viernes, 10 de abril de 2020

Eppur si muove


Eppur si muove
Eppur si muove

En 1633 fue juzgado Galileo Galilei por la Santa Inquisición, que lo obligó a abjurar las declaraciones que hacía en su libro Dialogo sobre los grandes sistemas del mundo. Más de 400 años después, la iglesia perdonó oficialmente a Galileo, el cual se levantó de su tumba y declaró (con ayuda de Brecht, Koestler y otros autores) ante este nuevo jurado lo siguiente:

           
Señores de la Corte:
            Seguramente creen que estoy aquí para agradecerles que me hayan perdonado. No es así. El motivo de mi presencia en esta sala es dejar en claro algunos puntos de vista sobre mi comportamiento en el pasado. Si abjuré sobre mis declaraciones escritas en el Dialogo era por temor a ser torturado y morir (deben recordar que en ese entonces yo tenía más de setenta años y estaba ya muy cansado). No porque lo escrito ahí vaya contra la verdad. No pueden comprender la esencia de la naturaleza porque ésta fue escrita en un  lenguaje inaccesible para ustedes: las matemáticas. La religión ha perdido su antiguo poder y no podrá recobrarlo jamás, pues no puede afrontar los cambios con el mismo espíritu con que lo hace la ciencia. La religión tendría que haber aprendido algo del juicio que injustamente se me hizo hace tantos años en el cual fui condenado por ustedes mismos. Eso creí, pero veo que me he equivocado, veo que siguen siendo los mismo “pigmeos mentales” e “idiotas brutos” y difícilmente podrán ser llamados humanos.
            No acepto su perdón porque no lo necesito. Deberían disculparse conmigo, aunque eso tampoco me importa. Ustedes son ahora los reos en un juicio donde la naturaleza ya los condenó (aunque en este caso de manera más justa). A la edad de setenta y dos años perdí la vista y me queje amargamente con mi amigo Diodati: Éste cielo, esta tierra, este universo que yo, con maravillosos descubrimientos y claras demostraciones agrandé cien mil veces superando la creencia de los hombres sabios de edades pasadas se contraerá en adelante para mí al pequeño espacio que puedan llenar mis sensaciones físicas. Sin embargo, eso ya tampoco me importa, yo sin ojos veo mejor y más que ustedes que presumen de una vista perfecta.
Debo agradecerles que hayan prohibido mi libro. Nada alcanza mayor difusión a los ojos del mundo que lo secreto. Quizá eso permitió un divorcio más rápido entre la ciencia y la fe, lo cual levantó las ansias  para la búsqueda de la verdad, por caminos ocultos a la religión.
Ahora con más razón que nunca puedo decir las palabras famosas que nunca pronuncié en el juicio, pero que ahora son una realidad inobjetable: “Eppur si muove”.
(Por la trascripción y su reacomodo, Manuel López Michelone)



Nota de Luigi: El anterior texto es la transcripción íntegra de Eppur si muove, nota publicada en el periódico mexicano La Jornada entre los años 1986 y 1989. La imagen que acompaña al texto es la fotografía del recorte que por esos años hice de dicha nota, mismo que conservo en físico hasta el día de hoy. Traté de localizar la fecha exacta de su publicación consultando a la hemeroteca digital de La Jornada, pero no tuve éxito. Quizá una visita a la Hemeroteca Nacional de la UNAM para hacer la búsqueda en periódicos físicos podría arrojar mejores resultados, ojalá en algún momento se presente la oportunidad de ello. 


1 comentario:

  1. Interesante! Galileo nunca aceptó trabajar conjuntamente con Kepler, incluso lo ninguneó (según Koestler). Saludos Luigui!!

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