Eppur si
muove
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| Eppur si muove |
En 1633 fue juzgado Galileo Galilei
por la Santa Inquisición, que lo obligó a abjurar las declaraciones que hacía
en su libro Dialogo sobre los grandes
sistemas del mundo. Más de 400 años después, la iglesia perdonó
oficialmente a Galileo, el cual se levantó de su tumba y declaró (con ayuda de Brecht,
Koestler y otros autores) ante este nuevo jurado lo siguiente:
Señores de la Corte:
Seguramente creen que estoy aquí
para agradecerles que me hayan perdonado. No es así. El motivo de mi presencia
en esta sala es dejar en claro algunos puntos de vista sobre mi comportamiento
en el pasado. Si abjuré sobre mis declaraciones escritas en el Dialogo era por temor a ser torturado y
morir (deben recordar que en ese entonces yo tenía más de setenta años y estaba
ya muy cansado). No porque lo escrito ahí vaya contra la verdad. No pueden
comprender la esencia de la naturaleza porque ésta fue escrita en un lenguaje inaccesible para ustedes: las
matemáticas. La religión ha perdido su antiguo poder y no podrá recobrarlo
jamás, pues no puede afrontar los cambios con el mismo espíritu con que lo hace
la ciencia. La religión tendría que haber aprendido algo del juicio que
injustamente se me hizo hace tantos años en el cual fui condenado por ustedes
mismos. Eso creí, pero veo que me he equivocado, veo que siguen siendo los
mismo “pigmeos mentales” e “idiotas brutos” y difícilmente podrán ser llamados
humanos.
No acepto su perdón porque no lo
necesito. Deberían disculparse conmigo, aunque eso tampoco me importa. Ustedes
son ahora los reos en un juicio donde la naturaleza ya los condenó (aunque en
este caso de manera más justa). A la edad de setenta y dos años perdí la vista
y me queje amargamente con mi amigo Diodati: Éste cielo, esta tierra, este
universo que yo, con maravillosos descubrimientos y claras demostraciones
agrandé cien mil veces superando la creencia de los hombres sabios de edades
pasadas se contraerá en adelante para mí al pequeño espacio que puedan llenar
mis sensaciones físicas. Sin embargo, eso ya tampoco me importa, yo sin ojos
veo mejor y más que ustedes que presumen de una vista perfecta.
Debo agradecerles que hayan prohibido mi libro. Nada alcanza
mayor difusión a los ojos del mundo que lo secreto. Quizá eso permitió un divorcio
más rápido entre la ciencia y la fe, lo cual levantó las ansias para la búsqueda de la verdad, por caminos
ocultos a la religión.
Ahora con más razón que nunca puedo decir las palabras
famosas que nunca pronuncié en el juicio, pero que ahora son una realidad inobjetable:
“Eppur si muove”.
(Por la trascripción y su reacomodo, Manuel López Michelone)
Nota de Luigi: El anterior texto es la transcripción íntegra
de Eppur si muove, nota publicada en el periódico mexicano La Jornada entre los
años 1986 y 1989. La imagen que acompaña al texto es la fotografía del recorte
que por esos años hice de dicha nota, mismo que conservo en físico hasta el día
de hoy. Traté de localizar la fecha exacta de su publicación consultando a la
hemeroteca digital de La Jornada, pero no tuve éxito. Quizá una visita a la Hemeroteca
Nacional de la UNAM para hacer la búsqueda en periódicos físicos podría arrojar
mejores resultados, ojalá en algún momento se presente la oportunidad de ello.








Interesante! Galileo nunca aceptó trabajar conjuntamente con Kepler, incluso lo ninguneó (según Koestler). Saludos Luigui!!
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