Publicado originalmente el 8 de octubre de 2004 en Militante
El proletariado y el campesinado pobre mexicanos han tenido
que vivir en carne propia los estragos de la decadencia del capitalismo a lo
largo de un poco más de dos décadas.El proletariado y el campesinado pobre
mexicanos han tenido que vivir en carne propia los estragos de la decadencia
del capitalismo a lo largo de un poco más de dos décadas. Primero fue la
llamada “Década Perdida” en los años 80 cuando México, al igual que el resto de
naciones latinoamericanas, experimentó un periodo de estancamiento económico
derivando en profundos recortes para los niveles de vida en tanto la burguesía
y el régimen con el PRI a la cabeza, insistían en la necesidad de hacer
sacrificios a la espera de “tiempos mejores”.
En los años 90 la economía entró en un periodo de recuperación a tal grado, que a finales de esa década México ocuparía el décimo lugar entre las principales naciones exportadoras. No obstante, los frutos de los sacrificios hechos años atrás nunca llegaron para los trabajadores. Por el contrario. La clave de la competitividad de las exportaciones mexicanas consistió en abaratar los costes de producción atacando aún más los salarios y a través de elevar la productividad basándose en los recortes de personal. A la par, el trabajo precario fue masificado y los contratos colectivos aniquilados por miles.
Para finales de los 90, las tensiones sociales eran tantas que la burguesía se vio obligada a otorgar su apoyo al PAN y a Vicente Fox para hacer el relevo en la presidencia, tratando de sacarle presión a la olla y continuar así con ataques que el PRI ya no era capaz de llevar a cabo.
Sin embargo, el margen de maniobra se vería seriamente limitado en poco tiempo, pues la economía norteamericana perdería vigorosidad empujando a México al estancamiento económico. A cuatro años de gobierno de Fox la economía nacional de forma global apenas ha crecido medio punto.
Y como sucede cada vez que se presenta una crisis económica, los ataques no se han hecho esperar. En lo que al empleo corresponde, producto de estas circunstancias durante los primeros tres años del gobierno de Fox fueron despedidos aproximadamente un millón de trabajadores. Durante ese mismo lapso los salarios han retrocedido aproximadamente un 10 por ciento, acumulando un deterioro del 75 por ciento desde mediados de los años 80 a la actualidad.
Ya a finales de los 90, el aumento de la tensión social se empezaba a expresar en movilizaciones, frenando los diferentes intentos de Zedillo por privatizar la industria eléctrica. En ese mismo contexto se ubica la huelga estudiantil de la UNAM de 1998-99. Ahora, bajo el gobierno de Fox, esa tendencia al aumento en el nivel de lucha se ha visto incrementada. Cada vez que el gobierno ha intentado aplicar las contrarreformas mas ambicionadas por la burguesía y el imperialismo, en cada caso los trabajadores lo han forzado a dar marcha atrás.
Sin embargo, la burguesía sigue adelante con sus planes de ataque y Fox, desesperado por sacar cuando menos parte de la “tarea” se ha lanzado contra el Régimen de Jubilaciones y Pensiones (RJP) de los trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Este ataque se ha cristalizado legalmente por medio de la reforma a la Ley del IMSS hecha en el Parlamento el pasado 5 de agosto.
Aumento de la polarización social
Pero no sólo aumentan las luchas en el terreno sindical. Otro frente que se ha abierto es la lucha para impedir que el Jefe de Gobierno del Distrito Federal (DF), el perredista López Obrador (AMLO), sea desaforado.
El apoyo de AMLO se basa en algunas reformas que ha llevado a cabo. Dichas reformas, aunque moderadas, han beneficiado a los sectores más oprimidos del DF, lo que ha creado enormes expectativas entre amplios sectores del campo y la ciudad de todo México.
La burguesía y el imperialismo están aterrados ante la perspectiva de un potencial gobierno del PRD con AMLO al frente. Temen que la presión desde abajo, la cual seguramente será muy fuerte, obligue a un potencial gobierno del PRD a aplicar políticas que lo distancien de los mandatos del FMI y el BM.
Las contradicciones son muchas y se han condensado en una mayor polarización social que se expresó el pasado domingo 29 de agosto, en una de las movilizaciones más grandes y extraordinarias de la historia del país. Grande por su asistencia, unas 500.000 personas, y extraordinaria por su combatividad: “Si quieren guerra, guerra tendrán”. Por primera vez en décadas la manifestación tuvo un contenido claramente político.
El nerviosismo del régimen
Fruto de estas movilizaciones estamos viendo como el régimen ya está titubeando. Así hemos visto a la Secretaría de Gobernación que, tras la movilización del 31 de agosto, señaló que el gobierno no presentaría para este periodo de sesiones de la Cámara de Diputados su propuesta de contrarreforma para la industria eléctrica. Si el régimen renuncia a la contrarreforma eléctrica, lo cual es probable, esto será un éxito para el movimiento obrero.
La burguesía tiene prisa y cierra filas
La burguesía ha reaccionado de forma histérica ante la evidente debilidad de Fox por un lado y el incuestionable proceso de recuperación del movimiento obrero. Exigen firmeza de parte del régimen. “Usted ha entrado al último bienio, no hay tiempo que perder” le dijo Alberto Núñez Esteva, dirigente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) a Fox durante un encuentro con empresarios en la ciudad de Monterrey el viernes 10 septiembre a la que asistieron parte de los más prominentes hombres de negocios.
Fox puede ser derrotado
El auge de la lucha de los trabajadores y de los demás sectores oprimidos del país y su cada vez más evidente voluntad de transformación social, a la par de la fuerte crisis y debilidad del régimen y de los partidos de la burguesía, han creado un ambiente muy incierto para la clase dominante en el cual ven como nunca en décadas sus privilegios en peligro. De ahí su nerviosismo y sus declaraciones histéricas en contra de los trabajadores.
Ahora lo que tiene Fox enfrente de sí es un torbellino que cada vez adquiere más y más fuerza. Sus planes y la arrogancia de la burguesía naturalmente empujan a los trabajadores y sus diferentes luchas hacia la unidad. Los sindicatos en lucha también han retomado la defensa de López Obrador (en sus movilizaciones es reiteradamente coreada la consigna de “ni un voto al PRI, ni un voto al PAN”) y el PRD y López Obrador han recogido para sí la bandera de la defensa de los trabajadores del IMSS.







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