Oaxaca en Revolución: La trampa del reformismo
Escrito por Luis Enrique Barrios
Publicado originalmente el 26 de
octubre de 2006 en Militante
A más de 150 días de conflicto, los
acontecimientos de Oaxaca han entrado en una momento crucial en que pone frente
a todos una disyuntiva ante la cual es imposible encontrar un camino
intermedio: o la APPO logra extender el movimiento a nivel nacional por vías revolucionarias
o el cerco local favorece la intervención del régimen a sangre y fuego para
aplastar el movimiento. Revolución socialista o barbarie capitalista, esa es la
disyuntiva.
Desafortunadamente es precisamente la
búsqueda de ese camino intermedio lo que a estas alturas se está trasformando
en su contrario en la lucha del pueblo oaxaqueño. La formación de la APPO
representa un verdadero paso al frente en la lucha oaxaqueño; en los hechos la
APPO representa una soviet por medio del cual maduró el movimiento a un punto
tal que ha sido capaz de erigirse como órgano de poder popular capaz de
desafiar a estado burgués, en todos sus niveles: el municipal, el estatal
representado por Ulises Ruiz y el federal al mando de Vicente Fox. Este desafió
ha provocado que por la vía de los hechos los representantes del Estado burgués
no estén gobernando Oaxaca.
Los trabajadores de todo México
debemos mantener nuestro apoyo a la APPO y a la lucha del pueblo oaxaqueño, así
como retomar lo mejor de la experiencia de este órgano de poder. Pero también
es preciso señalar las limitaciones propias de la dirección del movimiento, las
cuales ya están teniendo un costo importante. Ejemplo de ello es la cuña metida
por Gobernación, trampa en la que sucumbió Enrique Rueda, dirigente de la
sección 22, para dividir a la principal fuerza del movimiento, el magisterio
oaxaqueño, y tratar con ello el aislar a la APPO para intentar doblegarla. De
no adoptar una política diferente, las cosas se pueden complicar para la APPO y
facilitar la irrupción violenta del Estado sobre los trabajadores y campesinos
de Oaxaca.
La lucha del magisterio inició
exigiendo demandas por mejoras salariales a través de la rezonificación. Esta
exigencia fue la que motivó el inicio del plantón del magisterio en el centro
histórico de la ciudad de Oaxaca. La cerrazón del gobernador Ulises Ruiz ante
la demanda magisterial provocó un violento intento de parte de las fuerzas
represivas del gobierno local para disolver el plantón. Después de una refriega
de horas los cuerpos policíacos fueron repelidos y el plantón se mantuvo. En
respuesta a la represión las masas oprimidas lanzaron monumentales
movilizaciones jamás vistas en la historia del país fuera del DF, se
organizaron en la APPO y adoptaron como principal demanda la caída de Ulises
Ruiz.
A estas alturas las ofertas para el
movimiento por parte de Fox han sido la de rezonificar al magisterio oaxaqueño,
otorgarles independencia económica a la Sección 22 de sindicato magisterial,
hacer una auditoria a la actual y a pasadas administraciones del gobierno
estatal, impulsar una reforma política para permitir el referéndum revocatorio
del gobernador , etcétera. Esas ofertas, en condiciones similares a las
existentes antes de que la APPO se trasformará en une verdadero órgano de poder
popular, podrían haber resultado suficientes. Pero conforme el conflicto se
desarrolló y la APPO fue trasformada en un órgano de poder, cualquier oferta
resultaría insuficientes si no iba acompañada de la caída del gobernador. Ello
dado que la APPO representó la irrupción en el movimiento de las masas
oprimidas más allá del magisterio. Y lo que transformó en una verdadera fuerza
a la APPO fue el odio de las masas hacia el régimen y hacia el sistema,
acumulado por años y años de opresión, humillación y explotación capitalista.
Oaxaca es uno de los eslabones más débiles del decrepito capitalismo mexicano y
generaciones enteras de oaxaqueños han tenido que padecer las consecuencias. La
búsqueda de una salida a la barbarie capitalista y su decadente expresión en
aquel estado transformó a lo que empezó como una lucha del magisterio, en el
catalizador que sacó a flote todo el odio acumulado durante décadas entre las
masas desposeídas de Oaxaca y que terminó por cristalizar en una demanda
política, que es a la vez la más importante del movimiento: la caída de Ulises
Ruiz.
Para las masas oprimidas de Oaxaca,
el gobernador encarna la representación de todo aquello que les ha hecho daño
durante muchos años. Ulises Ruiz concentra todo el odió acumulado por los
pobres de Oaxaca. Bajo estas circunstancias, en la medida de que el gobernador
ante los ojos de los desposeídos representa todo aquello que ya no quieren,
cualquier acuerdo que no contemple la destitución de Ulises Ruiz pasará como
una traición ante las masas.
Esto es exactamente lo que le ha
pasado al dirigente del magisterio, Enrique Rueda, quien insiste en terminar
con el paro de labores basándose en las ofertas de la Secretaria de Gobernación
y a pesar del rechazo del Senado de la República por declarar inexistentes los
poderes en Oaxaca.
No obstante el divisionismo
articulado por Gobernación e impulsado por Enrique Rueda, el movimiento se
mantiene firme en exigir la cabeza del gobernador. Esto choca con las claras
intenciones de Fox y el PRI para que esto suceda. El régimen tiene razones de
peso mas que importantes para evitar la caída de Ulises Ruiz, pues si las masas
oaxaqueñas logran este objetivo se estaría creando un grabe precedente para el
próximo gobierno panista: la caída de Ulises Ruiz le estaría enseñando a las
masas obreras y campesinas de todo México el camino a seguir en el caso de
Felipe Calderón. Esta es una cuestión intolerable para la burguesía.
Así pues, estamos ante una enorme
contradicción: por una lado la decisión de las masas oaxaqueñas para hacer que
caiga el gobernador y por otra la obstinación de la burguesía para impedir que
eso suceda. La solución a esa contradicción sólo tiene dos salidas: o el
movimiento es empujado hacia delante o el Estado termina por imponer violentamente
su voluntad.
La lucha de clases posee sus propias
leyes y estas indican que en una situación de doble poder como la que se vive
desde hace algunos meses en Oaxaca, la única alternativa para los trabajadores
es la de asentar el golpe definitivo al enemigo pasando al terreno de las
expropiaciones e instalando un gobierno obrero que organice al pueblo, lo arme
y le imponga su voluntad a los terratenientes y burgueses.
Algunos podrían argumentar en contra
de este punto de vista que Oaxaca no es México. Eso es cierto, en esa medida no
estamos planteando la toma del poder en ese estado y hasta ahí. Hemos insistido
en que Oaxaca es uno de los eslabones más débiles del capitalismo mexicano, en
esa medida la solución a los problemas de ese estado no está al margen de la
solución de la problemática del conjunto del capitalismo mexicano.
Conscientes de ello, por eso
insistimos en un programa de lucha que sacaría a la APPO del aislamiento
regional empujando la lucha a nivel nacional uniendo las demandas del pueblo
oaxaqueño a las del resto de los trabajadores y campesinos de todo el país y
vinculándolas con la lucha por el socialismo, es decir con la lucha por
expropiar a los banqueros, empresarios y terratenientes. Esta vinculación
programática tiene que ser apoyada por la convocatoria seria (por esto último
entendemos, una agitación decidida y que llegue a todos los trabajadores) a una
huelga general contra Fox, la imposición de Calderón y por la caída de Ulises
Ruiz. Las masas a nivel nacional por medio de la lucha contra el fraude
electoral, dieron sobradas muestras de su ánimo de combatividad. Un llamado
serio y bien organizado a la huelga general encontraría inmediata respuesta;
esa mas, esa huelga, considerando el actual nivel de polarización social, se
podría trasformar en una huelga insurreccional abriendo causes para que los
trabajadores, los campesinos y los soldados revolucionarios pasen al control de
la sociedad, nacionalizando las palancas fundamentales de la economía.
También es necesario impulsar
acciones políticas para lograr que los soldados desobedezcan a sus mandos y se
pasen de lado de la lucha del pueblo.
Una política de este tipo haría que
la problemática de Oaxaca se trasforme en una problemática de nivel nacional
formando órganos de verdadero poder obrero en cada uno de los estados del país
coordinados y organizados por una un órgano de poder popular (un soviet) a
nivel nacional.
Desafortunadamente este camino no lo
puede proporcionar el reformismo. Por muy buenas intenciones que se tengan, si
una dirección no se platea una política que supere los horizontes del
capitalismo lo único que le queda es la negociación. Sin embargo la lucha de
clases siempre llega a un punto en el que ya no hay lugar para la negociación,
un punto en el que la única disyuntiva es revolución o contra revolución. Y
bajo esas condiciones la negociación se puede transformar en la puerta para
derrotar al movimiento. De hecho el reformismo es el callejón sin salida en el
que ha entrado Enrique Rueda y oros dirigentes, quienes están siendo víctimas
de su propia política.
Pero el reformismo también es un
freno que está impidiendo que otros dirigentes a nivel nacional lancen acciones
decididas para apoyar la lucha de la APPO. Un caso a destacar es el propio
López Obrador el cual, a pesar de que lo puede hacer con toda facilidad, no ha
llamado a ninguna movilización en apoyo al pueblo de Oaxaca. El reformismo de
AMLO no le permite ver que la lucha de Oaxaca se ubica dentro del contexto
general de la lucha de clases del país, que la problemática de nuestros
hermanos revolucionarios de ese estado es de competencia de los millones que
salieron a defender el voto; que la problemática de unos y otros no es separada
sino la misma. AMLO puede convocar de un día para otro a cuando menos un millón
de personas en el Zócalo capitalino para frenar todo intento de reprimir a la
APPO y exigir la caída de Ulises Ruiz. Los trabajadores de todo el país le
debemos demandar al dirigente perredista que actué y tome cartas en la lucha
del pueblo oaxaqueño.
A pesar de las amenazas, Fox no se ha
atrevido aun a dar un golpe definitivo contra la APPO. Los titubeos del
presidente reflejan el nerviosismo de la burguesía para usar la violencia.
Saben que Oaxaca está en extremo lejos de ser algo similar a Atenco; saben que
incluso no es pobre la posibilidad de que, igual que sucedió en Sicartsa, la
fuerzas del orden resulten derrotadas; saben de los riesgos que implica la
posibilidad de tener que usar una ejército en el que el 70 % de las tropas
votaron por López Obrador; saben que existe la enorme posibilidad de que, a
pesar de los dirigentes nacionales, la represión en Oaxaca se podría
transformar en un incendio que empuje a las masas de todo el país a un nivel de
lucha superior al hasta ahora demostrado ¡La burguesía está atrapada en un
alambre de púas!
Todos estos elementos ponen en una
situación que le permite a la APPO adoptar una política distinta a tiempo. Pero
la APPO no tiene todo el tiempo del mundo, urge una asamblea con delegados
electos democráticamente que redefina la táctica y el programa de lucha del
pueblo oaxaqueño que le permita dar el brinco de la lucha local a la nacional y
empujar con ello hacia delante la lucha de los trabajadores de todo el país. El
único camino posible para ello es el programa y la táctica de los bolcheviques,
guiados por Lenin y Trotsky, quienes lograron unificar la lucha de toda la
Rusia de 1917 hasta llevar a proletariado al poder.







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