México: La Batalla del SME
Luis Enrique Barrios
Publicado originalmente el 6 de Noviembre
2009 en Militante
El sabadazo ha marcado un nuevo punto de inflexión en la
lucha de clases en México. La incursión de Calderón con la policía federal
sobre las instalaciones de Luz y fuerza del Centro (LyFC) para liquidar a sus
más de 42 mil trabajadores sindicalizados, no puede ser interpretado más que
como un puñetazo sobre la mesa de parte de la burguesía exigiendo acción, dada
la postergación por ya varios años de las contrarreformas mas añoradas por
esta: la privatización plena y total del sector energético (la electricidad y
el petróleo), la pulverización de los derechos laborales aún existentes en la
Ley Federal de Trabajo (LFT), la privatización de las educación pública, así
como una reforma hacendaria -que les dé a los empresarios y banqueros más
privilegios de los que ya tienen a costa de recargárselo a las masas
desposeídas-, que tase con IVA a medicamentos y alimentos, entre otras.
La recuperación del movimiento obrero
Hace aproximadamente una década, ante la evidente bancarrota
del PRI frente al gobierno para llevar adelante esta clase de ataques, la
burguesía optó por darle su apoyo al PAN significando ello la instalación del
primer gobierno de este partido en el año 2000 con Vicente Fox al frente. Eran
muchas las expectativas de la burguesía para, ahora sí, empujar su programa de
ataques, pues confiaban en que la luna de miel con el nuevo gobierno les daría
un margen suficiente para actuar sin encontrar mucha oposición por parte de la
clase trabajadora. Además tenían de su lado, pensaban los empresarios, el
crecimiento económico heredado por el último año del gobierno de Zedillo, el
cual llegó al 7%. Pero el romance duró poco; un año después la economía
sufriría su primer caída desde la crisis de 1995 al desarrollarse en 2001 sólo
en un 0.1%, abriendo ello un periodo de estancamiento (2002, 0.7% y 2003, 1.3%)
que se extendió hasta el 2004, año en que el Producto Interno Bruto (PIB) por
fin creció en un 4.4%.
La tensión social producto de esta situación se tradujo en
un látigo que empujó más aún hacia el frente a un movimiento obrero que desde
los últimos años del gobierno de Zedillo ya había entrado en una nueva etapa de
gradual pero franca recuperación; muestra de ello el la derrota del hasta ahora
último gobierno del PRI, por privatizar a la industria eléctrica. Para entonces
el PRI ya era incapaz de llevar hacia el frente este tipo de ataques, pues su
crisis y sus diferentes manifestaciones no eran otra cosa más que la expresión
del grado de polarización social que ya existía en aquellos años y el freno que
ya significaba el movimiento obrero para los planes de la burguesía y su
operativización por medio del priísmo.
El relevo del PRI por el PAN no surtió el efecto esperado,
las contradicciones acumuladas años antes y que obligaron a la clase
trabajadora a levantar la cara, conectaron poco después con la tensión social
producto del estancamiento económico y, además, con el desengaño y decepción de
esos millones que le dieron, ante el vacío del PRD, el voto a Fox, confiando en
que "algo podría cambiar". Bajo todas estas condiciones, en pocos
meses se desvaneció el ambiente por el que había apostado la burguesía,
viéndose obligado Fox a enfrentar el descontento de los trabajadores en las
calles. Así, cada intento del primer gobierno panista por avanzar en las serias
tareas encomendadas por la burguesía, sería descarrilado por los trabajadores
en las calles. Salvo la contrarreforma al régimen de jubilaciones y pensiones
de los trabajadores del IMSS, lucha en la cual la dirigencia de ese sindicato
le facilitó las cosas al gobierno al frenar sistemáticamente todo intento de
sus agremiados para ir a acciones más decididas. Fox fue obligado a retroceder
cada vez que intentó impulsar los ataques. Los seis años del gobierno de Fox
dejaron mucho que desear para la burguesía y sus planes.
Ya en el caso del gobierno de Calderón, a tres años de
instalado, las cosas marchan de una manera similar. Es verdad, factor que no
son una cuestión menor, que el espurio logró en el 2007 asestar un golpe
imponiendo un nuevo régimen de jubilaciones y pensiones contra los empleados
públicos, modificando la Ley del ISSSTE; también, aunque lejos de sus objetivos
originales, logró en 2008 que pasara la contrarreforma petrolera. Todo ello no
sin antes tener que haber enfrentando importantes y masivas movilizaciones
callejeras. Sin embargo, de cara a los intereses de la burguesía, lo logrado
por Calderón sigue resultando sumamente pírrico e insuficiente, razón por la
cual de acuerdo a esta es necesario ir más lejos.
Burguesía y crisis económica
Sin embargo eso que ya de por sí era urgente en el pasado,
es decir las contrarreformas, ahora bajo la actual crisis económica, la más
seria en décadas, resulta doblemente apremiante. A pesar de los discursos,
"ya hay algunos brotes verdes" diría en julio pasado Agustín
Carstens, secretario de Hacienda, la realidad se sigue pintando más que
complicada para los empresarios. Con algunas diferencias, desde el Banco de
México (BdM), la Secretaria de Hacienda (SHCP) hasta el FMI y el BM, todas las
agencias de la burguesía coinciden en que los resultados económicos de este
2009 serán, en el mejor de los casos, similares de los de 1995 cuando se
presentó uno de los colapsos económicos más demoledores de la historia del
capitalismo mexicano. Incluso es fuerte el peligro de que el PIB caiga al
terminar el año por debajo del resultado logrado en la crisis de mediados de la
década pasada. Los cálculos recientes del FMI ya diagnostican para el cierre
del 2009 una contracción de 7.3%.
Y no es para menos la preocupación, pues en medio de ese
panorama es como gigantes de la economía mexicana están sufriendo los estragos:
CEMEX, uno de los principales monopolios mundiales del cemento con empresas en
50 naciones, sufrió pérdidas anualizadas del 39.5% durante el tercer trimestre
del año; por su parte BBVA Bancomer vio caer sus utilidades a lo largo de los
meses que van de enero a septiembre en un 34.4%. Estos dos ejemplos por sí
mismo ya ilustran la dramática situación que están padeciendo los negocios de
la burguesía.
Por encima de la coyuntura económica, la cual no es para
nada desdeñable, un ejemplo que explica e ilustra claramente el porqué de las
tareas que se traza la burguesía es el de la industria manufacturera, misma que
entre 1998 y el 2008 perdió 6 puntos en su participación del PIB.
La burguesía sabe que de seguir las cosas como van, tendrán
que pagar un costo aún mayor, es por eso que ha dado un golpe de puño sobre la
mesa ordenándole a Calderón pasar a la ofensiva; la situación apremia y no está
dispuesta a seguir esperando. Como nunca, los empresarios y banqueros se
jugaron el pellejo en 2006 por medio del fraude electoral e impusieron a
Calderón en la presidencia no sólo para ver que se les escapa de entre las
manos, al igual que con Fox, otros seis años más. Los intereses de la burguesía
le demandan acción y, como parte de su estrategia política, han decidido dar el
primer paso con la liquidación de Luz y fuerza del Centro (LyFC): el sabadazo
del pasado 10 de octubre; medida con la cual no sólo pretenden responder a la
problemática económica de las finanzas del Estado (se espera que al concluir el
año el boquete financiero del gobierno sea de 480 mil millones de pesos) y de
paso despejar el camino para un proceso más franco de privatización de la
electricidad, sino además y fundamentalmente, derrotar a uno de los sindicatos más
aguerridos y combativos, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), con la
intención de imponer un fuerte golpe al movimiento obrero, intentar
desmoralizarlo y minar su capacidad de resistencia frente a los ataques, al
mismo tiempo tratando de capitalizar el desgaste al que han sometido los
dirigentes a las masas, las cuales, con flujos y reflujos, se han estado
movilizando más intensamente desde hace tres años.
Calderón y la burguesía están interesados en privatizar la
industria eléctrica, están interesados en aniquilar al SME y su contrato
colectivo, pero están aún más interesados en utilizar todo eso para enfriar los
ánimos de lucha de la clase trabajadora en su conjunto y allanar de esta forma
el camino en pos de nuevos y mayores objetivos, tales como la privatización sin
cortapisas de la totalidad del sector energético, incluido PEMEX, y la
aniquilación de las conquistas restantes en la Ley Federal del Trabajo.
A diferencia de la crisis mexicana de 1995, cuando esta
coincidió con un periodo de auge económico de los Estados Unidos y por
consecuencia, apoyadas en la profunda devaluación del peso mexicano, las
exportaciones jugaron un papel muy dinámico para que, a pesar de haber sido muy
profunda, se saliera de la crisis en un plazo relativamente corto (del -7.4
logrado por el PIB en 1995, se pasó al 5.1% logrado un año después). La actual
crisis no tiene ese factor, el auge en EUA, de su lado. De hecho en buena
medida la magnitud actual que ha adquirido la crisis en México ha estado
influida por la severa caída de sus exportaciones hacia el territorio yanqui.
La economía mexicana depende enormemente del mercado
externo, esta variable ha pasado de tener una contribución del 18% al PIB en
1990, a ahora participar con el 30%. Esta realidad se enfrenta al hecho de que
la tendencia al crecimiento del mercado mundial, que durante los últimos años
tuvo su punto estelar en 2006, cuando experimentó un desarrollo del 6%, que no
solo se ha frenado sino que además ya camina en sentido contrario. Los cálculos
varían, y varían mucho, pero todos apuntan en la misma dirección: la
contracción. Mientras que la Organización Mundial de Comercio (OMC) estima que
el mercado mundial se contraerá al terminar este año en un 10%, la Comisión
Económica para América Latina (CEPAL) es menos optimista al suscribir que esta
contracción llegará al 20%. Sea el resultado que finalmente se logre al
culminar 2009, serán muy malas noticias para el conjunto de la economía mundial,
pero en especial para aquellos países como China y México, cuyo
desenvolvimiento económico depende fuertemente del desarrollo del mercado
mundial.
Por si fuera poco, a esta amarga realidad ya se le unen
signos preocupantes en cuanto a tendencias proteccionistas que inevitablemente
obstaculizan la recuperación del mercado mundial, pero que de profundizarse
podrían hacer saltar en mil pedazos cualquier expectativa de recuperación. Tan
sólo en septiembre pasado entre las cinco economías más poderosas del plantea,
ya sumaban 424 medidas proteccionistas: 99 por los Estados Unidos, 86 de parte
de China, 84 de Alemania, 78 de Francia y otras 78 del Japón. Si comparamos esa
suma total con la apenas 47 medidas proteccionistas que para entonces ya habían
sido adoptadas por 17 países integrantes del G20, salta a la vista que el
panorama para una pronta recuperación mercado mundial está lejos de ser
halagador. En todo ello, a México ya le ha tocado su parte con la revocación en
marzo pasado por parte de Obama, del acuerdo bilateral que permite que camiones
de carga mexicanos trasporten mercancías en territorio yanqui, más allá de la
zona de la frontera entre ambos países; por su parte México ha respondido esta
medida elevando entre 10 y 45% los aranceles de 90 productos importados desde
los Estados Unidos.
En el tercer trimestre del año la economía de los Estados
Unidos creció un 3.5%; con este resultado, desde los parámetros de medición
burgueses, técnicamente el imperialismo yanqui ha salidos de la recesión. Desde
luego que este resultado a ojos de un burgués mexicano, especialmente si está
ligado al sector exportador, resulta una magnífica noticia; no obstante, si no
miramos este avance de manera abstracta e aislada, podremos ver que, de cara a
los efectos de ese 3.5% del PIB gringo sobre la economía mexicana, la reservas
se justifican. El imperialismo yanqui ha logrado tales resultados debido a una
reducción más que severa de su déficit comercial en los que va de este 2009. A
diferencias de déficits comerciales mensuales de cantidades estratosféricas
como las de diciembre del 2007 cuando esta llegó a los 58 mil 800 millones de dólares, desde finales
del año pasado se ha desarrollado una clara la tendencia a la baja (diciembre
2008: 39 mil 900 millones) a tal grado de que en los últimos meses esta
cantidad ha oscilado entre los 30 y 25 mil millones dependiendo de cada mes.
Por ejemplo mientras que entre enero y mayo del 2008 este déficit acumuló los
305 mil 323 millones de dólares, para ese mismo periodo de este año dicha
cantidad bajó hasta los 145 mil 944 millones.
Pero el costo de este éxito lo han tenido que pagar con un
costo muy alto la Unión Europea cuyas exportaciones a los Estados Unidos en lo
que fue de enero a septiembre pasados alcanzaron un valor de 37 mil 259
millones de dólares, contrastando seriamente dicha cifra con la lograda en los
mismos meses del 2008: 65 mil 516 millones. China también ha tenido que pagar
su cuota al ver que sus exportaciones a territorio yanqui han caído en un 16.4%
en comparación al año pasado; y el caso de México, cuyo destino de sus
exportaciones en un 90% es los Estados Unidos, no es para menos: de acuerdo al
Consejo Mexicano de Comercia (COMCE) el valor de las exportaciones mexicanas
entre enero y septiembre es de 162 mil 469 millones de dólares, cantidad 28%
inferior a la alcanzada en ese mismo periodo de meses durante el 2008.
Considerando esa realidad, es necesario señalar que el 3.5%
del PIB yanqui alcanzado en el tercer trimestre del año se logró sobre la
espalda de sus principales exportadores, incluido México. Lo grave del asunto
es que las cosas no se quedan ahí, ya que a pesar de los resultados aun no es
suficiente para la economía de la principal potencia imperialista pues a pesar
de todo, sus exportaciones, es decir el traslado de sus excedentes de
producción a otras naciones, aun son 18% inferiores a las logradas del año
anterior. Esta situación necesariamente le plantea al imperialismo yanqui
continuar por el mismo camino en su estrategia hacia el mercado mundial si es
que quiere asegurar una recuperación más sólida.
El balance del FMI por sí mismo ya es muy ilustrativo del
costo que tendrá que pagar el capitalismo mexicano a consecuencia de la crisis:
en 2008, que ya fue malo, el valor del PIB llegó al billón 88 mil millones de
dólares; y de acuerdo a esta agencia internacional se espera que al concluir
este año ese valor se haya reducido hasta los 866 mil millones: 222 mil
millones de dólares menos que un año antes.
Contrarreformas: tambores de guerra
Dado lo anterior la burguesía mexicana, al margen de la
propaganda de que la crisis ha tocado fondo, ve aún nubarrones negros en el
horizonte y sabe que el mercado externo, a diferencia de 1995, no es la opción más
inmediata para depositar en él sus esperanzas de una pronta y firme
recuperación; de ahí la necesidad de enfilar todas las baterías en dirección a
dónde creen, podrían encontrar una respuesta más favorable: la privatización
del sector energético, en particular PEMEX, y la aniquilación de los derechos
laborales.
Calderón y la burguesía ya se han manifestado al respecto.
Por su parte el espurio, en su discurso del acto de inauguración de la planta
de Mexichem Flour en la ciudad de Tamaulipas el pasado 18 de septiembre,
destacó que entre sus planes están los de impulsar la inversión privada en
petroquímica para, de acuerdo a él, "no distraer recursos públicos".
Ya antes por su parte los empresarios, el 28 de julio a través de la
Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), reclamarían la necesidad de
"abaratar la mano de obra (...) a fin de hacerla más atractiva para la
inversión", razón por la cual proponen la eliminación de pagos de
prestaciones como el Infonavit (fondo de ahorro para la vivienda de los
trabajadores) junto con el Sistema de Ahorro para el Retiro (SAT) y el IMSS. Es
decir, en pocas palabras, los empresarios están pidiendo precarizar el 100% de
los empleos eliminado prácticamente todas las llamadas prestaciones de ley y
limitando sus obligaciones con los trabajadores al pago de salarios.
Y en el terreno de la lucha sindical las cosas son
similares: el 1 de septiembre esa misma organización patronal propuso
públicamente sus ideas para tener un mayor control sobre el derecho a huelga.
De acuerdo a la Concamin, una huelga deberá ser declarada inexistente en cuanto
se cumplan 63 días sin acuerdo desde que estalló; también propone que se
simplifique el proceso de suspensión de contrato (en otras palabras reclaman el
libre despido) y eliminar el derecho a emplazar a huelga para revisar el
contrato de trabajo y desaparecer la huelga por solidaridad como un recurso
legal, entre otras medidas.
En síntesis, dada la magnitud de la actual crisis económica,
los empresarios necesitan con mayor urgencia que antes nuevos negocios por
medio de un proceso sin cortapisas de privatización del sector energético, a la
par que requieren que los derechos laborales experimenten un retroceso de un
siglo. Pero para caminar en esa dirección Calderón y los empresarios necesitan
confrontar directamente al movimiento obrero y tratar de aplastarlo; no tienen
otro camino. Son ellos o los trabajadores. Es por eso que, repetimos, dentro de
su táctica política está la de intentar derrotar a uno de los sindicatos más
combativos de todo México, el SME, para, de lograrlo, tratar de tener un efecto
dominó desmoralizante sobre el conjunto de la clase trabajadora y hacerla de
esta forma una presa más fácil de los ataques del régimen. Es por eso que el
sabadazo del 10 de octubre significó una declaración de guerra contra el
proletariado mexicano.
Medio millón de trabajadores responden
No obstante las intenciones de Calderón, las cosas están más
que lejos de ser sencillas y de eso ya se han encargado de dejarlo en claro las
masas obreras que han salido a las calles. La reacción de un día después de los
sindicalistas del SME al lado de otros miles de trabajadores contra la toma de
LyFC, ya era un anticipo de lo que viviríamos el día jueves 15 de octubre
cuando, junto con los electricistas, aproximadamente medio millón de personas
demostraron su coraje y enjundia para repudiar el artero ataque de Calderón.
Así como el sabadazo significó el grito de guerra de la burguesía, la
movilización del día 15 marcó el inicio de las hostilidades del proletariado
para tratar de revertir la liquidación de la empresa paraestatal. Es decir, la
movilización de medio millón de personas representó lo que podría ser en
décadas el arranque de la batalla sindical más importante de la clase obrera
mexicana; la batalla del SME.
Como ya anticipamos, los últimos años de la década pasada
marcaron el inicio de un gradual pero firme cambio de periodo en la lucha de
clases, caracterizado por una también gradual pero firme recuperación del
movimiento obrero. Este cambio en la situación, que también se manifestó por
ejemplo en las elecciones intermedias de 1997 por medio del significativo
ascenso del PRD y el severo descalabro contra el PRI, en esos años había dejado
en claro que la burguesía ya no podía seguir gobernando como lo venía haciendo
en el pasado, que era necesario implementar algún cambio, y por eso optó por el
relevo en el mando del gobierno: la salida del PRI para darle paso al PAN tras
las elecciones del año 2000. Como ya explicamos más arriba, esta medida no
logró el efecto esperado y por el contrario, dada la acumulación de
contradicciones y una cada vez mayor polarización social, esa recuperación del
movimiento obrero no sólo derivó en algunos importantes triunfos sobre el
régimen (la cancelación del proyecto del aeropuerto en San Salvador Atenco, la
derrota del desafuero contra López Obrador, el triunfo de la huelga de Sicartsa
a pesar de los muertos que dejó la intervención de la policía militarizada,
etcétera), sino que además incluso llevó a la lucha de clases a situaciones
límite por medio de acontecimientos abiertamente revolucionarios como los del
2006 en Oaxaca y la lucha contra el fraude electoral.
Siendo esto así, durante un periodo de ya varios años la
burguesía ha tenido que enfrentar una situación en la lucha de clases
totalmente diferente a la existente durante los gobiernos de Miguel de la
Madrid, Salinas y parte de la administración de Zedillo, en los cuales se
pudieron impulsar importantes ataques sin tantos problemas de frente. Sin
embargo ahora, en los últimos años, la burguesía ha tenido que enfrentar un ya
largo periodo distinto en la lucha de clases que si bien no la ha paralizado
totalmente en la aplicación de su programa, sí ha funcionado como un freno
objetivo para que pueda avanzar en pos de sus planeas más ambiciosos. Romper
este freno, máxime en las condiciones de la actual crisis económica, se
presenta ya como la principal prioridad de la clase dominante. En esencia, el
ataque contra el SME es fundamentalmente el inicio de una serie de medidas por
medio de las cuales la burguesía pretenderá cerrar y clausurar definitivamente
el periodo de la lucha de clases que ha tenido que enfrentar, y que incluso ya
la ha puestos en peligro como clase dominante, a lo largo de casi una década.
Esto que sabe la burguesía, también lo sabe el proletariado
el cual ha reaccionado magníficamente ante el ataque. El instinto de clase y la
experiencia le indican a la clase trabajadora que es necesario salir en defensa
del SME. El domingo 11 de octubre no sólo hubo movilizaciones en la Ciudad de
México, sino también se desarrollaron actos de repudio contra Calderón incluso
en estados y ciudades donde no da servicio LyFC y donde, por consecuencia, no
hay trabadores de esta empresa; estos son los casos de, por ejemplo, Chiapas y
Monterrey.
Esta clase de respuesta fue más evidente en la movilización
del 15 de octubre en la que no sólo es importante destacar la participación de
medio millón de trabajadores, sino también es necesario hacer un énfasis en la
asistencia de un componente juvenil movilizándose no visto en años. Jóvenes
trabajadores y estudiantes que por primera vez después de mucho tiempo se
integraron a la movilización no como un componente marginal. Los que asistimos
a la movilización pudimos atestiguar que efectivamente, tal como lo relata
Jaime Avilés en su crónica de La Jornada, la marcha del pasado día 15 de octubre fue una marcha de jóvenes. Incluso
otro detalle que es necesario destacar, entre esos jóvenes también se movilizó
un contingente de varias decenas de estudiantes de la universidad del Valle de
México, la cual es privada, portando pancartas en defensa del SME.
Esta notoria participación de jóvenes no puede ser
interpretada sino como un resultado de la crisis, es decir, de un contexto que
se les presenta de la manera más desgarradora como carente de un futuro con
alternativas. La realidad se está encargando de ratificar esta aseveración: la
irrupción de la juventud proletaria, ya sea por medio de las fábricas o por
medio de sus escuelas, vinculada al movimiento obrero, podría ser el detonador de
un nuevo impulso para el movimiento en su conjunto. Como bien lo explica Lenin
basado en su propia experiencia, la juventud es la llamada de la revolución
proletaria.
Otro síntoma de que indica que "algo está
cambiando", es la participación de algunos jóvenes de las capas medias y
de la pequeña burguesía en la movilización del 15 de octubre; nos referimos al
contingente de los estudiantes de la universidad del Valle de México. La crisis
económica no ha hecho otra cosa más que ratificar y consolidar el proceso que
desde hace algunos años está empujando a la ruina a amplios sectores de la
pequeña burguesía. Se trata de miles de familias que están viendo traicionadas
sus esperanzas en el gobierno y que ahora muchas de ellas están arrepentidas de
haber votado por Calderón. Y ese pequeño grupo de jóvenes de la universidad del
Valle de México ya expresan la incertidumbre que reina en
esa capa de la población y la manera en que la misma gradualmente le está
retirando su apoyo a Calderón. La base social del panismo, desde un punto de
vista económico se está erosionando vertiginosamente, factor que cada vez más
tendrá mayores consecuencias políticas. Esta última realidad está lejos de ser
un detalle secundario pues, de cara a la estrategia del régimen y de la clase dominante
para enfrentar frontalmente a la clase trabajadora, podría provocarle
desagradables sorpresas.
Al régimen le tiemblan las rodillas
Sin embargo lo que se expresa por debajo, también tiene una
expresión en la parte superior de la sociedad, en este caso en el aparato del
Estado. Si bien hace unos días, basados en la mayoría PRI-PAN, en la Cámara de
Diputados aprobaron el presupuesto de ingresos del Estado para el 2010, el
Paquetazo, que tiene como principal objetivo elevar los impuestos, su ratificación
el 30 de octubre en la Cámara de Senadores también transitó, al igual que entre
los diputados, en medio de desacuerdos y divisiones entre los dos partidos de
la burguesía. La senadora priísta María de los Ángeles Moreno declararía que
"...el paquete no nos gusta en su conjunto; es regresivo, inequitativo y
no alienta el empleo". Por su parte varios senadores panistas que
manifestaron su rechazo a algunas medidas propuestas en el Paquetazo,
amenazaron con no votar a favor del
mismo sino lo hacían también los panistas. Al final se terminó por imponer la
disciplina partidaria y, entre otras iniciativas, se aprobaron alzas de
impuestos como el IVA del 15 al 16% y el ISR del 28 al 30%.
No obstante ello, se eliminó de la iniciativa la propuesta
de tasar con el 2% de impuestos a medicamentos y alimentos. Esta última medida
junto a las contradicciones entre los partidos de la burguesía para aprobar el
Paquetazo ya por sí mismo hablan del enorme nervosismo que domina la escena
entre la clase dominante (fiel censor del grado de tensiones sociales que
existe), pero también expresan en cierta medida las divisiones pues a pesar de
que la reforma fiscal contempla nuevos privilegios que aseguran un mas ahorros
para los empresarios, esta vez de cuando menos 11 mil millones de pesos, las
críticas por parte de este sector contra Calderón han sido muchas. Para salir
al paso, el presidente se vio obligado a regresar las criticas calificando de
"inaceptable" que las grandes empresas exijan al gobierno el cobro de
impuestos a medicamentos y a alimentos cuando estas sólo pagan 1.7% en
gravámenes. Por otra parte, como un síntoma más del nerviosismo y las
divisiones, tras la aprobación del Paquetazo el reaccionario alto clero por
medio de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) declararía que con dicha
medida los legisladores "le han dado la espalda al pueblo".
La burguesía ha dado un paso al frente contra los
trabajadores al atacar al SME; sabe que no tiene otro remedio, pero también
sabe que no son pobres las posibilidades de que las cosas salgan de manera
distinta a lo que ella espera. Es por ello que ha puesto toda la carne al
asador tratando de desinflar al movimiento del SME ofreciendo supuestas
ventajosas liquidaciones al 200%, además de ofrecer subsidios para que los
electricista abran pequeñas empresas que le brinden servicios a la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) ahora responsables del servicio otorgado por
LyFC. De acuerdo a la Secretaria del Trabajo, al 30 de octubre ya eran 18 mil
500 electricistas, poco menos del 50% del total, los que habían aceptado la
liquidación, sin embargo esta cantidad es desautorizada por el SME el cual las señala como falsa y la
contrasta con las aproximadamente 39 mil firmar de trabajadores que
interpusieron amparo tanto individual como colectivo. En definitiva no dudamos
que los datos del gobierno sean en buena medida propaganda política, sin
embargo por otro lado tenemos que señalar que la única forma de frenar un
fenómeno similar al esperado por el Estado en relación a las liquidaciones es
una verdadera alternativa decidida y firme por parte de la dirección encabezada
por Martín Esparza que les brinde confianza a los electricistas e impida que
sean presas de las presiones. Si desde el primer día del ataque a LyFC Esparza
no hubiera titubeado y, por el contrario, hubiera llamado a acciones firmes,
inmediatamente habría fracasado la táctica de Calderón de tratar de desinflar
al movimiento por medio de la propuesta de liquidaciones.
Otra maniobra del Estado ha sido la de tratar de dividir el
movimiento utilizando a Alejandro Muñoz, contendiente de Esparza por la
dirección sindical, quien el pasado 27 de octubre acudió por cuenta propia a la
Secretaría de Gobernación, para solicitarle al gobierno que "cumpla su
promesa" de recontratar al mayor número posible de electricistas. Demanda
que en la práctica significa aceptar y reconocer la reaccionaria medida tomada
por Calderón contra CyLF.
No obstante todo ello, el temor es mucho por parte de
Calderón. Producto del ambiente generado tras el sabadazo, la huelga general se
ha trasformado en un factor implícito en la situación. Desde el domingo posterior al sabadazo hasta
la masiva movilización del 15 de octubre, en todas las asambleas (la Gran
Asamblea Nacional por la Resistencia Popular del 24 de octubre y la Asamblea
Nacional Representativa del Movimiento Estudiantil desarrollada el pasado día
30, por ejemplo) y en todos los actos de repudio al ataque contra el SME, la
demanda más coreada con energía y determinación ha sido la de llamar a la
huelga o paro nacional. Tan solo la posibilidad de este tipo de huelga ha
provocado el suficiente temor en el seno del régimen que el pasado viernes 30
un juzgado federal, respondiendo al amparo interpuesto por el SME, otorgó la
suspensión provisional de la terminación de las relaciones laborales. Por su
parte, un día después, la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA) tuvo que reconocer la
personalidad jurídica del SME para representar a sus agremiados.
El próximo viernes 6 el juzgado federal tendrá que tomar una
determinación definitiva respecto a la valides o no de la medida adoptada por
el gobierno contra LyFC y su sindicato, es difícil anticipar este resultado
pues es evidente que las rodillas le están temblando a Calderón, pero por otro
lado también está claro que el movimiento por su parte aún no ha enseñado verdaderamente el músculo. Este
jueves 5 en asamblea, si no hay algún cambio, el movimiento tendrá que tomar
una decisión respecto al llamado a paro cívico nacional, por emplear la
terminología de Martín Esparza, propuesto por el SME con fecha del 11 de
noviembre. Si se mantiene firme el llamado es muy probable que el nerviosismo y
el temor entre las filas del régimen aumenten, pero la burguesía se está
jugando demasiado en esta lucha y no estará dispuesta a dar marcha atrás sin
que antes se le haga sentir que está en peligro de perderlo todo. Solo bajo
esta última condición la burguesía retrocederá.
Calderón puede ser derrotado
Es por ello que de ratificarse el acuerdo del 11 de
noviembre para el paro nacional, este llamado tiene que ir acompañado de una
intensa labor de brigadas haciendo campaña y labores de agitación a favor de la
huelga en todos, absolutamente todos los centros de trabajo y estudio. En cada
ciudad y en cada comunidad a lo largo y a lo ancho del país, se tiene que
formar cientos, incluso miles, de comités que organicen asambleas y acciones
para apoyar el paro. Solamente por medio de la acción organizada de los
trabajadores de la ciudad y el campo se podrá romper la coraza de los charros
que limita la participación en esta clase de luchas de los trabajadores
afiliados a sindicatos de la CTM y demás centrales sindicales priístas. Incluso
esto mismo aplica para el masivo sindicato del IMSS agrupado en la UNT pero
cuyo dirigente nacional, Valdemar Gutiérrez Fragoso, es también diputado
federal por el PAN.
Por su parte la UNT tiene que jugar un papel mucho más
activo en todo esto del que ha desempeñado hasta el momento. El ahora diputado
federal por el PRD Hernández Juárez, líder telefonista y principal cabeza de la
UNT, sólo ha hecho algunas moderadas declaraciones a favor del SME e incluso
señaló que la central que encabeza no descarta la huelga colectiva, pero dicha
declaración fue el 12 de octubre; de entonces a la fecha se a este respecto ya
no ha señalado nada. La unidad de los sindicatos, pero también del PRD, el PT y
el resto de organizaciones de los desposeídos, será vital en esta batalla. La
dirección del SME tiene que poner especial énfasis en ello, pero también lo
tienen que poner tanto la dirección colegiada de la UNT como la del PRD,
iniciando con AMLO.
En este último sentido, en el de la unidad, el movimiento ha
iniciado bien, de ello hablan los contingentes de diferentes sindicatos y del
PRD, el PT, del movimiento urbano popular, de estudiantes, etcétera, que el 15
de octubre marcharon al lado de los agremiados al SME. Pero la unidad hay que
fortalecerla pues para derrotar al régimen se necesitará además de movilizar en
las calles masivamente a los trabajadores, paralizar la producción, paralizar
los servicios, cerrar carreteras y puentes fronterizos, además de parar el
transporte, incluidos los aeropuertos. Un frente único contra Calderón que
además saque del asilamiento a otras luchas, las huelgas de los mineros o del
Colegio de Bachilleres por ejemplo, es lo que se necesita para actuar a la altura
de las circunstancias y para ello también hace falta un programa de lucha que
unifique a todos los pobres y explotados del país en torno a la defensa del SME
y LyFC, llamando al mismo tiempo a movilizarnos contra los despidos y por un
salario digno, no a las privatizaciones, en defensa de la educación pública así
como del IMSS y el ISSSTE, contra la ACE, por subsidios y créditos blandos para
el campo, por la democracia sindical y la defensa de todos los derechos
sindicales y laborales, etcétera; y también, cómo no, por el derrocamiento de
Calderón.
Necesitamos eliminar de raíz todos los males que nos aquejan
como clase, no tenemos otro camino. Son ellos o nosotros. La burguesía pretende
acabar con toda capacidad de respuesta del proletariado ante su política para
poder, ahora sí por fin, lanzar una ofensiva mucho más feroz que cualquier
otra. No solamente nos debemos oponer, sino además lo podemos impedir. Por
supuesto una nueva derrota contra el régimen no está descarta. La enjundia
demostrada por la clase trabajadora en estos últimos años al lado de una
dirección decidida a ir hasta las últimas consecuencias, podrían transformar la
situación totalmente y hacer de esta, la batalla del SME, un más que serio
revés contra el régimen y de la burguesía.
La bancarrota del capitalismo y la magnitud de su actual
crisis desenmascaran de una forma tan clara como el agua el carácter
irreconciliable de los intereses de clase entre la burguesía y los
trabajadores; la disyuntiva es la de nuestro derecho a una vida digna de
llamarse tal por un lado o los beneficios de empresarios y banqueros por el
otro: socialismo o barbarie, en otras palabras. Unámonos contra Calderón y los
burgueses, arrebatándoles el monopolio sobre los bancos, la industria, la
tierra, el transporte y pongámoslos bajo el control democrático de los
trabajadores.







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