Tras las elecciones del pasado 6 de junio Morena no sólo
logró retener la mayoría en la Cámara Federal de Diputados, sino que además
escaló de 6 a las 18 gubernaturas bajo su administración a la vez de transformarse
en mayoría en 19 congresos locales. En ambos casos Morena se ha logrado posicionar
como la principal fuerza política local en más de la mitad de México.
Se trata de un nuevo escenario político que además de darle a Morena posiciones políticas significativamente mayor a las que tenía tras las elecciones de 2018, se traduce en un serio revés para los partidos de derecha, el PRI, el PAN y el PRD, los cuales fracasaron en su intento por arrebatar la mayoría a Morena en el congreso federal a un costo extraordinariamente alto al salir muy debilitados del reciente proceso electoral.
Pese al tanque de oxígeno que le obsequió la torpeza de la dirección
de Morena en la CDMX al facilitarle el triunfo al PRIAN-PRD en 9 alcaldías, el
terreno perdido por los partidos de derecha y ganado para la 4T, pone a esta en
una relación de fuerzas significativamente superior a la que tenía hasta antes
del pasado 2 de junio. En otras palabras, AMLO y la 4T ahora tienen menos obstáculos
de frente para profundizar su política, en especial aquella que tiene que ver
con atacar la pobreza para elevar los niveles de vida de la clase trabajadora y
demás sectores oprimidos de la sociedad.
A través de las pasadas elecciones del 2 de junio, los
trabajadores y el campesinado pobre de buena parte del país decidieron eliminar
muchas de las trabas que tenía frente a sí AMLO y la 4T para impulsar su
política, mandando al mismo tiempo de esa manera un claro mensaje a la derecha,
e incluso al imperialismo, en el sentido de que los pobres de México no
claudicaran en sus aspiraciones de cambio.
Al igual que en 2018, el pasado 2 de junio nuevamente las masa oprimidas de México cumplieron con creces la tarea asignada, ahora es el turno de AMLO, la 4T y Morena para cumplir.









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