad, tuvieran que pasar a escala comunal, con sistemas propios e independientes. Este hecho demuestra hasta qué punto el sistema de comunas es una utopía reaccionaria, un retroceso. Pero vayamos a la cuestión esencial. Una vez expropiados los capitalistas ¿quién toma las decisiones y bajo qué criterios? La respuesta que da el anarquismo a estas cuestiones viene predeterminada por la idea de que en su modelo de sociedad no se puede delegar decisiones que afecten al conjunto en ningún organismo, puesto que en este mismo hecho reside el pecado del ‘autoritarismo'. El tipo de sociedad basado en comunas, o unidades de producción autónomas, se desprende de criterios de tipo moral. ¿Pero qué sucedería en la práctica? Sin un plan centralizado, que determinara constantemente las necesidades globales de consumo y de producción y la proporción entre las distintas ramas de la producción, el único medio por el cual los productos llegarían a su destino sería a través del mercado. En el mercado manda la ley de la oferta y la demanda e imprime una dinámica determinada a la producción: la competencia, los cierres... Aquellos sectores de la producción que fabriquen más de lo que el mercado pudiera absorber necesariamente tendrían que cerrar o bajar los precios para competir, disminuyendo los salarios. Por el contrario, aquellos trabajadores que tuvieran la suerte de que sus productos fueran muy demandados podrían tener altos salarios. Bajo el capitalismo el flujo de inversión tiende, anárquicamente, a compensar estos desequilibrios. La inversión fluye hacia la producción de mercancías en que la oferta es insuficiente con relación a la demanda y huye de los sectores donde hay saturación. Estos procesos, que bajo el capitalismo son traumáticos, pues implican cierres de empresas sin otra alternativa que el desempleo, no tienen por qué producirse en una economía planificada donde se pueda prever de antemano las necesidades. El exceso de mano de obra en un sector puede redundar en la reducción de las horas de trabajo o en la potenciación de nuevas ramas de producción. Inevitablemente las decisiones que se tengan que tomar transcenderían los intereses particulares de tal o cual sector de la producción, intereses que por otro lado ni siquiera tendrían por qué existir dado que los trabajadores tendrían una conciencia verdaderamente colectiva de la producción, ¡hecho que en gran medida ya existe bajo el capitalismo! A un plan global inevitablemente corresponderían organismos centrales, una banca pública única, un servicio de comunicaciones único, un sistema de seguridad único, etc.

¿Con qué criterios se tomarán las decisiones?

El todo no es la simple suma de las partes. La sociedad socialista no sería la simple suma de fábricas colectivizadas, es una combinación totalmente superior. En sustitución del mercado es esencial la participación de la todos los trabajadores en todos los aspectos de la economía y de la política. La causa del colapso de los países ex estalinistas no fue la centralización de la economía -debido a los mezquinos intereses nacionales de la burocracia de cada país fueron incapaces de llevar adelante un plan verdaderamente internacional- sino la centralización burocrática, en la que la toma de decisiones a todos los niveles de la producción y la distribución, en una economía ya muy avanzada, se hacía entre un puñado de burócratas sin la participación de los trabajadores. En una economía socialista basada en la democracia obrera, cualquier descubrimiento técnico que supusiese un ahorro del trabajo humano o una mejora de la calidad de vida, automáticamente tendría aplicación generalizada. Eso no ocurre así en el capitalismo porque en este sistema lo que prima es el beneficio individual e inmediato. Los descubrimientos son más lentos porque la investigación se hace en compartimentos aislados debido a la competencia entre las diferentes multinacionales, interesadas en descubrir primero, y obtener así una ventaja temporal. Incluso muchos descubrimientos tecnológicos no tienen aplicación porque no son considerados rentables a corto plazo y porque a la burguesía le resulta más ventajoso incrementar la productividad a costa del aumento de los ritmos de trabajo o de las horas de trabajo, como de hecho está ocurriendo ahora. Si finalmente los descubrimientos tecnológicos se incorporan a la producción, el efecto que eso tiene en el capitalismo es el incremento del desempleo. Es normal que bajo el capitalismo el trabajador esté totalmente desincentivado y encuentre su trabajo totalmente rutinario. En una economía planificada, con el desarrollo tecnológico que ya existe, con los avances en el terreno de la comunicación y la informática, la participación de los trabajadores en los procesos de producción y distribución sería más factible que nunca. Cualquier descubrimiento en cualquier parte del mundo tendría una aplicación generalizada, sin el estorbo de la competencia nacional, eso dispararía la creatividad de los trabajadores, que dejarían de sentirse como un complemento de la máquina que genera beneficios para otros. Todos los trabajadores estaríamos verdaderamente interesados en el progreso técnico porque eso redundaría inmediatamente en más tiempo libre, más calidad de vida. De esa manera se avanzaría verdaderamente a una sociedad superior, socialista, en la que gradualmente se podría hacer efectiva la idea de "a cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus posibilidades".

Las Fuerzas productivas

El capitalismo ha desarrollado a lo largo de su existencia las fuerzas productivas, la tecnología y el conocimiento humano a una escala jamás alcanzada anteriormente. Objetivamente este desarrollo permite acabar de una vez y para siempre con todos los problemas que asolan a la mayor parte de la humanidad como son el hambre, las enfermedades, el desempleo, etc. El obstáculo para que eso sea una realidad es la naturaleza del sistema capitalista. El fin de la producción no es satisfacer las necesidades sociales sino el afán individual de beneficios de los capitalistas. Los problemas sociales no se derivan de la insuficiencia del desarrollo económico sino de la propiedad privada de los medios de producción. La actual fase del capitalismo es de declive y decadencia. ¡Es ya incapaz de explotar a los explotados! El desempleo masivo unido a la generalización del empleo precario y la incapacidad del sistema de garantizar el futuro a la actual generación de jóvenes son, por sí mismos, una prueba de que el capitalismo ya no sirve, que es un sistema socialmente caduco. Existe una alternativa al capitalismo que es el socialismo, una sociedad basada en la planificación consciente y racional de los recursos existentes en beneficio de todos. No hay ningún obstáculo objetivo para que, partiendo del nivel de desarrollo actual, se puedan reducir progresivamente las horas de trabajo, incrementar los salarios y aumentar sustancialmente el nivel de vida y cultural de toda la población de la Tierra. Sin embargo el capitalismo no cae por sí solo dando lugar al socialismo. Sin la lucha organizada y consciente de la clase obrera el capitalismo no desaparecerá. La contradicción más importante de la situación actual es que las principales organizaciones de los trabajadores están dominadas por el reformismo, que no tienen una alternativa al margen del sistema capitalista. El hecho de que eso sea así se debe a que el proceso de formación y consolidación de las direcciones de los partidos y sindicatos obreros no refleja automáticamente las necesidades objetivas e históricas del proletariado. Durante todo un periodo, tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo desarrolló las fuerzas productivas de forma espectacular en los países capitalistas avanzados, haciendo posibles toda una serie de concesiones, conseguidas con la lucha, pero que han dado un margen importante al reformismo. La idea de que se podían conseguir mejoras sin salirse del marco capitalista tenía una base material. Esas circunstancias empezaron a cambiar a partir de la crisis capitalista de 1973. Desde entonces de forma paulatina la burguesía ha lanzado un ataque contra todas las conquistas anteriores en el terreno de la sanidad, educación, empleo, derechos laborales, libertades democráticas.

La lucha por las reformas

La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo, la crisis de las condiciones clásicas en las que el reformismo tiene posibilidad de consolidarse. En la medida en que hay menos margen de concesiones, el reformismo se transforma cada vez más, en la práctica, en contrarreformismo. El hecho de que el dominio del reformismo se prolongue más tiempo de lo que sería normal se debe a que la relación entre los procesos políticos y económicos no son automáticos. El reformismo sin reformas y los consiguientes pactos y manejos por arriba con la burguesía puede tener un efecto desmoralizador entre los trabajadores en la medida en que no existe una alternativa revolucionaria. La caída de participación en los sindicatos y partidos obreros actúa como un balón de oxígeno para los dirigentes reformistas, que se ven menos presionados por la base. La ausencia de una alternativa revolucionaria con una influencia de masas en esas circunstancias, tiene un doble efecto: por un lado facilita la influencia que tiene el reformismo en las organizaciones obreras y por otro lleva a un sector de los trabajadores y de la juventud hacia posiciones ultraizquierdistas. Ambos fenómenos son dos caras de la misma moneda y están interrelacionados. Especialmente entre la juventud eso facilita el surgimiento de pequeños grupos anarquistas o semianarquistas cuyas ideas se basan en la lucha contra los "partidos", contra los "dirigentes", en la indiferencia entre "izquierda y derecha", etc. Esos fenómenos no son nada nuevos. Sin embargo la existencia de sindicatos, partidos, dirigentes, izquierda y derecha obedece a razones históricas y sociales muy profundas como para que puedan desaparecer por muy mal que actúen sus dirigentes. La construcción de un genuino partido marxista con influencia de masas, es la tarea central para garantizar el éxito de la revolución; esto sólo puede hacerse sobre la base de la defensa de un programa socialista consecuente junto con un método correcto de aproximación a los trabajadores y a los jóvenes allí donde ellos se encuentren. El reforzamiento de un movimiento revolucionario sólido no puede hacerse sobre la base de un enfrentamiento sectario, sobre la base de insultos hacia las organizaciones obreras y sus dirigentes. Los efectos de esos métodos no hacen mella en la influencia de los dirigentes reformistas y en todo caso les refuerza. Un movimiento revolucionario serio sólo tiene posibilidad de disputar al reformismo su posición en el movimiento obrero y juvenil si es capaz de demostrar que son los más consecuentes luchadores contra la burguesía y contra el sistema capitalista. Pero eso no se consigue despreciando la lucha reivindicativa por mejoras inmediatas, sino relacionándola con una perspectiva más amplia y con unos métodos de lucha que pongan en evidencia ante los trabajadores que los reformistas no quieren luchar ni tienen una alternativa. Tampoco se consigue planteando reivindicaciones que no son parte de la preocupación de la mayoría de los jóvenes y trabajadores, aunque puedan parecer muy radicales. En el futuro es inevitable que se desarrollen luchas cada vez más duras y masivas entre la burguesía y el reformismo actual, bastante derechizado, que tendrá cada vez más dificultades para mantener su influencia y su control sobre las organizaciones obreras. En el periodo que entramos es inevitable que haya giros a la izquierda y desmarques por parte de determinados dirigentes respecto a la política seguida hasta el momento. Eso tendrá enormes efectos políticos en la conciencia de los trabajadores y los jóvenes, creará muchas ilusiones y tarde o temprano se incrementará el nivel de participación de los trabajadores y los jóvenes en la vida política. Eso se expresará inevitablemente en las organizaciones obreras. La construcción de una alternativa revolucionaria no se hace de un día para otro ni en base a cuatro consignas, ni a cuatro fetiches organizativos. Es un trabajo paciente que combina la intervención práctica con un estudio serio de todos los procesos revolucionarios habidos a nivel internacional.

El papel de la teoría

La teoría es una guía para la acción y también es una condensación de toda la experiencia previa del movimiento obrero. El desprecio a la teoría, a la política, no puede conducir a otra cosa que a asumir inconscientemente una política y una teoría determinada. Ningún modelo organizativo artificial, llámese horizontal o lo que sea, puede sustituir a un programa y unos métodos revolucionarios correctos. El optimismo y la confianza del marxismo en el futuro se basan en que la experiencia del movimiento obrero le lleva necesariamente a conclusiones marxistas y revolucionarias. Pero el ritmo de ese proceso no es un factor secundario, la revolución no se produce al margen de la contrarrevolución, de ahí que el desarrollo, la difusión y la organización de un movimiento marxista y revolucionario sea en último término una cuestión decisiva. La podredumbre del sistema capitalista no garantiza automáticamente su derrocamiento y su sustitución por un sistema más justo y más próspero para todos. El marxismo tiene el mérito de haber aportado al conocimiento humano un método de análisis científico para comprender la historia y, muy particularmente, de haber elevado a un nivel consciente la lucha de la clase obrera contra la explotación capitalista. La historia de los últimos 200 años ha conocido innumerables panaceas políticas que han tratado, cada cual a su modo, de salvar a la clase obrera sin comprender la naturaleza de la misma ni del propio sistema capitalista, al que condenan como una maldición producto del "egoísmo humano y del deseo de acumular dinero". Para el marxismo, en cambio, la existencia del capitalismo ha sido una etapa necesaria, e inevitable, en el largo y espinoso camino de la humanidad hacia su auténtica liberación, aún con todos sus crímenes y horrores. Sólo con un alto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y de la cultura podrá erigirse una nueva sociedad digna de ser llamada humana. El capitalismo, utilizando los eslabones dejados por las sociedades humanas que quedaron atrás, ha creado las bases para erigir esta sociedad. Sin estas bases, que comprenden el extraordinario desarrollo alcanzado por la industria, la agricultura, los descubrimientos científicos, las comunicaciones y la cultura, la humanidad continuaría vegetando en la escasez y la mezquindad. "... Este desarrollo de las fuerzas productivas (...) constituye también una premisa práctica absolutamente necesaria, porque sin ella sólo se generalizaría la escasez y, por tanto, con la pobreza, comenzaría de nuevo, a la par, la lucha por lo indispensable y se recaería necesariamente en toda la inmundicia anterior" (Carlos Marx y Federico Engels, La ideología alemana, pág. 36. Ed. Grijalbo). Mientras que en las sociedades anteriores al capitalismo estaba justificada la existencia de una capa minoritaria y ociosa de la población, que vivía del trabajo excedente producido por la mayoría, para que dispusiera de tiempo para hacer ciencia, tecnología, filosofía, cultivar las diversas artes, y así poder hacer avanzar la sociedad sobre las espaldas de millones de hombres y mujeres explotados y oprimidos, bajo la moderna sociedad capitalista ya no existe ninguna justificación para que esto continúe así. Al igual que ocurrió con el sistema esclavista y con el sistema feudal, el sistema capitalista, si bien ha jugado un papel tremendamente revolucionario, se ha convertido ya en un sistema agotado, caduco y obsoleto que amenaza con conducir a la humanidad hacia la barbarie, y al que es preciso sustituir por un sistema social superior, el socialismo. El mercado mundial El control asfixiante que ejercen a nivel mundial un puñado de grandes monopolios, multinacionales y bancos para mantener los beneficios y privilegios de unos cuantos grandes capitalistas se ha convertido en una pesadilla que afecta la vida de millones de seres humanos en todo el mundo. Cada día mueren 30.000 niños de hambre, mientras que cien millones viven en la calle y 250 millones son obligados a trabajar. En contraste, las doscientas personas más ricas del mundo superan los ingresos del 48% más pobre. Estos y otros datos reflejan la injusticia y desigualdad en aumento que supone la llamada globalización, que no es otra cosa que la organización del comercio y la economía mundial al servicio de un puñado de grandes multinacionales imperialistas. El 80% de la humanidad vive en condiciones de pobreza y miseria crecientes. Si entre 1960 y 1970 la población que vivía con menos de un dólar al día era de 200 millones de personas, hoy son 1.300 millones. 800 millones padecen subalimentación crónica. En el polo opuesto, y según la propia ONU, poco más de 200 personas en todo el mundo tienen en conjunto los mismos ingresos que 3.000 millones de seres humanos. Entre 1960 y 1993 la parte de la riqueza de los más ricos del planeta pasaba del 70% al 85%, y la del 20% más pobre retrocedía del 2,3% al 1,4%. 100 millones de niños viven en la calle y hay más de 250 millones de niños a los que se obliga a trabajar. La carga de la deuda de los países más pobres representa el 94% de su producción económica global, aunque en algunos casos llega al 125%. En 1980 la deuda total de los países subdesarrollados era de 600.000 millones de dólares, en 1990 era de 1,4 billones y en 1997 era de 2,7 billones de dólares. En siete años la deuda ha aumentado en ¡770.000 millones de dólares!. En este mismo período los países subdesarrollados, han pagado 1,83 billones de dólares en concepto de pago de servicios de la deuda: por cada dólar recibido en concepto de ayuda, los países del Tercer Mundo han reembolsado once en servicio de la deuda. Y la situación no ha hecho más que empeorar hasta el día de hoy. Los últimos veinte años se han caracterizado no sólo por la polarización de la riqueza entre los países desarrollados y los subdesarrollados (Norte y Sur), sino también por la enorme brecha abierta entre ricos y pobres. La pobreza ya no es exclusividad del mundo subdesarrollado: en Europa hay 57 millones de pobres y en EEUU 38 millones. Entre los tres magnates de Microsoft tienen más dinero que todo el presupuesto gastado por EEUU en programas para erradicar la pobreza y la marginalidad. Por otro lado, la aparición del desempleo masivo está minando las bases estables, las reservas sociales que se crearon tras la II Guerra Mundial en los países capitalistas. Según las cifras oficiales de la ONU, el desempleo mundial alcanza a 120 millones de personas, pero otras estimaciones independientes sitúan el desempleo real en cerca de 1.000 millones. Pero este desempleo no es paro cíclico, ni se puede definir como el ejército de reserva que en tiempos de recuperación económica es absorbido. Se trata de desempleo estructural, que permanece en las épocas de boom y aumenta en la recesión de la economía. El capitalismo es un sistema social condenado por la historia. Las guerras, las enfermedades que asolan países enteros, el hambre o los desastres ecológicos no sólo no disminuyen sino que aumentan año tras año. Incluso en los países capitalistas más desarrollados estamos viendo cómo desaparecen conquistas históricas de las familias trabajadoras que costaron años conseguir, instalándose por todas partes la precariedad en el empleo, largas jornadas de trabajo y una sensación de incertidumbre ante lo que nos depara el futuro.

La clase obrera

Como hizo la burguesía en su juventud contra el feudalismo, corresponde ahora a la clase obrera dirigir la lucha contra este sistema y sus sostenedores. La burguesía no puede existir sin la clase obrera, pues su riqueza depende de la explotación de la fuerza de trabajo. Es en ese sentido que Marx planteó que la burguesía creó a sus propios sepultureros. Lejos de la fantasía de los académicos y plumas pagadas de la burguesía acerca de la supuesta "inexistencia" de la clase obrera, está llamada a ser la sepulturera del sistema capitalista. Su papel en la producción capitalista y sus particulares condiciones de vida y trabajo hacen que ninguna otra clase o capa oprimida de la sociedad pueda sustituirla en esa tarea. Las clases medias, por su heterogeneidad, modo de vida y papel en la producción, están orgánicamente incapacitadas para comprender la auténtica naturaleza del sistema capitalista. Debido a su posición en la sociedad y su trabajo aislado, no se enfrentan a un enemigo de clase directo. Todos sus males parecen provenir de la incapacidad o de la mala voluntad de los gobernantes, o de la cólera divina. Los obreros, en cambio, ven la fuente de sus males en su patrón, que es el que les baja el salario, el que les obliga a echar horas extras, el que les explota y el que les despide. Para defenderse necesitan de la máxima unión entre todos los compañeros de trabajo, de aquí su mentalidad solidaria, colectiva y anti individualista. Sus propias condiciones de trabajo refuerzan esta mentalidad. Todo proceso productivo necesita, para funcionar, la implicación de todos los obreros de la empresa. Cada uno de ellos es un eslabón necesario en el proceso productivo. Esa interdependencia mutua en el proceso de trabajo refuerza dicha mentalidad colectiva. La lucha de los trabajadores de cualquier empresa pone de manifiesto una ley muy importante de la dialéctica: el todo es mayor que la suma de las partes. La fuerza combinada de los obreros en una empresa luchando por los mismos intereses es muchísimo mayor que la presión aislada de cada uno de ellos, que es la situación en que se coloca el pequeño burgués de clase media. El socialismo es la ideología natural de la clase obrera. Cuando la lucha de los obreros contra el patrón de su empresa llega a su punto más agudo, se producen ocupaciones de empresas o se retienen a los directivos en su interior. En esos momentos es cuando se pone de manifiesto "quién manda aquí". La idea de expropiar al patrón y el sentimiento de que la empresa debe ser de propiedad común entre los trabajadores nace, en un momento determinado, como un desarrollo natural de su conciencia. La idea de la propiedad común nace de su condición obrera. Para que la empresa pueda seguir funcionando, no se puede dividir en trozos y repartir entre los trabajadores, sino que debe mantenerse unida trabajando todos en común. También toda huelga general pone sobre la mesa, pero a un nivel superior, "quién manda aquí", y la identidad de intereses de clase entre todos los sectores de la clase obrera. Más aún en una situación revolucionaria. La propia división del trabajo en la economía capitalista, y la interrelación de todos los sectores económicos entre sí, hace extender esta misma idea para el conjunto de las fuerzas productivas. De ahí que la expropiación de toda la clase capitalista, y su control y dirección en común por toda la clase obrera, representa sólo una generalización sacada de la experiencia de los obreros con cada empresa particular. Las propias condiciones de vida que crea el capitalismo, establecen las bases para la futura sociedad socialista. Mientras que en la vieja economía agraria cada familia tenía su casa, su pozo, sus propios medios de hacer lumbre, de alimentarse y vestirse, y sus condiciones de vida particulares, hoy las familias obreras viven en común (ciudades, barrios y edificios comunes), con un sistema de electrificación, de conducción de aguas, de telefonía, de transporte público, y de adquisición de medios de consumo, comunes. Todo esto refuerza aún más esa mentalidad antiindividualista y socialista en la conciencia de las familias obreras.

Internacionalismo proletario

El capitalismo es un sistema mundial. La división del trabajo establecida por la economía capitalista a lo largo y ancho del planeta liga indisolublemente los países y los continentes unos con otros. Ningún país, ni siquiera los más poderosos y desarrollados pueden escapar al dominio aplastante del mercado mundial. Los Estados nacionales, igual que la propiedad privada de los medios de producción, se han convertido en obstáculos formidables que estorban el desarrollo de las fuerzas productivas. Ambos son los causantes de las crisis económicas, de las guerras y de los odios nacionales entre los diferentes pueblos. Su eliminación es la condición básica para comenzar a solucionar los problemas y las calamidades que la humanidad tiene ante sí. La clase obrera es una clase mundial. El mismo tipo de explotación, los mismos problemas y los mismos intereses ligan a la clase obrera en todo el mundo. El internacionalismo proletario, que se ha puesto de manifiesto incontables veces en más de 150 años de explotación capitalista -con la construcción en diferentes momentos de organizaciones obreras internacionales y revolucionarias, así como en la solidaridad con la lucha contra la explotación capitalista en innumerables países-, no es una mera consigna de agitación sino la base imprescindible para unificar la lucha de la clase obrera mundial, para luchar por la transformación socialista de la sociedad en todo el planeta, pues sólo a nivel mundial se dan las condiciones para construir el socialismo. Las grandes empresas multinacionales y los modernos medios de transporte y de comunicación unifican las fuerzas productivas y relacionan a los seres humanos de una manera nunca vista antes en la historia y permiten, por primera vez, planificar de manera armónica y democrática los recursos productivos en interés de toda la humanidad, y no de un puñado de parásitos y privilegiados como ha ocurrido hasta ahora. Una revolución socialista triunfante en un solo país tendría efectos electrizantes en la conciencia y en las perspectivas de los trabajadores de todo el mundo, particularmente si se tratara de un país importante, y sería la antesala de la revolución socialista mundial. Es verdad que en una época normal de la sociedad capitalista no están todas estas ideas presentes en la conciencia de la mayoría de la clase obrera. Para ello hace falta experiencia, una situación revolucionaria que rompa la rutina y la inercia de la sociedad, y un partido marxista con influencia entre las masas que ayude al conjunto de los trabajadores a sacar las últimas conclusiones de dichas experiencias revolucionarias. La enorme contribución de Marx y Engels a la causa de la clase obrera no fue haber inventado una panacea social para acabar con la injusticia en este mundo, sino haber comprendido y sacado a la luz los intereses inconscientes que revelaba la lucha de la clase obrera contra la explotación capitalista, para hacer así consciente a la clase obrera de los objetivos históricos que se derivaban de esta lucha, los cuales sólo pueden concluir con la transformación total de las relaciones de producción capitalistas y su sustitución por unas nuevas relaciones de producción en el marco de una sociedad socialista. Sólo con la desaparición de la propiedad privada y la planificación en común de las fuerzas productivas creadas por el ser humano, podrá avanzar la humanidad hacia su auténtica liberación, preservando las conquistas que ha atesorado durante toda su historia en el terreno de la tecnología, la ciencia, el pensamiento y la cultura, para elevarlas indefinidamente.

Una alternativa revolucionaria al capitalismo

Frente a esta explotación global vemos también el desarrollo de una respuesta. Una movilización popular creciente y cada vez más masiva empieza a extenderse por todo el mundo dispuesta a plantar cara a las instituciones y multinacionales imperialistas. Desde Seattle a Barcelona, pasando por Praga o Génova, las manifestaciones contra esta globalización de la opresión al servicio de las multinacionales han reunido a centenares de miles de jóvenes y también a sectores cada vez más importantes y numerosos de trabajadores. Hemos asistido y asistiremos a magníficas irrupciones de masas en nuestra América Latina. El fantasma de la revolución recorre un país tras otro a ritmos extraordinarios. Argentina, Venezuela, Bolivia, ..., México no es ni será la excepción. A condiciones similares procesos similares. Es obligación de todo obrero consciente prepararse teóricamente para los enormes acontecimientos a los que asistiremos en este país. La huelga general demuestra en última instancia que el auténtico poder en la sociedad capitalista reside en la clase trabajadora, sin cuyo amable permiso sería imposible que funcionaran ni las fábricas, ni el transporte, ni las minas, la enseñanza o los hospitales. La fuerza de los trabajadores hoy es mayor que en ningún momento de la historia reciente, sin embargo la contradicción es que su dirección está más alejada que nunca de ofrecer un programa revolucionario y socialista. La tarea, pues, de los sectores más conscientes de los trabajadores y la juventud es la de construir esta dirección revolucionaria, empezando por forjar una fuerte tendencia marxista en el seno del movimiento obrero organizado. La lucha debe continuar, extenderse y -lo más importante- dotarse de una alternativa clara y revolucionaria a las políticas explotadoras del capitalismo. Los marxistas participamos en la lucha contra el capitalismo global como en la lucha de clases, defendiendo en primer lugar que no se puede hablar de capitalismo y globalización como de dos cosas distintas. Es un error plantear como eje de la reivindicación un capitalismo más democrático, más humano, con más proteccionismo económico..., y limitarse a poner controles a los movimientos de capital o defender una distribución más justa de la riqueza dentro de este sistema (con medidas como la Tasa Tobin) como plantean algunos dirigentes de ATTAC y otras organizaciones. Bajo un sistema como el capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y la búsqueda del máximo beneficio, la división internacional del trabajo entre los distintos países o la mundialización de los intercambios comerciales y los movimientos de capital no pueden realizarse nunca en beneficio de la mayoría de la sociedad sino de una minoría cada vez más reducida y parásita. Tampoco podemos tener como horizonte la democratización de instituciones imperialistas como el FMI, BM, OMC o la propia ONU. Los capitalistas han creado dichas instituciones para defender su sistema de explotación y oprimirnos, si dichas instituciones dejaran de serles útiles para explotarnos se dotarían de otras nuevas para ejercer su dominio. En nuestra opinión la alternativa debe ser acabar con el capitalismo y expropiar a las multinacionales, la banca y los terratenientes, poniendo toda esa riqueza creada con nuestro trabajo, que hoy se embolsan unos pocos, bajo el control democrático de todos los trabajadores y explotados. Ello permitiría planificar democráticamente la economía y hacer posible un orden económico internacional socialista, justo y solidario en el que los recursos se empleen no en función del interés privado de las multinacionales sino de las necesidades económicas, sociales, culturales y medioambientales de la mayoría de la humanidad. Una sociedad socialista, donde la democracia fuera una realidad tangible, totalmente diferente a la actual dictadura del capital o a los regímenes estalinistas, donde una casta burocrática de funcionarios utilizaban el nombre del socialismo para defender sus privilegios materiales.

Otro mundo es posible, sí, pero sólo en una sociedad socialista

Los trabajadores, sindicalistas y jóvenes que participamos en El Militante, estamos empeñados en la tarea de construir un fuerte movimiento marxista de masas, en llevar las ideas de la revolución socialista al seno de las organizaciones de los trabajadores para agrupar a miles de luchadores en torno a la bandera y el programa del socialismo. Si estás en contra de la barbarie capitalista, si te opones a las agresiones imperialistas, si luchas por un mundo socialista liberado de opresión y basado en la democracia directa, si estas a favor del internacionalismo proletario, lucha con nosotros. ¡Únete a los marxistas de Militante! ¡Contra los ataques de la derecha y el capitalismo: ni pactos, ni consensos! ¡Defender nuestros derechos sólo es posible con la lucha organizada! ¡Contra la opresión capitalista, por el Socialismo!

 


#SendBarron y la Furia Épica

  #SendBarron y la Furia Épica : La guerra: Beneficios para los capitalistas a cambio del sacrificio de la juventud trabajadora.     “…...