Luis Enrique Barrios
Publicado originalmente el 225 de
marzo de 2008 en Militante
La nacionalización de la industria
petrolera de 1938 a cargo del entonces presidente Lázaro Cárdenas, representó
un gigantesco paso al frente por parte del pueblo trabajador en su lucha por
sacudirse la opresión imperialista, en este caso la británica. El objetivo de
esta medida fue totalmente claro: luchar para que la explotación del petróleo
se trasformara en una fuente de beneficios para los trabajadores y campesinos
pobres. No se trató de una tarea fácil, tras la iniciativa del presidente
Cárdenas, México fue sometido a toda clase de presiones imperialistas y víctima
de sabotajes a la industria recientemente expropiada.
Sólo el empuje del proletariado
mexicano, al lado de la resistencia indomable de los trabajadores petroleros
para sacar adelante a esta industria, fue capaz de neutralizar el acoso del
imperialismo británico, el cual le quería cobrar con sangre, sudor y lágrimas
la osadía que tuvo el pueblo trabajador mexicano para desafiar a las
principales empresas petroleras del mundo en aquellos años.
PEMEX y la economía.
La expropiación petrolera y la
conformación de PEMEX, se trasformaron en una factor de bastante peso para el
impulso de la economía y para los planes de desarrollo social que
incrementarían significativamente las redes sanitaria, educativa, de
infraestructura (carreteras, puentes, presas...) también para el fomento y
fortalecimiento de distritos de riego agrícola en algunas regiones del país,
para apoyar los subsidios al campo y un largo etcétera. Además la consolidación
de PEMEX, facilitó la nacionalización de la industria eléctrica en 1960 y su
posterior desarrollo. Así, en un contexto en el que PEMEX fue un pilar muy
importante, la industria bajo propiedad del Estado se pudo fortalecer hasta
lograr ocupar el 50% de la economía nacional.
De este modo, la medida
antiimperialista lanzada en 1938 por el presidente Cárdenas y apoyada
masivamente por los trabajadores, se transformó en un significativo motor de
desarrollo, del cual el proletariado y el campesinado pobre lograron arrancar
distintos beneficios importantes. Sin embargo, a 70 años de su expropiación, la
industria petrolera se encuentra ante un grave peligro. Calderón y sus huestes,
perros falderos de la burguesía y del imperialismo, están preparando la
ofensiva más abierta y descarada para asegurar que, bajo una fórmula de
privatización disfrazada, la “asociación” de PEMEX con trasnacionales
petroleras, los beneficios del petróleo se orienten más decididamente a
engrosar las cuantiosas fortunas de los banqueros y los empresarios nacionales
y extranjeros.
Si bien este intento de Calderón es
el más cínico, sus acciones no son otra cosa más que la continuidad y
profundización de una política iniciada durante la primera mitad de la década
de los ochentas por los gobiernos del PRI, para después ser heredada por las
administraciones panistas.
El colapso económico mundial de los
años 70 y el estancamiento de los ochentas (la llamada “década perdida” de
América Latina) supusieron un duro revés para la burguesía nacional y del
mundo. Para superar la crisis y resarcir los beneficios de la burguesía, los
diferentes gobiernos se dieron a la tarea de trasladar la crisis a la espalda
de los trabajadores impulsando medidas como, por ejemplo, imponer políticas de
choque salarial y, en cuanto a la industria pública, privatizarla gradualmente.
Bajo este esquema, que aseguraba que los benéficos que recibía el Estado fueran
transferidos a la burguesía nacional y a las trasnacionales, fueron
privatizadas desde los ochentas a la fecha, más de mil empresas paraestatales.
De esta manera fueron privatizadas a precio de remate las minas, las
fundidoras, Telmex, etcétera.
Así los multimillonarios beneficios
con que contribuían todas esas empresas, dejaron de ser empleadas para la
construcción de más escuelas, hospitales y para otra serie de necesidades de
los trabajadores y sus familias, para en adelante parar en el bolsillo de
hombres como Carlos Slim, dueño de Telmex, quien el año pasado fue clasificado
como el multimillonario más acaudalado del mundo. Las privatizaciones se
hicieron bajo la promesa hipócrita de que dichas mediadas se traducirían en
bienestar para los más pobres y en un resorte para la economía. No obstante,
por donde se le busque, es imposible encontrar el más mínimo beneficio para los
trabajadores. Por el contrario, los pobres son más pobres y mayor en número.
Por otro lado, las privatizaciones y
los ingresos que el Estado ha logrado por este medio, no han significado ningún
estímulo firme para la economía nacional: durante décadas la economía mexicana,
con una desarrollada industria en poder del Estado, experimentó un crecimiento
promedio anual del 6% para después, tras arrancar las privatizaciones, sólo
obtener un crecimiento marginal y lejano al del pasado. Un ejemplo que expone
claramente este fenómeno es el caso de la administración de Fox en la cual, a
lo largo de seis años la economía sólo creció en un ridículo 2.2%. La
privatización silenciosa.
No obstante el proceso privatizador y
las jugosas ganancias que ha significado para la burguesía, el gobierno, por
temor a las consecuencias políticas, no se lanzó a privatizar en el sentido
clásico de la palabra (la venta abierta como fue el caso de Telmex, por
ejemplo) a la industria eléctrica y petrolera, optando por tros caminos, la
privatización silenciosa, modificando leyes secundarias que aseguraran que el
capital privado pudiera beneficiarse de diferentes maneras a través del sector
energético. De ese moro es como hoy en día, el 35% de la electricidad en el
país la generan empresas privadas, marginado de esa labor cada vez más a la
Comisión Federal de electricidad (CFE). En el caso de PEMEX, la apertura al
capital privado también ha sido de diferentes maneras. Un caso es el de las
funestas Pidiregas (Proyectos de Impacto Diferido en el Gasto) por medio de las
cuales PEMEX recibe inversión privada bajo la forma de deuda y que arrojan
estupendos beneficios para los inversionistas.
Bajo esta forma de deuda, creada por
Zedillo el cual la calificó como la “solución final”, con la intención de compensar
la caída de la inversión del Estado sobre PEMEX, la cual pasó del 2.9 del PIB
en 1983 a tan sólo el 0.57% en 2007, dicha empresa ha sido y sigue siendo
saqueada. Las Pidiregas, que en 1998 integraban el 63% del financiamiento sobre
PEMEX y que en este año ese porcentaje creció hasta el 449%, se han trasformado
en una enorme carga y una fuente para desfalcar a la industria petrolera,
prueba de ello es que el año pasado se tuvieron que cubrir compromisos de pago
para este tipo de inversiones por 103 mil millones de pesos.
Además se pronostica que en los
próximos 23 años PEMEX tendrá que desembolsar 150 mil millones de dólares para
amortizar y cubrir este tipo deuda. Gracias a ello PEMEX es ahora la empresa
petrolera más endeudada del mundo. Tan sólo con esas cantidades, las cuales
paran ahora en manos de los inversionistas, PEMEX podría desarrollar su
infraestructura sacándola de la ruina a la que ha sido condenada por el PAN y
en PRI. Por ello, los trabajadores debemos pronunciarnos y luchar para que las deudas
de PEMEX sean canceladas y ese dinero sea empleado para el desarrollo de esta
industria.
También, otra forma de saque de PEMEX
por medio de la privatización silenciosa han sido los diferentes contratos de
servicios y obras que el gobierno le ha otorgado a distintas empresas privadas,
tanto nacionales como extranjeras. Un caso representativo de esta política es
el de la petrolera española Repsol, la cual en 2003, durante el gobierno de
Fox, logró el primer Contrato de Servicios Múltiples (CSM) que le permite
extraer durante 20 años gas natural de la Cuenca de Burgos, en el bloque
Reynosa-Monterrey el cual cuenta con reservas probadas de 57 mil 800 millones
de pies cúbicos de esta materia prima.
Por si fuera poco, dicha trasnacional
petrolera recientemente ha recibido otro contrato por 15 mil millones de
dólares que le permite venderle gas natural a la CFE. En conjunto los
diferentes contratos que a la fecha ha otorgado PEMEX ya alcanzan una cantidad
que se estima en 88 mil millones de dólares. De todos ellos también se han
beneficiado personajes de las altas esferas del poder público, tales como
Calderón, quien fungió como secretario de energía en el gobierno de Fox y Juan
Camilo Mouriño, actual secretario de gobernación y exsubsecretario de energía
al lado del primero.
Otro elemento a destacar sobre estos
contratos es el caso de la empresa Haliburton, la cual ya es la principal
contratista extranjera con PEMEX con 160 contratos con una valor de 2 mil
millones de dólares para la perforación y el mantenimiento de pozos. La
cuestión es que en este caso el asunto trasciende el mero ámbito de los
negocios, adquiriendo un carácter geopolítico relacionado con la política de
seguridad nacional del Departamento de Estado yanqui. Un informe publicado por
La Jornada del 20 de enero del año en curso destaca lo siguiente: La decisión
del gobierno federal de permitir una mayor participación de Halliburton en la
industria energética mexicana constituye un paso hacia la incorporación del
país a los intereses del aparato de seguridad y defensa de Estados Unidos,
según el experto John Saxe-Fernández, de la Universidad Nacional Autónoma de
México (UNAM). “Ninguno de los anteriores gobiernos había llegado a tanto”, lo
que es más grave cuando se trata, como con el actual, de un gobierno sobre el
que existen dudas respecto de su legitimidad, abunda John Saxe-Fernández,
especialista en temas energéticos y estratégicos... El vicepresidente de
Estados Unidos, Richard Cheney, fue presidente de la empresa y, antes, en un
curioso movimiento como de puerta circular en el que se confunde lo público con
lo privado, había ocupado, durante la primera guerra del Golfo Pérsico, la
cartera de secretario de Defensa... Documentos del gobierno estadunidense
obtenidos por este diario y citados en un reporte de agosto de 2002 dieron
cuenta de que Halliburton Corporation recibió de la administración federal de
Estados Unidos cientos de millones de dólares en subsidios y apoyos para lograr
contratos con PEMEX...
El imperialismo yanqui es un gigante
industrial tremendamente sediento de petróleo y necesita garantizar un abasto
seguro, desafortunadamente para sus intereses la inestabilidad política de
Oriente Medio no implica una garantía para ello. En Irak las cosas están lejos
de ser resueltas; las tensiones con Irán son fuertes y en Arabia Saudita el
régimen es débil e inestable. Por si fuera poco, la Revolución Bolivariana de
Venezuela, uno de los principales abastecedores de petróleo a suelo yanqui,
también representa una seria amenaza para la demanda de crudo de los Estados
Unidos de América.
Por eso el imperialismo yanqui tiene
que mirar hacia a otros lugares en búsqueda de un abasto petrolero más seguro y
que le dé mejores garantías. De tras de la actual ofensiva privatizadora de
Calderón, están los monopolios petroleros al lado de los intereses estratégicos
del imperialismo yanqui.
El desmantelamiento de PEMEX.
La penetración de toda esta clase de
empresas privadas para sacarle jugo a PEMEX, se desarrolló bajo el amparo de la
política de los gobiernos priístas y panistas de abandono de la paraestatal a
lo largo de 25 años. Durante todo ese tiempo se ha estado desmantelando y
asfixiando a PEMEX, empresa que tiene la importancia de asegurar
aproximadamente el 40% del gasto público. En la actualidad prácticamente toda
la producción depende prácticamente de los pozos construidos en los años 70,
particularmente de Cantarel el cual ya está agotando su capacidad productiva.
La refinación y la explotación del petróleo y el gas, para obtener derivados,
ha sido llevada al mínimo de tal manera que en la actualidad se tiene que
importar el 40% de las gasolinas y el 25% del gas para cubrir la demanda
interna. Este factor ha tenido otro efecto pernicioso para las familias
trabajadoras mexicanas, pues producto de ello, en datos de diciembre del 2007,
la gasolina con un 12%, el gas con un 122.6% y la electricidad con un 196%, en
nuestro país poseen precios más caros que los existentes en suelo yanqui,
afectando de esta manera severamente los niveles de vida.
Para cubrir esos y otros vacíos, el
gobierno ha optado por abrirle las puertas al capital privado. Los gobiernos
del PAN y del PRI irresponsablemente, pero de manera totalmente consiente, han
empujado a la ruina a PEMEX.
A ello se agrega otro factor que
puede ser considerado como abierta privatización de los beneficios petroleros,
nos referimos al pago de la deuda pública, para el cual, por tan sólo poner un
ejemplo, a lo largo de todo el gobierno de Fox se emplearon 8 de cada 10
dólares obtenidos por ingresos del petróleo. Esta es otra manera de transferir
capital del erario público por medio de los beneficios de PEMEX, a los
banqueros nacionales y extranjeros.
Endeuda y saqueada, condenada a la
escasa inversión y sujeta a toda clase de abusos por parte del gobierno para no
emplear la riqueza de PEMEX en su propio desarrollo, la industria petrolera ha
sido empujada a la bancarrota. Resulta ridículo que tras haber obtenido 60 mil
millones de dólares como ingresos en 2007, tras el régimen tributario a la que
es sometida, finalmente PEMEX haya tenido que reportar perdidas ese año por mil
500 millones de dólares. Bajo esos términos es imposible que PEMEX levante
cabeza.
Nuevo impulso privatizador: Las aguas
profundas.
Pero ahora resulta que, a pesar de
las multimillonarias fortunas que han significado las políticas hacia PEMEX
para un puñado de burgueses, el nivel al que ha sido llevada la privatización
silenciosa y por la vía de los hechos, les resulta insuficiente. Los
capitalistas, y tras ellos Calderón y Mouriño, quiere más y están decididos a
ir tras los jugosos negocios que representan la exploración, la perforación y
la extracción de petróleo en aguas profundas. El argumento para ir a esta clase
de aguas es el enorme potencial en reservas petroleras que existen en ellas, al
lado de la sistemática declinación de la producción en Cantarel. Calderón y sus
compinches argumentan bajo toda clase de excusas, su insistencia para ir hacia
las aguas profundas, sin tomar en cuenta que en las aguas someras existen
reservas probadas por 15 mil millones de barriles, por ejemplo.
Además, otro factor que va en contra
de la necedad de Calderón, es el expuesto por un informe de la fracción
parlamentaria y publicado en La Jornada el pasado 17 de febrero en el que se
señala que: En el caso de México, Pemex ha informado que sólo se ha explorado
el 25 por ciento del territorio geológicamente susceptible de almacenar
hidrocarburos. Además, en la región marina, en la plataforma continental, con
tirantes de agua menores de 300 metros, la situación es similar. La tecnología
para descubrir y extraer reservas en estas dos regiones es del dominio de
Pemex. Se tienen identificadas en esas áreas unas 300 localizaciones para
perforar pozos de exploración. Lo lógico es que antes de explorar y explotar
recursos en aguas profundas Pemex invierta en esos lugares.
A todas luces está claro que la
manipulación de información y el aferre de Calderón y Mouriño junto a panistas
y priístas, para ir en búsqueda de petróleo a las aguas profundas, sólo
persiguen asegurar que ese jugoso negocio (se calcula que de dichas aguas se
podrían extraer 30 mil millones de barriles) quede en manos del capital privado
por medio de la figura de la “asociación” con PEMEX. Obviamente dar este paso,
para el cual se requiere modificar las leyes, acarrearía también enormes
fortunas para algunos gobernantes, panistas y priístas, por medio del tráfico
de influencias y los negocios familiares. Sobre esto último, el ejemplo actual
más patético, es el del secretario de gobernación Mouriño.
La defensa de PEMEX
Es verdad que la situación de PEMEX y
su capacidad para jugar su papel como un poderoso motor económico va en
decremento, por consecuencia son urgentes medidas que puedan revertir esta
situación, asegurando de esta manera que el petróleo se trasforme de nuevo en
un importante factor de desarrollo económico y social. Sin embargo, es
necesario resaltar que el punto crítico al que ha sido llevado a nuestra
industria petroleara es obra de una política conscientemente orientada por los
gobiernos del PAN y del PRI para desmantelar y hacerla obsoleta. Política en la
cual también la corrupción y el saque sobre PEMEX ha sido una constante.
Recientemente informó la Secretaría de Hacienda que PEMEX registra pérdidas de
14 mil millones de pesos por robo de gasolina. Para cualquier trabajador queda
claro que las voluminosas cantidades de gasolina robada que representan la
cantidad señalada por Hacienda, no se pueden perder así nada más.
Definitivamente que esa clase de robo es uno de los tantos negocios más que
tiene los altos directivos de PEMEX, coludidos con Calderón y al amparo de las
policías.
Además, como fieles perros de presa
de la burguesía, panistas y priístas le han abierto cada vez más las puertas al
capital privado, nacional y extranjero, para que hagan cuantiosas fortunas a
costillas de PEMEX y del petróleo mexicano. Ahora, bajo el pretexto de que la
única salida es “asociar” a PEMEX con empresas trasnacionales para extraer el
petróleo de aguas profundas, prácticamente pretenden abrir de par en par esas
puertas.
Todo lo anterior ha significado el
que los niveles de vida de los trabajadores y campesinos se vean seriamente
afectados, pues cada vez son mayores las cantidades de dinero que antes se
ocupaban para diferentes obras sociales y que ahora paran en los bolsillos de
los burgueses.
La modificación de las leyes,
impulsada por Calderón, para permitir la “asociación” de PEMEX con los
monopolios petroleros, pretende abrirle el paso a la burguesía nacional y al
imperialismo para explotar y enriquecerse del “tesoro” que está en las aguas
profundas. Pero además dicha medida pretende transformarse en la “punta de
lanza” y antesala para ya poner a PEMEX y al petróleo mexicano bajo un control
total y absoluto del capital privado y del imperialismo. A pesar del nivel tan
crítico al que ha sido llevado por la burguesía y sus gobiernos, PEMEX sigue
siendo una de las primeras empresas más rentables de todo el planeta; y las
reservas petroleras mexicanas aún son las suficientes como para que el capital
privado pueda hacer estupendos negocios durante varias década.
Calderón y Mouriño quieren entregarle
ese pastel completo a los capitalistas, los cuales lo ven con unos ojos de
mayor avaricia porque además el petróleo ha incrementado sus precios de manera
espectacular en los últimos cuatro años, ello al lado de que el petróleo
mexicano está prácticamente en las puertas de una economía que consume este
hidrocarburo a manos llenas y como un gigantesco monstruo que nunca termina de
saciar sus sed, el imperialismo yanqui.
Pero de continuarse por ese camino,
las cosas se complicarán aún más para el pueblo trabajador dado el papel que
por décadas han jugado el petróleo nacionalizado y PEMEX, empresa que, a pesar
de todo, sigue siendo la garantía de aproximadamente el 40% de los ingresos del
Estado. Es por ello, y por todo lo que ha representado PEMEX y lo que puede
representar en el terreno económico y social, que los trabajadores debemos
tener una postura firme y cerrarle el paso a toda costa a este nuevo intento
privatizador.
En su táctica de lucha presentada por
la Convención Nacional Democrática, encabezada por López Obrador, durante el
extraordinario mitin del pasado 18 de marzo, se plantean la toma de las cámaras
legislativas, de bancos, de aeropuertos y el cierre de carreteras. Todo ello de
manera gradual para, en caso de que Calderón no desista en sus planes
privatizadores, ir al Paro Nacional. Estas medidas representan un significativo
paso al frente, pero es importante señalar que Calderón y la burguesía no están
jugando, que por ello es de especial relevancia asegurar que estos llamados a
luchar no se queden en palabras y se pase a los hechos. Por ello es
determinante demandarle a AMLO que no dé ningún paso atrás en su táctica de
lucha y que por el contrario la fortalezca convocando a los sindicatos a esas
acciones.
Los dirigentes sindicales deben
unirse y convocar a las acciones que ya se han definido. Los sindicatos tienen
en sus manos el poder de paralizar al conjunto de la economía y no pueden
quedarse al margen de las acciones encaminadas a frenar la privatización de
PEMEX.
La lucha por el socialismo.
Pero para frenar definitivamente el
saqueo de PEMEX y todo intento privatizador, además de culminar con el abandono
en la que se le tiene, es necesario ir más lejos en esta lucha. AMLO como una
de sus medidas para remediar tal situación propone recortar todos los gastos
que tiene que ver con un montón de excesos por parte de los gobernantes,
ahorrando de este modo miles de millones de pesos que podrían ser destinados a
fortalecer y desarrollar la infraestructura de PEMEX. Estamos de acuerdo con
esta medida, pero es necesario señalar que aun faltaría más: por ejemplo PEMEX
está terriblemente endeudada, por consecuencia para sanear sus finanzas, es
necesario que dicha deuda sea desconocida y cancelada.
Por otro lado las empresas
contratistas, nacionales y extranjeras, son un auténtico parasito que le roba
cuantiosas sumas de dinero día a día a PEMEX, representando un freno también
para el desarrollo de esta última. Es por ello que los bienes de estas empresas
y su tecnología tienen que ser expropiados y nacionalizados para ponerlos al
servicio de PEMEX; por su parte los trabajadores de dichas empresas, sometidos
a una tremenda explotación y víctimas de la escasa existencia de derechos
laborales, tendrían que ser contratados por PEMEX y sindicalizados. Además,
sobre esta última cuestión, nuestra lucha también debe ir encaminada a expulsar
a el charro sindical Romero Deschamps y su pandilla quienes, a la vez de
corromper al sindicato, han sido importantes cómplices de los gobiernos del PAN
y del PRI para lanzar sus ataques contra PEMEX. ¡Por la democratización del
sindicato de trabajadores petroleros!
Pero todas estas medidas sin eliminar
la corrupción que correo PEMEX, sería insuficiente. En dicha corrupción los
principales actores son siempre los altos directivos y su sistema de mandos.
Ante ello es necesario sacar esa escoria y, para evitar la corrupción, poner a
PEMEX bajo la administración directa y democrática de los trabajadores. Por
supuesto que frenar este nuevo intento privatizador de Calderón, sería un
enorme paso al frente y todo un éxito para el movimiento.
Pero debemos tener en cuenta que a
pesar de ello, la gigantesca deuda de PEMEX y el parasitismo de las empresas
con las que tiene contratos seguirían pesando como una enorme loza que impide
que la paraestatal salga de su situación asfixiante. Por ello es necesario ir
más a fondo e impulsar medidas con las antes propuestas, para asegurar que el
petróleo mexicano se trasforme en una auténtica y poderosa maquinaria de
desarrollo social y económico. Por supuesto que Calderón y la burguesía se
opondrán a una política que afecte sus intereses, por ello es que el plan de
lucha en defensa de PEMEX también debe ir orientado a derrocar al espurio, e
instalar un gobierno de trabajadores, una democracia obrera, que expropie a los
terratenientes, a los banqueros y empresarios, para poner toda esa riqueza al
servicio del proletariado y el campesinado pobre.
La lucha por la defensa de PEMEX,
asegurando que se transforme en una verdadera fuente para abatir la miseria y
toda la barbarie capitalista, debe ser al mismo tiempo la lucha por el
socialismo.
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