La insurrección revolucionaria de Oaxaca
Escrito por Luis Enrique Barrios
Publicado originalmente el 27 Agosto 2006 en Militante
¡A las barricadas!
A ya varios meses de desarrollo del
conflicto, el cual inició por medio de la lucha del magisterio oaxaqueño y que
después trascendió al resto de las capas oprimidas del estado agregándose otras
demandas, entre ellas la caída del gobernados priísta, Ulises Ruiz, la
insurrección revolucionaria de los trabajadores y campesinos pobres de Oaxaca
ha entrado en una etapa decisiva.
Ya hace unos días, el 18 de agosto,
atestiguamos un nuevo fortalecimiento del movimiento por medio del paro estatal
de labores de unos 80 mil trabajadores de 20 sindicatos oaxaqueños en apoyo a
la APPO. Y ahora, tras los hechos del pasado martes 22 (cuando paramilitares
asesinaron a Lorenzo San Pablo Cervantes al momento de lanzar una ofensiva
armada contra la guardia de las inmediaciones de la estación radiodifusora La
Ley 710 tomada por la APPO, y tras la arremetida de 600 policías estatales
contra el movimiento) y las posteriores acusaciones de la supuesta
participación de la guerrilla, el movimiento ha entrado en una nueva etapa.
Además de las barricadas, una consigan más que debe adoptar el movimiento de
trabajadores y campesinos pobres de Oaxaca es la integración de grupos de
autodefensa.
Obviamente la acusación sobre la
participación en el movimiento de la guerrilla, es solamente una estratagema
del gobierno de Ulises Ruiz para justificar una escalada represiva de un nivel
por mucho superior que pretenda aplastar el movimiento. Pero al mismo tiempo,
la pretensión de Ulises Ruiz por incrementar significativamente la represión
refleja la desesperación del gobernador que sabe que su cabeza pende de un hilo
en extremo delgado y que su caída se puede dar de un momento a otro.
La fuerza del movimiento dirigido por
la APPO ha tenido una trascendencia nacional a tal grado que el gobierno
federal de Fox se ha quedado paralizado ante él, insistiendo la presidencia de
la república que la solución a la lucha que se desarrolla en Oaxaca es
competencia del gobierno estatal y que por tanto no intervendrán con las
fuerzas represivas federales.
Tal actitud del gobierno de Fox no
expresa otra cosa más que su temor ante el efecto que podría tener una salida
violenta al conflicto oaxaqueño en un momento en el que a nivel nacional se
desarrolla una encarnizada lucha contra el fraude electoral. Este miedo ya
quedó de manifiesto en el reciente levantamiento de la huelga de la siderúrgica
Sicartsa, Lázaro Cárdenas, que se extendió del 3 de abril al 21 de agisto, y
que formó parte de la lucha de los mineros por defender su sindicato, y en la
que lograron los trabajadores, además de la indemnización y dotación de
vivienda para las familias de los obreros asesinados por las fuerzas represivas
en abril pasado, un incremento salarial del 8 %, el pago del 100 % de los
salarios caídos y el reconocimiento por parte de la empresa del dirigente
sindical Napoleón Gómez .
El panorama general del país en estos momentos no es el mismo de mayo cuando los campesinos de Atenco fueron reprimidos salvajemente por la Policía Federal Preventiva (PFFP) ni tampoco es el de abril cuando se intentó aplastar por la fuerza la huelga de Sicartsa, ni es el de junio cuando de manera brutal las fuerzas del orden oaxaqueñas intentaron disolver el plantón del magisterio instalado en el centro de la capital del estado. Hoy en día, cuando el país está convulsionado y padece la peor crisis política en décadas, un nuevo intento por aplastar sangrientamente la lucha de la APPO podría desencadenar una abierta revolución a lo largo del país.
Revolución o contrarrevolución.
El miedo a que la situación se salga
fuera de control, dada la fuerza del movimiento y ante el pavor por la
desesperación de Ulises Ruiz por salvar el pellejo a toda costa, obligó a Fox a
actuar y a ofrecer el día de ayer, por medio de la Secretaria de Gobernación,
instalar una mesa de dialogo en la que participen las partes en conflicto.
Con tal de desactivar el movimiento,
no debemos descartar que el gobierno ofrezca algunas concesiones, por ejemplo
el incremento de los salarios del magisterio oaxaqueño por medio de asignación
de recursos para la rezonificación. Sin embargo, en estos momentos, sin
renunciar a otras exigencias, la demanda mas sentida de la lucha en Oaxaca es
la caída del Ulises Ruiz. Esta última es la primera condición definida por la
APPO para poder avanzar sobre otras cuestiones. Pero esta demanda choca con la
postura definida ayer por el secretario de gobernación, Carlos Abascal, quien al
momento de llamar al dialogo expuso que éste se tendría que establecer sin
ninguna clase de condición previa, insinuando de esta forma que la destitución
del gobernador no está sujeto a negociación.
Esta última actitud de Abascal es
producto de los compromisos adquiridos entre el PAN y el PRI para actuar como
una fuerza unificada para intentar imponer al Felipe Calderón en la presidencia
de la república por medio del fraude electoral. Ya un primer pago del PAN ante
dicho pacto fue el sacrificio de su candidato a favor de el del PRI para las
pasadas elecciones del 20 de agosto por la gubernatura de Chiapas.
Además, por otro lado, la caída de
Ulises Ruiz se trasformaría en una serio y preocupante revés mas para el PRI,
el cual se desplomó en las pasadas elecciones presidenciales, profundizando y
acelerando la crisis que ya padece desde algunos años. Por ello los priístas no
se pueden permitir la caída del gobernador oaxaqueño y presionarían con todo
para evitarlo, usando para ello, además del cobro de facturas por su papel como
una herramienta mas del fraude electoral, el hecho de que sin su apoyo,
principalmente parlamentario, un potencial gobierno de Felipe Calderón estaría
condenado a una parálisis mayor a la que ha experimentado Vicente Fox.
Pero además, y que es el principal
factor de preocupación para Fox, el PAN y el PRI y el conjunto de la burguesía,
la caída de Ulises Ruiz se puede trasformar en una escuela a seguir por los
trabajadores de todo el país, los cuales incrementarían la confianza en sus propias
fuerzas, y un mensaje para los millones de trabajadores y campesinos pobres de
todo el país que están empujando hacia delante la lucha contra el fraude. La
caída de Ulises Ruiz, dada la enorme polarización social que se vive en el
país, se podría trasformar en un punto de inflexión que desaté los demonios de
la revolución.
De mantenerse esta contradicción, la
existente entre la demanda de la APPO por la caída del gobernador y los
intentos de parte del régimen para evitarlo a toda costa, y si fracasan las
maniobras de Fox, el conflicto puede extenderse y aguzarse aun mas llegando a
un punto en que la contrarrevolución (la represión sangrienta) sea puesta en
orden del día.
El movimiento no puede mantenerse en
una situación de impasse de forma indefinida: o la lucha de los trabajadores y
campesinos pobres de Oaxaca triunfa o, en cuanto las condiciones le sean
favorables al régimen, es derrotado.
De las barricadas en Oaxaca a la
lucha revolucionaria nacional.
Ante esa disyuntiva es necesario
tomar medidas que fortalezcan la insurrección revolucionaria de Oaxaca y le
asegure el triunfo. La crisis que se vive en Oaxaca, no es otra cosa más que la
expresión local de la crisis general del capitalismo mexicano. En esa medida,
la solución a la crisis que padecen los trabajadores y campesinos pobres de
Oaxaca no está al margen de la solución a la crisis que experimentan el resto
de sectores explotados y oprimidos del país. En esa medida, la APPO debe
establecer un plan de acción de alce nacional que una sus demandas a las de los
demás sectores en lucha y llame al PRD, a los sindicatos, al EZLN, y demás
organizaciones sociales, para organizar un Frente Único de trabajadores,
campesinos pobres e indígenas, que pugne por el cumplimiento de las demandas
del movimiento oaxaqueño, a la par que luche contra el fraude electoral, por
las demandas indígenas y contra la política antiobrera y anticampesina de Fox y
la burguesía.
Pero en las condiciones actuales la
lucha por los intereses de las clases desposeídas mexicanas no puede encontrar
una solución de fondo sino es por medio de la lucha abierta contra el
capitalismo, es decir una lucha que llame a expropiar a la clase dominante y a
derrocar al régimen burgués representado en estos momentos por Vicente Fox. En
otros términos, se necesita un plan de acción que una las demandas actuales de
todos los sectores en lucha, tanto en Oaxaca como en el conjunto del país, con
la lucha por el socialismo.
Comités Revolucionarios y huelga
general.
Los trabajadores y campesinos pobres
de Oaxaca han impulsado una lucha que ha unificado por medio de la APPO a los
distintos sectores oprimidos de su estado. También han demostrado una gran
tenacidad y con su lucha han hecho temblar la estructura de poder sobre la que
se erigen los terratenientes, los banqueros y los empresarios, tanto a nivel
estatal como nacional. Con el ejemplo, las clases oprimidas de Oaxaca se han
trasformado en una fuente de inspiración para el conjunto del movimiento obrero
del país. El paso hacia la conformación de las barricas ya habla por sí mismo
de ello.
Para potenciar el movimiento también
es necesario impulsar la integración del Frente Único y de Comités
Revolucionarios en toda Oaxaca y en todo el país, que se coordinen a nivel
estatal y nacional para que definan las diferentes acciones tendientes a
expropiar a la burguesía y para derrotar al enemigo por medio de una jornada de
lucha nacional acompañada de movilizaciones y una huelga general de 24 horas. Y
si es necesario, lanzar una huelga general indefinida hasta que caiga el
régimen burgués y sea instalado un gobierno obrero.
Una política de parte de la APPO que
impulse el Frente Único a nivel nacional y que llame a luchar por el
socialismo, podría transformar a Oaxaca en la llama que incendie la pradera de
la revolución mexicana.







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