Escrito por Luis Enrique Barrios
Publicado originalmente el 29 Abril
2008 en Militante
Culmina la toma de los recintos
legislativos: ni un gramo de confianza el debate parlamentario. Marchemos hacia
la huelga general
Tras dos semanas de haber sido
tomadas las tribunas de las cámaras de diputados y senadores por los
legisladores del Frente Amplio Progresista (FAP) integrado por el PRD, PT y
Convergencia, éstas han sido devueltas para normalizar la vida del Congreso de
la Unión. Dicha toma se dio como una medida para luchar al lado de las movilizaciones
en las calles, en contra de la reaccionaria iniciativa de reforma para PEMEX
presentada por Calderón el pasado 8 de abril.
Culmina la toma de los recintos legislativos: ni un
gramo de confianza el debate parlamentario. Marchemos hacia la huelga general
Tras dos semanas de haber sido tomadas
las tribunas de las cámaras de diputados y senadores por los legisladores del
Frente Amplio Progresista (FAP) integrado por el PRD, PT y Convergencia, éstas
han sido devueltas para normalizar la vida del Congreso de la Unión. Dicha toma
se dio como una medida para luchar al lado de las movilizaciones en las calles,
en contra de la reaccionaria iniciativa de reforma para PEMEX presentada por
Calderón el pasado 8 de abril.
La toma de dichas tribunas afectó
seriamente el funcionamiento regular del poder legislativo, logrando frenar los
planes de Calderón para que su contrarreforma se probara a pocos días de su
presentación, el llamado fast track.
El acto de los legisladores del FAP y
la acción en las calles por parte de las masas, abrieron una importante crisis
política que puso histéricos a los burgueses y a sus lacayos del PAN y del PRI,
así como al propio Calderón.
No era para menos, la toma de las
tribunas legislativas y el freno al fast track demostró una vez mas la
debilidad del régimen, factor que además le brindó mas confianza al movimiento.
Pero también dicha medida, a la ojos de las masas, era además un mensaje de uno
de los caminos a seguir en la defensa de PEMEX. Calderón y los burgueses se
sentían aterrorizados ante la forma en que esta medida podía ser interpretada
como ejemplo a seguir por la clase trabajadora y el campesinado pobre, para
luchar contra la privatización del petróleo y por otro tipo de demandas.
Por eso la burguesía y sus medios
informativos lanzaron una campaña negra de desprestigio contra la toma de las
tribunas, contra Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y contra el movimiento en
general. Se trató de una campaña tan hostil como la lanzada contra AMLO y los
trabajadores, antes de las elecciones del 2006 y, después de éstas, tras la
lucha contra el fraude electoral, quedando nuevamente de manifiesto el odio del
régimen y los burgueses contra la clase trabajadora; pero al mismo tiempo
también se expresó por este medio el enorme pánico que los banqueros y
empresarios le tienen a las masas cuando se deciden a luchar para defender sus
intereses.
La toma de las cámaras y las
movilizaciones de masas y otras acciones, como las tomadas por las Adelitas,
para defender PEMEX también derivaron en una confrontación entre el ala de
derechas del PRD, dirigida por Jesús Ortega, y la izquierda de este partido
representada por AMLO.
Se trata de disputas que se han ido
desarrollando desde hace tiempo producto de las diferencias políticas de dos
grupos dentro del PRD. AMLO representa a aquella capa de perredistas que están
mas próximos a las masas empobrecidas y sus aspiraciones, mientras que Jesús
Ortega y Nueva Izquierda encabezan a aquellos que pretenden que el PRD sea una
oposición dócil y sumisa ante los burgueses y el gobierno.
Sometidos por la enorme presión social
y el desarrollo de los acontecimientos, los integrantes de Nueva Izquierda no
tuvieron otro remedio mas que integrarse en contra de su voluntad a algunas
acciones políticas en la defensa de PEMEX, en particular a las tomas de las
tribunas. Sin embargo ya estando ahí se dedicaron con todos sus medios a tratar
de dividir el movimiento y a hacer todo tipo de maniobras para forzar la
entrega de los recintos parlamentarios. Todo ello provocó choques con AMLO y
sus seguidores en las cámaras, quienes no estaban dispuestos a ceder sin que
antes existiera una cuerdo con el PAN y el PRI en el que aceptaran que abría un
debate nacional de 120 días, acompañado de un compromiso de estos dos últimos
partidos para no convocar a una periodo extraordinario de sesiones del Congreso
de la Unión y evitar de esta manera que se aprobará en dicho periodo la
contrarreforma petrolera. Además exigían la creación del refrendo
constitucional.
No obstante que no se cumplió ninguna
de estas demandas, y sin tener en cuenta que la toma de las tribunas, combinada
con las acciones en las calles ya habían empezado a arrojar algunos frutos (por
ejemplo, ya varios diputados priístas habían anunciado su deseo de no apoyar la
iniciativa de Calderón) la toma de las tribunas por parte del FAP fue levantada
este 25 de abril.
Es cierto que la toma de las tribunas
frenó el fast track que pretendían panistas y priístas para aprobar la
contrarreforma privatizadora de PEMEX. Pero también es cierto que esta medida
sin las acciones de masas protestando en las calles, difícilmente habría
logrado ese resultado.
Pero frenar el fast track era la
primera tarea y no la última. El objetivo de fondo y el más relevante era, y
es, echar por la borda las intenciones privatizadoras de Calderón. Y esa tarea
aún no se ha cumplido, por ello lo logrado por la toma de la tribuna y las
negociaciones de los senadores perredistas Graco Ramírez y Carlos Navarrete no
pueden ser considerados como un triunfo, tal como lo expresó este último. AMLO
es consciente de ello y por eso insistió en mantener la toma de las tribunas
reforzándola con las movilizaciones de masas. Navarrete no atendió el punto de
vista de AMLO y junto con los legisladores de Nueva Izquierda maniobraron para
finalizar la toma de los recintos legislativos.
¿Cuál es el supuesto triunfo del que
nos habla el senador Navarrete? Germán Martínez, presidente del PAN, lo
responde: de acuerdo a sus recientes declaraciones, las acciones de resistencia
del FAP, "no le han quitado ni una coma a la iniciativa de reforma
energética...". (La Jornada 250408) Miente el coordinador de los senadores
perredistas, Carlos Navarrete, al señalar que ha sido un triunfo lo logrado con
la toma de las tribunas de ambas cámaras legislativas. Lo único que se logró
fue ampliar el periodo de debate de 50 a 71 días, culminando el 22 de julio,
pero nada se logró en la demanda de no convocar a un periodo de sesiones
extraordinarias, ni tampoco se obtuvo nada en la exigencia de referendo. Ambas
exigencias fueron simplemente ignoradas por panistas y priístas. No se debió
dar un paso atrás en la toma de dichas tribunas, no sólo hasta asegurar que esas
demandas fueran satisfechas, sino hasta tener plena garantía de que la
contrarreforma privatizadora de Calderón había sido derrotada.
El abandono de las tribunas
parlamentarias, no es otra cosa más que la obra de la derecha del PRD,
encabezada por Jesús Ortega, a la cual pertenecen Carlos Navarrete y Ruth
Zavaleta, corriente que en los hechos es una aliada del régimen.
PEMEX sigue en peligro, el debate
nacional no es otra cosa más que prolongar la agonía de esta paraestatal por
unos cuantos días. El debate nacional por sí mismo, no hará cambiar de opinión
a los panistas y priístas en sus intenciones de privatizar PEMEX. Sin la
presión en las calles y sin acciones de repudio más contundentes como las
definidas por el propio AMLO, como son la huelga general, la toma de
instalaciones de PEMEX, el cierre de aeropuertos y bancos, además del bloqueo
de carreteras, es un hecho que el plan privatizador de Calderón terminará
siendo aprobado por los panistas y priístas, pues éstos gozan de la mayoría en
ambas cámaras.
Los argumentos de Carlos Navarrete,
expuestos en al reunión entre AMLO y los coordinadores parlamentarios del FAP
en la madrugada del pasado día 23 de abril, son falsos a todas luces. Navarrete
señaló: "Yo sí creo en la vía parlamentaria", no creo que el debate
político sea "una pérdida de tiempo, no creo que podamos transformar al
país así. Debatamos". Creer que el debate hará cambiar de opinión a
Calderón y de los parlamentarios del PAN y del PRI, es como creer que una hiena
está dispuesta a comer lechuga en vez de carne podrida. O Navarrete es un
ingenuo o quiere engañarnos; pensamos que se trata de los segundo, pero sea el
caso que sea, su postura significa dejarle toda la iniciativa a la reacción
para que pueda avanzar sin obstáculos en la privatización de PEMEX.
Ni AMLO ni nadie que esté
verdaderamente dispuesto a defender el petróleo mexicano, se puede permitir el
confiar en ese debate ni en lo que suceda solamente en las cámaras de diputados
y senadores. Las movilizaciones en contra de la privatización del petróleo se
tienen que profundizar. La lucha parlamentaría para defender los intereses del
pueblo trabajador tiene sus límites naturales, límites que se recrudecen cuando
las fracciones parlamentarias del PRD encima de todo están infiltradas por sujetos
como los de la derecha integrada por la funesta corriente de Jesús Ortega,
llamada Nueva Izquierda.
AMLO no debe ceder a las presiones de
Navarrete, de Jesús Ortega y sus allegados, y se debe mantener firme. AMLO, al
responder a las ilusiones parlamentarias de Navarrete, señaló: "Que no se
confunda, si ellos (los priístas y panistas) se aflojaron fue por la toma de la
tribuna y por el movimiento, no por la negociación, entonces esto nos va a
llevar a que tengamos tiempos para que con el movimiento en la calle y con la
fuerza de la opinión pública vayamos por buen camino". La principal
defensa de PEMEX está en las calles y no en al interior de los recintos
legislativos.
AMLO y la izquierda del PRD tienen la
verdadera fuerza en este partido y en el FAP, y no existe razón alguna de peso
para depender de la derecha de Nueva Izquierda. Los Ortega, Navarrete,
Zavaleta, los Círigo y los Arce, son un obstáculo para el movimiento y su
fuerza se limita al aparato del partido. Su fuerza entre las masas, principal
motor de la lucha, es minúscula, así quedó nuevamente demostrado en la
movilización que encabezó Jesús Ortega, al margen de los actos convocados por
AMLO, para supuestamente "defender a PEMEX" a mediados de abril en la
que no asistieron más de 6 mil personas.
Nueva Izquierda lejos de representar
las aspiraciones de los millones de trabajadores y campesinos que desean
basarse en el PRD para transformar su realidad, son hostiles a éstos poniéndose
en la práctica al servicio del régimen de Calderón.
En el pasado reciente, durante el
Congreso Nacional del PRD de agosto del 2007, vimos a los integrantes de Nueva
Izquierda dando una batalla encarnizada para forzar al partido a reconocer al
gobierno espurio de Calderón. Después, en la toma de las tribunas legislativas
para la defensa de PEMEX, Ruth Zavaleta, escudada hipócritamente en su estatus
de Presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, actuó abierta y
reiteradamente en contra de esta acción de los diputados del FAP y además
amenazó, haciendo caso de las exigencias de Germán Martínez, presidente
nacional del PAN, con reprimir a los parlamentarios en lucha descontándoles sus
salarios por no haber asistido a las sesiones de este órgano legislativo.
También vimos al senador Graco Ramírez firmando el 22 de abril, en abierta
maniobra coordinada con el priísta Francisco Labastida, titular de la Comisión
de Energía del Senado, un acuerdo para abrir un debate de 70 días, tratándose
ésta de una propuesta muy lejana a los 121 días que reclamaba el FAP y sin
considerar la demanda de compromiso por escrito de que el PAN y el PRI no
convocarían a un periodo extraordinario. Tampoco era considerada otra demanda
del FAP consistente en crear la figura constitucional de referendo.
Una traición más es la de los diputados
federales de la corriente perredista Nueva Izquierda Ruth Zavaleta, Víctor
Montalvo y Moisés Dagdug Lutzow (este último, quien además ha manifestado
abiertamente que está de acuerdo con la privatización de PEMEX) quienes junto
con el PAN y el PRI votaron en la cámara de diputados este 25 de abril diez
reformas al Estatuto de Gobierno del Distrito Federal que en adelante le
impedirá a la fracción parlamentaria del PRD en la Asamblea Legislativa del DF
la mayoría calificada. Con esta iniciativa se pretende maniatar a los diputados
del DF, que en su mayoría son hostiles a Izquierda Unida, y fortalecer a los
panistas y priístas que son minoría en dicha Asamblea. También de esa manera,
los diputados de Nueva Izquierda podrán hacer alianzas para votar junto con
priístas y panistas las diferentes iniciativas que se presenten en el poder
legislativo de la Ciudad de México.
Nueva Izquierda siempre ha representado
un freno para el movimiento en general y para las bases perredistas en
particular. Su intención es impedir a toda costa que el PRD sea usado por parte
de los trabajadores como herramienta de lucha; el papel de esta corriente es
apoyar al régimen secuestrando al PRD. Nueva Izquierda repudia las
movilizaciones y aborrece que el PRD enarbole las demandas de los trabajadores
y luche contra las políticas antiobreras de los banqueros y empresarios. Por
ello se aferran al control del partido y luchan a toda costa para impedir el
reconocimiento del triunfo electoral por la presidencia nacional del PRD de
Alejandro Encinas sobre Jesús Ortega, como resultado de la contienda interna
del pasado 16 de marzo pasado.
Nueva Izquierda sabe que si el ala de
de AMLO y Encinas logra un mayor control sobre el PRD, los trabajadores y la
base de militantes podrían ver en todo esto con entusiasmos y como una
oportunidad para empujar al partido hacia delante, dándole un vuelco a este y
haciendo cosa del pasado los privilegios de que han gozado gente como Jesús
Ortega y sus secuaces. Pero lo más importante para Nueva Izquierda es impedir a
toda costa que el PRD se fortalezca para transformase en una sólida muralla que
frene los ataques de Calderón.
Las divisiones en el PRD entre aquellos
que quieren frenar el movimiento representados por Jesús Ortega, y los que
están luchando para impedir la privatización de PEMEX dirigidos por AMLO,
expresan la enorme polarización social que existe en nuestros país. Los
trabajadores debemos meter orden en casa y tomar medidas para tener una
participación organizada dentro del PRD, creando comités de base del partido y
lanzando una política que asegure se le cierre el paso a la derecha de Jesús
Ortega. Debemos luchar por corriente de izquierda socialista dentro del PRD que
trasforme al partido en una verdadera herramienta de lucha y transformación social.
La forma en que han actuado Ortega y su
gente de Nueva Izquierda en estos últimos días, ratifica que la lucha por la
defensa de nuestros intereses como clase trabajadora, en este caso en la
defensa de PEMEX, está ligada a la lucha por un PRD combativo, democrático y
socialista. Defender y rescatar a PEMEX de las garraras del capital nacional y
trasnacional es perfectamente posible, no podemos confiar en el debate nacional
ni en el debate parlamentario como nos lo quiere imponer el senador Carlos
Navarrete y su corriente Nueva izquierda, tenemos que pasar a la ofensiva dando
pasos firmes hacia la huelga nacional. Defender a PEMEX y derrocar a Calderón
tiene que ser las principales consignas por las que se llame a los trabajadores
a paralizar el país.







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